Tiempo de demoler viejas ideas sobre lo que es infraestructura

Universalizar la educación preescolar y cuidar el medio ambiente también mejora la productividad

Una votación única en su género sobre las infraestructuras de EE UU significa que quizá haya llegado el momento de dejar de hablar de infraestructuras, o de pensar de forma más creativa en el significado de la palabra.

El Senado aprobó el martes una inversión de aproximadamente 1 billón de dólares en cosas de acero y cemento como carreteras, puentes y cables. Republicanos y demócratas acordaron aumentar en 110.000 millones el gasto en calles en mal estado, así como añadir 65.000 millones para mejorar la banda ancha, 66.000 millones para ferrocarriles y 55.000 millones para sistemas de agua. Tras años de trabajo de Joe Biden y de Donald Trump antes que él, eso es avanzar.

Lo que es menos lógico es lo que no se incluye. Los demócratas pasarán ahora a un derroche de 3,5 billones en sanidad, escuelas y medio ambiente al que los republicanos se resistieron en el plan pequeño. La propuesta mayor pasará ahora por una especie de proceso de aprobación por la puerta de atrás, conocido como reconciliación presupuestaria, que solo requiere 51 votos del Senado. La idea de que esto se deje de lado es extraña.

Uno de los problemas es una idea anticuada de lo que significa realmente infraestructura. Para los inversores, suelen ser activos duros con flujos de caja estables. Pero el término también debería abarcar cualquier cosa que haga posible que una persona realice un trabajo de mayor calidad en menos tiempo, durante más años. Es fácil ver cómo se aplica a las carreteras, el 43% de las cuales están en mal o mediocre estado según la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles, lo cual cuesta al hogar americano medio unos 3.300 dólares en reparaciones, combustible y pérdida de productividad.

¿Pero qué hay de la educación? En Washington DC, un programa que hizo universalmente accesible la educación preescolar gratuita elevó la proporción de madres en la fuerza de trabajo en 10 puntos porcentuales, hasta más del 76%, entre 2008 y 2016, la cifra más alta entre las grandes ciudades de EE UU, según el Center for American Progress. Eso es un impulso a la productividad, igual que arreglar una carretera llena de baches.

Reparar el medio ambiente también ayuda a la mano de obra. El plan demócrata incluye créditos fiscales para inversiones en renovables y una norma de electricidad limpia. Eso significa menos enfermedades relacionadas con la contaminación. El aire sucio costó a la economía unos 790.000 millones en 2014, en gran parte por las muertes prematuras, según una investigación de Stanford. Las personas que viven más tiempo y están más sanas pueden trabajar más y consumir más, impulsando una mayor producción. Es un argumento que debería atraer a los moderados que temen por el gasto en ambos lados del pasillo.

La llegada, por fin, de la tan anunciada semana de las infraestructuras es un buen momento para empezar a replantearse la distinción, demasiado rígida, entre hardware y software económico. Incluso antes de la pandemia, el mercado laboral era escaso y la población estaba envejeciendo. Las tasas de natalidad en 2020 fueron las más bajas desde 1979. Si la infraestructura es una prioridad, cualquier cosa que obtenga más rendimiento merece la etiqueta.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías