Carrera espacial

Cómo entrenan los astronautas que irán a la Luna en volcanes de la Tierra

La campaña Pangaea, de la Agencia Espacial Europea, da formación geológica a futuros viajeros al espacio en terrenos similares al espacio

¿Cómo se entrena a un astronauta para enviarlo a misiones a la Luna, a Marte o a algún asteroide? Durante años, la Agencia Espacial Europea (ESA por sus siglas en inglés) forma a los futuros exploradores en las más diversas disciplinas. Y una de ellas es la geología. Porque los viajeros del espacio deben aprender no solo aspectos técnicos, sino también deben saber recoger muestras de forma adecuada para que los científicos, en su regreso a la Tierra, puedan conocer mejor nuestro sistema solar.

Con la campaña Pangaea, la ESA forma al equipo de futuros astronautas en un paisaje casi lunar. Los exploradores toman muestras como si estuvieran en el espacio en varias localizaciones de la Tierra, una de ellas en España, en Lanzarote. El resto de la formación se realiza en los Dolomitas italianos y en el cráter Ries de Alemania. Para ello se usan “las técnicas más avanzadas de observación geológica y planetaria”. Los participantes obtendrán allí conocimientos sobre la geología del Sistema Solar.

Por ejemplo, reconocer rocas de interés y evaluar los lugares con mayor probabilidad de tener rastros de vida son algunas de las habilidades que los astronautas tendrán que aprender durante el curso. En definitiva, saber mirar el entorno “con ojos de geólogo”.

Dos astronautas y un ingeniero forman parte este año del entrenamiento. Uno es un astronauta de la ESA que viajó al espacio en 2015, Andreas Mogensen, y que trabaja actualmente en Houston. La segunda astronauta es Kathleen Rubins, quien forma parte del grupo de Artemis y podría convertirse en la primera mujer estadounidense en pisar la Luna. Esta microbióloga ha pasado 300 días en la Estación Espacial Internacional y se convirtió en 2016 en la 60ª mujer en viajar al espacio. El tercer participante es el ingeniero del Centro Europeo de Astronautas (EAC) Robin Eccleston, con formación en el desarrollo de instrumentos para el análisis de minerales, algo muy valioso para futuras misiones en la Luna y Marte. Los tres han sido seleccionados por sus méritos profesionales y su relación con la exploración espacial, explican desde la ESA.

Realidad aumentada

La edición de este año cuenta con más recursos visuales. “Hemos incorporado la realidad virtual para observar la ciencia aumentada y para gozar de una mayor eficacia a nivel operativo”, comenta Francesco Sauro, director técnico del curso Pangaea.

El curso suele tener lugar cada uno o dos años y la presente edición consta de tres partes (una en cada localización) entre septiembre y noviembre. La ESA ha estado explorando una cuarta localización para futuras ediciones en un fiordo de Noruega por su similitud con la geología lunar.

Mediante el uso de un casco de realidad virtual que les permitirá sumergirse en un ambiente marciano real, los participantes recibirán imágenes y mapas en 3D, una combinación de información real del terreno e imágenes por satélite, gracias al proyecto Planetary Mapping. De esa forma, la tripulación “vivirá una experiencia cercana a una expedición planetaria real y seguirá sus propios pasos”.

La ESA también está desarrollando una herramienta digital para dotar a la agencia de una mayor eficacia en las expediciones lunares. El Cuaderno de Campo Digital (EFB) es un sistema de información integral compatible con dispositivos portátiles —una especie de tableta espacial— que se utilizará para anotar datos científicos en entornos remotos.

La aplicación ayudará a los astronautas a identificar minerales, registrar cada paso en sus salidas espaciales, comunicarse con otros científicos con base en la Tierra e incorporar los datos de microscopios y cámaras de 360 grados.

Tal y como explica la ESA, el Geoparque Lanzarote es uno de los mejores lugares de la Tierra para comprender la interacción de la actividad volcánica con el agua, dos factores clave para la búsqueda de vida. El clima seco y un paisaje preservado convierten a la isla en “un museo geológico único”. Las coladas de lava “se asemejan a las grandes llanuras de la superficie lunar”, y sus volcanes “son parecidos a los de ciertas regiones de Marte”.

Evitar contaminar Marte con microbios ajenos

  • Lanzamiento. Durante el programa de formación de futuros astronautas, se trata a fondo el tema de la protección planetaria. Cualquier misión espacial a otro cuerpo celeste, ya sea la Luna, un planeta o un asteroide, “ha de cumplir con estrictos protocolos para evitar la contaminación del planeta y las muestras que allí se puedan recoger”, señalan desde la Agencia espacial europea.
  • Limpieza. Se hace especial hincapié en aspectos desde la limpieza de las herramientas a los pasos a seguir a la hora de recoger rocas para su análisis.
  • Respeto. A los participantes de Pangaea se les enseña a respetar el entorno y obtener muestras lo más prístinas posibles. Uno de los profesores del curso, el astrobiólogo Charles Cockell, ofrece pautas sobre el proceso.
  • Vida. Charles Cockell está convencido de que los astronautas necesitan entrenamiento también para buscar vida. Los exploradores espaciales corren el riesgo de contaminar las muestras incluso en entornos aparentemente sin vida. “Conocer las firmas y restos de vida es fundamental para comprender cómo sus propias actividades podrían contaminar estas muestras”, asegura.
  • Cuidado. “No queremos contaminar la Luna o Marte con microbios de la Tierra y tenemos que tomar precauciones para traer muestras de regreso a la Tierra”, advierte.
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