Unos Presupuestos que no planifican el inevitable regreso a la disciplina fiscal

El proyecto de cuentas públicas para el año que viene es el más expansivo y procíclico de la historia

Aunque el Gobierno se ha apresurado a calificar los Presupuestos Generales del Estado de 2022 como los de la “recuperación justa”, a día de hoy todo lo que se puede decir con certeza del esquema presentado ayer por el Ejecutivo de Pedro Sánchez es que se trata del más expansivo y procíciclico de la historia. Son unos presupuestos sin duda extraordinarios, nacidos de una coyuntura histórica también extraordinaria. Con un techo de gasto de casi 200.000 millones, una cifra que incluye 27.633 millones de fondos de la UE, destinados principalmente a industria y energía (19,8 %), investigación, desarrollo y digitalización (19,6 %) e infraestructuras y ecosistemas resilientes (17,4 %), los Presupuestos del año que viene contarán con un montante de gasto récord, alimentado en parte por la inyección de ayudas europeas, pero también por la rápida reactivación de una economía que deja atrás su hibernación forzosa.

Como explicó ayer la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, el proyecto de ley, que ahora deberá iniciar su tramitación parlamentaria, prevé una recaudación récord de 232.352 millones, un 8,1 % más, una cifra considerada “prudente” y que da margen para poder prorrogar el año que viene las medidas fiscales ligadas a la factura de la luz. Pese al fuerte impulso al gasto y la inversión, los Presupuestos de 2022 prevén una reducción del déficit público hasta el 5%, un objetivo que parece muy optimista, pero que el Ejecutivo justifica por el acceso a unos fondos europeos que no tienen impacto en el equilibrio entre gastos e ingresos.

Pese a todo ello, de estas cuentas, cuyo carácter expansivo no es imprescindible en un momento de vigoroso crecimiento, se puede hacer una evidente lectura también política. No en vano pueden ser los últimos Presupuestos aprobados por el actual Gobierno de coalición antes del final de la legislatura, una circunstancia que explica también ciertos guiños a determinados colectivos, como es el caso de los jóvenes, de tinte claramente electoralista.

La economía española puede permitirse hoy unos Presupuestos que incluyen amplias partidas de gasto, entre ellas, una subida del 2% del sueldo de los empleados públicos y del 3 % de las pensiones mínimas y no contributivas, pero haría bien en poner el foco en un futuro a corto plazo que vendrá determinado por la redefinición de las reglas fiscales europeas el próximo año. La senda de regreso a la disciplina fiscal que ha dibujado el Gobierno, y que apuesta por un déficit del 3,1% en 2024, parece a priori poco realista, pero requerirá en todo caso de un fuerte ajuste del gasto que no es imprescindible iniciar hoy, pero para el que resulta conveniente empezar a prepararse.