Economía

Iberoamérica busca, de nuevo, su lugar en el mundo

La pandemia se ha cebado especialmente con la economía de los países americanos de esta región, pero, a la vez, abrió una nueva dimensión de mayor cooperación entre los integrantes fraguada en la cumbre de Andorra

Iberoamérica Pulsar sobre el gráfico para ampliar

Iberoamérica y sus 22 países se encuentran, de nuevo, en una encrucijada. La Comunidad Iberoamericana de Naciones, con la Secretaría General Iberoamericana (Segib) como principal institución y las cumbres de jefes de Estado a modo de actividad más conocida entre la población, tiene, como siempre se ha dicho al respecto, un innegable potencial. De forma conjunta, Iberoamérica es el hogar de 648 millones de personas y, si se suma el PIB de todos los países de esta alianza, el resultado (7,4 billones de dólares) solo se ve superado por China (14,72 billones) y Estados Unidos (20,93 billones). Pese a este enorme potencial, los retos para materializarlo también son colosales.

En el informe Iberoamérica 2021, elaborado por el think tank Fundación Alternativas, se da cuenta de la situación. El Covid-19 ha dejado profundas cicatrices y ha agravado problemas que ya estaban presentes, pero a la vez ha abierto una nueva dimensión en una comunidad iberoamericana que en la cumbre celebrada en Andorra en abril de este año empezó a hablar seriamente de afrontar los problemas de forma común.

De entre las diferentes regiones del mundo analizadas, América Latina fue la más golpeada por la pandemia y, entre los países que componen el club iberoamericano y que forman parte de esa área geográfica, el impacto fue enormemente desi­gual (ver gráfico de la página derecha). “Ello es el reflejo de la persistencia de trabas al desarrollo económico y social, como consecuencia de un modelo económico mayoritariamente centrado en la especialización de la exportación de bienes primarios o en servicios de escaso valor añadido, resultado, a su vez, de una estructura productiva relativamente poco eficiente y con dificultades de adaptación a las exigencias de la creciente competencia internacional”, sostiene el documento.

Motor de Iberoamérica

Los datos procedentes del International Trade Centre dan la razón al diagnóstico del informe. En el gráfico que acompaña a esta información, se recopilan cuáles son las principales exportaciones de los países americanos de Iberoamérica y, efectivamente, respaldan la tesis de la alta dependencia de materias primas con notables excepciones como es el caso mexicano.

Más allá de en la venta de materias primas, el crecimiento económico en América Latina se ha sustentado fundamentalmente en mantener unos bajos salarios. “Hay que recordar que el mantenimiento de la competitividad basada en bajos salarios contribuye a la consolidación de la desigualdad a la vez que es una barrera a la sustitución de trabajo por capital, imprescindible para incrementar la productividad. Y este es precisamente otro de los problemas latinoamericanos, donde el 76% del crecimiento del PIB en el periodo 2000-2019 se explicó por el empleo y tan solo el 24% por la productividad, lejos de lo acontecido en economías emergentes como China, donde el 96% del crecimiento descansó en la mejora de la productividad”, detalla el informe.

La espada y la pared

La dificultad para aumentar la productividad no es ni mucho menos la única barrera. A los problemas de seguridad que atenazan a la población se le suma la inestabilidad política que retrae inversiones internacionales, la excesiva dependencia de estas últimas deja su par­ticular factura en los países de la zona.

El expresidente de la República Dominicana Leonel Fernández participó en el debate que acompañó a la presentación del informe de la Fundación Alternativas. Durante su intervención, Fernández explicó que, a diferencia de en anteriores crisis, la de la pandemia ha encontrado un consenso global en la necesidad de aumentar el gasto público para paliar sus devastadores efectos económicos. El problema de la región latinoamericana en este aspecto radica en la ausencia de mecanismos comunes capaces de brindar una respuesta tan contundente como la que han llevado a cabo el Banco Central Europeo y la Reserva Federal.

Además, los problemas de endeudamiento, que ya acosaban a la región mucho antes de la llegada del virus, no han hecho sino agravarse. Fernández habló de que, aunque los Gobiernos latinoamericanos necesitan más financiación, impulsar reformas fiscales que permitan subir la recaudación es toda una quimera.

Las economías de la región, basadas en zonas francas industriales, en turismo o dependientes de importaciones para poder satisfacer la demanda de maquinaria, simplemente no pueden permitirse el lujo de subir los impuestos de las empresas extranjeras que invierten en el club, porque entonces se irían a otras áreas con menores tasas.

No obstante, Fernández quiso aportar una nota de esperanza basándose en esa respuesta iberoamericana de la cumbre de Andorra: “Hay un criterio que tiene mucho valor en estos momentos. Y es el hecho de que no hay una solución de carácter nacional a un problema de carácter global”.

La encrucijada de Iberoamérica está en decidir el camino a seguir. Si permanecer como hasta ahora, o fomentar una mayor cooperación entre sus países para tener más voz en un mundo multilateral dominado por grandes bloques como son Estados Unidos, la Unión Europea o China. La siguiente cumbre de jefes de Estado determinará qué rumbo se adopta finalmente. 

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