Calcetines rojos en Alemania: ¿quién sucederá a Angela Merkel?

La CDU de la canciller cae en las encuestas y los socialdemócratas suben. Los alemanes se preparan para un resultado muy ajustado

¿Calcetines rojos en Alemania? Desde el avance del partido socialdemócrata en las encuestas en torno a los comicios del 26 de septiembre no se habla de otra cosa. Un calcetín rojo es una persona de izquierdas, según un giro idiomático alemán y ya en 1994 la unión democristiana CDU advertía en su eslogan electoral “Hacia el futuro… pero no con calcetines rojos.” Ahora ese partido está cayendo en picado (aunque todavía podría dar un vuelco: los alemanes se preparan para un resultado muy ajustado) y su candidato Armin Laschet, quien es también presidente de Renania del Norte-Westfalia, ha recuperado con Merkel ese idiomatismo para avisar sobre el riesgo de que el candidato socialdemócrata Scholz se apoye en el partido de La Izquierda para formar gobierno en caso de ganar las elecciones.

Por ahora la estrategia democristiana no funciona. Los socialdemócratas tendrían, garantizado, a Los Verdes y, con condiciones, a los liberales del FDP para gobernar. ¿Debería Olaf Scholz descartar por completo una coalición con La Izquierda? Sí, dice el comentarista Martin Knobbe, del semanario Der Spiegel: “Por supuesto, su posición pacifista radical es legítima y enriquecedora en un espectro democrático y, por supuesto, se puede soñar con un mundo en el que la OTAN, los ejércitos y la exportación de armas sean innecesarios, pero solo cuando se garantice que el futuro ejecutivo actúe en situaciones de crisis con raciocinio político y capacidad de gestión. Una garantía que no ofrece La Izquierda”.

No, explica otra firma de la misma revista, Anna Clauß: “El vicesecretario general de la unión socialcristiana CSU (la hermana bávara de la CDU), Florian Hahn, reclama ahora durante la campaña libertad en lugar de socialismo, pero quien quiere libertad debería dar a La Izquierda margen para debatir con el SPD y Los Verdes un posible gobierno“. La Izquierda pide un sueldo mínimo de 13 euros la hora, un límite al alquiler y transporte de cercanías gratuito.

¿Calcetines rojos? No si gana el socialdemócrata Olaf Scholz, aunque para la mayoría de la población la cuestión de la justicia social es decisiva en estas elecciones y el SPD es el partido considerado más competente en asuntos sociales. Scholz es el actual ministro de Finanzas y vicecanciller con Merkel. Aventaja por varias razones a sus adversarios, pero sobre todo por su imagen de experiencia y saber hacer. En una entrevista en el diario conservador Frankfurter Allgemeine Zeitung, el candidato socialdemócrata Olaf Scholz reiteraba hace unos días ese perfil de solidez y raciocinio político, sencillez y cordura, que tanto encaja en la sociedad alemana.

El exalcalde de Hamburgo, quien políticamente se sitúa en el ala conservadora de su partido, ha sido un buen gestor de crisis en la pandemia. Por otro lado el jurista no quiere aflojar la llamada Schuldenbremse, el freno a la deuda. La ley establece que el déficit fiscal no puede exceder el 0,35% del PIB, excepto en años difíciles como los actuales. El todavía vicecanciller quiere que Alemania vuelva a estar sujeta a ello a partir de 2023. Por otro lado, acaba de anunciar que si gobierna ofrecerá tres garantías, que ningún niño viva en pobreza, más vivienda (400.000 nuevas anualmente) y pensiones por jubilación estables.

Nadie se esperaba esto. El bloque de centroderecha de la canciller Angela Merkel (formado por la democristiana CDU y la socialcristiana CSU), que partía como favorito indiscutible hasta hace muy poco, se ha desplomado en las encuestas, mientras los socialdemócratas del SPD han despegado y se sitúan a la par con los conservadores en intención de voto. El Politbarometer, el sondeo de ZDF, la cadena pública de televisión, posiciona al SPD en cabeza, de celebrarse este domingo elecciones en Alemania. Hay pues empate e incluso ventaja de hasta tres puntos de los socialdemócratas (25%) respecto a los conservadores (22%). En tercera posición están Los Verdes con un 17%. La ultraderecha de AfD y el Partido Liberal FDP alcanzan un 11%.

El paísaje político ha cambiado de la noche a la mañana a unos días de las elecciones generales. Por primera vez en 19 años la socialdemocracia adelanta al bloque conservador en las encuestas. ¿Qué explica el giro hacia la izquierda del electorado en los sondeos ante la era posMerkel? El diario alemán Bild habla de thriller por la impredecibilidad de los resultados. El conservador Franfurter Allgemeine Zeitung (FAZ) muestra en sus editoriales su preocupación por un posible gabinete rojiverde al que se sume además el partido de La Izquierda, que rechaza cualquier involucración de la Bundeswehr (Defensa) fuera de Alemania. “Calcetines rojos”, titula Heribert Prantl, del muniqués Süddeutsche Zeitung, criticando en su columna editorial que el anticomunismo tradicional de la Alemania occidental sirva todavía como arma arrojadiza en la política federal.

Hace un año los dos partidos conservadores de la Unión Cristiana se situaban juntos cerca del 40%, ahora en el 20%, por debajo de la socialdemocracia del SPD, que partía de casi un irrisorio 15% en 2020. Un factor clave del cambio son los diferentes candidatos nominados a la cancillería; otro, el giro social ante los problemas actuales, como la crisis climática, la gestión de la pandemia, la desigualdad social y la evacuación de Afganistán; y, por último, la evolución de la razón de ser de los partidos.

Hoy los ciudadanos apenas se siente identificados estrechamente con un partido político. Según un estudio de la Fundación Konrad-Adenauer-Stiftung, el think tank de la conservadora CDU, cada vez más gente cambia de partido en las elecciones. Durante los últimos meses se dio una incongruencia entre la gran ventaja que sacaban los dos partidos de la Unión (el bloque conservador) respecto al SPD en las encuestas y, por otro lado, la mayor popularidad del candidato socialdemócrata a la cancillería, Olaf Scholz, frente al democristiano, Armin Laschet. Merkel ha acudido ahora a apoyar a Laschet en campaña ante la caída en los sondeos: “¿Quien puede gobernar un land así puede gobernar Alemana como canciller“, y ha entrado en el juego de los calcetines rojos advirtiendo que ella nunca pactaría una coalición de gobierno con el partido La Izquierda. Tácticamente sería un error que Scholz descartara por adelantado un acuerdo con La Izquierda, pues podría necesitarla para gobernar; pero la fuerte presión mediática de la CDU para que Sholz se exprese en contra podría resultarle al vicecanciller muy caro. El 26 de septiembre es la cita con las urnas. Unas elecciones relevantes para el futuro del país y del continente en un momento de turbulencias geopolíticas graves.

En cuanto a La Izquierda, “¿en una democracia no deberían decidir los ciudadanos si quieren un gobierno a lo Robin-Hood?”, se pregunta Anna Clauß. El partido propone más impuestos a partir de unos ingresos brutos mensuales de 6.500 euros. Por ahora, solo el 7% de los electores votaría el próximo domingo por La Izquierda.

Lidia Conde es analista de economía alemana