El FMI obliga a un ajuste realista en las previsiones del Gobierno

La rebaja de las previsiones de crecimiento para España en 2021, publicadas ayer por el FMI, son sin duda un jarro de agua fría, aunque no un jarro derramado por sorpresa. La corrección a la baja de los datos correspondientes al segundo trimestre del año, certificada por el INE a finales del mes septiembre, cuando redujo el avance intertrimestral del PIB del 2,8% al 1,1%, ya apuntaba a que antes o después habría un recorte en las previsiones de los organismos internacionales, al igual que lo ha habido en las de los economistas y casas de análisis. Al hilo de la publicación de su informe de previsiones de otoño, el FMI ha anunciado que la economía española crecerá solo un 5,7% en 2021, cinco décimas menos de lo que contemplaba el pasado mes de julio, tras el derrumbe del 10,8% que sufrió en 2020 como consecuencia de la pandemia del Covid-19. El organismo mejora, sin embargo, las cifras en 2022, al elevar el crecimiento hasta un 6,4%.

La rebaja del optimismo del FMI respecto a la recuperación este año, la primera manifestada por un organismo económico internacional, priva a España de la posición de liderazgo que mantenía hasta ahora en el cuadro de previsiones del organismo, y la deja por debajo del incremento medio del PIB mundial –del 5,9%– del crecimiento de EE UU (6%), Francia (6,3%), Italia (5,8%), o Reino Unido (6,8%), aunque sigue superando el 5% de media de la zona euro o el 3,1% de Alemania. Las cifras que respalda el FMI constituyen un baño de realismo en el marco de unas economías todavía atenazadas por los daños de la pandemia, y que afrontan también nuevos riesgos, como la crisis de suministros y materias primas, la evolución al alza de la inflación y la subida del precio de la energía. En el caso de España, se suman además los resultados de una temporada de verano que no han colmado las expectativas del sector turístico, junto a unos fondos europeos que todavía no se han hecho efectivos y que sustentan buena parte de las previsiones de recuperación, como demuestran las cifras auspiciadas para 2022.

Tras las correcciones del INE y la revisión del FMI, es el Gobierno el que debería rectificar ahora unas previsiones de crecimiento que si antes podían considerarse optimistas, ahora parecen manifiestamente irreales. Construir los Presupuestos sobre un cuadro macro desactualizado no tiene beneficio alguno, más allá de alimentar un discurso político que parece más inspirado por los buenos deseos y el populismo económico que por la realidad. Aunque 2021 no sea el año de la gran recuperación, las previsiones apuntan a que 2022 sí puede serlo, siempre que la estrategia del Gobierno se apoye en unas coordenadas que reflejen el estado real y efectivo de la actividad económica.