Una expansión del gasto que financia la UE a cambio de reformas

El Gobierno puede poner en marcha el más ambicioso programa de inversiones de los últimos años, pero no será gratis ni en términos fiscales ni regulatorios

La ministra de Hacienda llevó ayer al Congreso de los Diputados el Presupuesto más expansivo de la historia, también en unas de las condiciones más excepcionales de la historia. Ni el gasto había alcanzado nunca proporciones tan voluminosas como las proyectadas para 2022, ni ninguna de sus partidas estrella, gasto social e inversión, había copado tamañas cantidades. Y todo ello con una estimación nada exagerada de incremento de los ingresos tributarios (8,1%) en comparación con el crecimiento esperado para la economía (7%), y con una reducción del déficit fiscal muy intensa, hasta situarlo en el 5%. La explicación está en la aportación extraordinaria de los fondos europeos por más de 27.600 millones de euros, que no computan ni como gasto ni como déficit en las cuentas domésticas, y que permiten financiar el programa más vasto que se recuerda de inversión pública. España gasta y Europa paga.

Lógicamente, esta aportación europea tan extraordinaria tiene contrapartidas. España no tendrá que hacer devolución alguna de tales cantidades y las que están por venir en años venideros, pero sí tendrá que someter su ejecución a un ejercicio severo de fiscalización, y deberá poner en marcha una serie de reformas comprometidas con los socios europeos, tales como el sistema de pensiones y el mercado de trabajo. Y en ambos casos el nivel de exigencia comunitario será esta vez elevado, pues el retraso en el caso de las pensiones pone en riesgo su sostenibilidad futura, y en el del mercado laboral, la buena experiencia y desempeño de la reforma de 2012 impide ejecutar un giro de 180 grados que ponga en riesgo la creación de empleo en el país con más elevada tasa de paro de la Unión, especialmente en las edades juveniles. Por tanto, el Gobierno puede poner en marcha el más ambicioso programa de inversiones de los últimos años, pero no será gratis ni en términos fiscales ni regulatorios. Si se paga un precio generoso en estas variables, con reformas intensas y decididas, su efecto multiplicador con la inversión dará un impulso al crecimiento en los años venideros más abultado del que los escenarios macroeconómicos del Gobierno muestran, por debajo del 2% a partir de 2023.

Presupuesto de fácil ejecución, por tanto, pero cuyo cumplimiento dependerá, como siempre, de que el escenario de actividad sobre el que se asienta se cumpla o sea más generoso de lo estimado. Las pequeñas subidas de impuestos no tienen entidad como para hacer descarrilar la actividad; pero el escenario de costes energéticos, de la financiación (se prevé que casi se duplique el tipo nominal de la deuda a diez años) y de salarios si la inflación se cronifica, con el avance tan modesto para el empleo como el previsto (2,7%), no ayudan a un aumento tan generoso del consumo como el Ejecutivo prevé.