La salida de Weidmann revela una división que el euro debe superar

Fráncfort tiene por delante el reto de emprender no solo la retirada del paquete de estímulos, sino también la vuelta a sus competencias naturales de institución monetaria

El anuncio de la intempestiva dimisión de Jens Weidmann, presidente del Bundesbank y miembro más veterano del Consejo de Gobierno del BCE, por “motivos personales” se hará sentir de forma notable tanto en uno como en otro organismo. Weidmann, que accedió a la presidencia del banco central alemán con Angela Merkel en la cancillería, es un hombre de fuerte personalidad e ideas claras, que se ha distinguido por su ortodoxia financiera, su férrea defensa de la austeridad presupuestaria y su oposición a que las políticas monetarias expansivas vayan más allá de lo estrictamente imprescindible. Fue este enfoque el que le llevó a oponerse al “haremos todo lo necesario” con el que Mario Draghi tomó las riendas de la última crisis financiera. Una oposición que llegó a su punto álgido con la denuncia presentada ante el Tribunal Constitucional germano contra el programa de compras de deuda (OMT) de Draghi, proceso que contó con el testimonio del propio Weidmann y que finalizó con un veredicto de incontitucionalidad.

Son estos antecedentes, junto al cambio de perfil del futuro Gobierno alemán, liderado por los socialdemócratas con el probable apoyo de liberales y verdes, y la compleja etapa pospandemia que afrontará de ahora en adelante el BCE los que permiten entender la oportunidad de esta dimisión, más allá de las razones particulares que hayan podido concurrir. El comunicado en el que Weidmann anuncia su retirada hace alusión a uno de los temas en los que el alemán difiere con firmeza de la estrategia actual del BCE : el hecho de que el organismo continúe focalizado en vigilar la deflación de forma unilateral y no preste la misma atención a las tensiones inflacionistas que recorren la zona euro, que insiste en considerar transitorias. La confluencia de la condición de halcón y de alemán del presidente del Bundesbank explica sus severas advertencias frente a un alza de precios que tiene un componente indiscutiblemente coyuntural, pero en el que juega un papel también indiscutible, y no coyuntural, el alto coste de la política de descarbonización que ha emprendido Europa hasta 2030.

Entre el legado crítico que ha dejado Jen Weidmann hay consideraciones sobre las que es necesario reflexionar, como su oposición a que el BCE continúe instalado en un papel que va mucho más allá de los límites de la política monetaria y entra de lleno en el ámbito presupuestario y fiscal. Aunque esa desviación ha sido fundamental para lidiar con la crisis de 2008 y también con la actual, Fráncfort tiene por delante el reto de emprender no solo la progresiva retirada del paquete de estímulos, sino también la vuelta al grueso de sus competencias naturales como institución monetaria.