La alegría de la UE solo enmascara en parte los defectos de la deuda verde

Las empresas están viendo ya cómo sus bonos ecológicos pierden la ventaja que tenían respecto a la ordinaria

Sede de la Comisión Europea, en Bruselas.
Sede de la Comisión Europea, en Bruselas. reuters

Bruselas es la nueva gran estrella del incipiente mercado de bonos verdes. La primera emisión de deuda de la Unión Europea destinada a objetivos medioambientales ha sido un gran éxito, ya que ha conseguido órdenes por valor de 135.000 millones de euros, más de 10 veces la cantidad de deuda ofertada. Pero este tipo de títulos solo incentivan los comportamientos de ahorro del planeta si los emisores que no son grandes entidades públicas pueden pedir prestado más barato.

La primera emisión europea debería de ser un mero entremés. La jefa de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quiere financiar alrededor del 30% de su plan de recuperación para el Covid-19, NextGenerationEU, a través de valores. Ello implica hasta 250.000 millones de euros de emisión total, y entre 35.000 y 45.000 millones al año, según los analistas de Bank of America. Eso equivale al importe total de la deuda verde emitida por los Gobiernos de la zona del euro en lo que va de año.

También es un buen ejemplo de cómo se supone que funcionan los bonos verdes. Permiten a los inversores sostenibles saber que su dinero está bien empleado, mientras que los emisores consiguen promover sus propias actividades verdes. Sin embargo, para ir más allá de ser simplemente un buen marketing, las empresas deben ser recompensadas con menores costes de financiación.

En el mercado de la deuda pública, este menor coste, denominado greenium, es cada vez más evidente. En septiembre, el Reino Unido pudo pedir prestado a través de su primer bono verde unos 3 puntos básicos más barato que mediante su deuda ordinaria. El bono de la UE también parece que se beneficiará de unos costes de financiación favorables, según IFR. Suponiendo una prima verde de 3 puntos básicos sobre los 250.000 millones de euros de la emisión verde de la UE, el bloque podría ahorrar 75 millones en costes de intereses anuales, según nuestros cálculos.

Sin embargo, los greeniums también son un rompecabezas. Hay pocas razones para que los inversores acepten una rentabilidad menor, ya que los bonos verdes tienen exactamente el mismo perfil de riesgo crediticio que la deuda ordinaria vendida por el mismo emisor. La diferencia de spread puede existir más bien por un exceso temporal de demanda de deuda verde, que podría no durar.

Mientras tanto, el greenium de los bonos emitidos por las empresas se está reduciendo. La avalancha de emisiones hace que la diferencia entre los spreads de rendimiento ofrecidos por la deuda ecológica y los títulos ordinarios se haya reducido a solo 1 punto básico, desde un máximo de 9 puntos básicos en 2020, según datos de la Asociación de Mercados Financieros de Europa (AFME). Si no se premia la virtud, los bonos verdes empezarán a parecerse más a publicidad engorrosa.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías