Los planes de liderazgo del centenario comunismo chino

Xi Jinping ha acabado con la disidencia interna, ha abolido la limitación de mandatos para la presidencia, y quiere conquistar el mundo

El Congreso fundacional del PCCh (Partido Comunista Chino) se celebró del 23 al 31 de julio de 1921. China celebra el centenario del nacimiento del partido que dirige el país desde 1949. Desde entonces a hoy muchas cosas han cambiado, como la actual posición relevante de China en el entorno internacional, económico, manufacturero, comercial, militar y tecnológico. Y algunas cosas del pasado han vuelto: hacía tiempo que un presidente chino no vestía el traje Mao, fácilmente identificable porque un retrato de Mao Zedong cuelga de la puerta de entrada a la Ciudad Prohibida –donde vivieron los emperadores– y preside la plaza de Tiananmén, explanada que, como la Plaza Roja de Moscú con la URSS, es expresión del poderío del PCCh. La mirada de Mao, desde la Ciudad Prohibida, vigila dos importantes edificios de estilo soviético: el Museo Nacional de Historia y de la Revolución y el Gran Palacio del Pueblo, sede de la Asamblea Popular Nacional. Con Xi Jinping al frente del partido, el ejército y el Estado, el legado de Mao Zedong está a buen recaudo.

Durante estos días de celebración del centenario vuelve una retórica de alabanza al partido, a la ideología marxista-leninista y los logros del líder, Xi Jinping que, a los más jóvenes deja perplejos (les ocupa más TikTok, de la empresa china ByteDance) y a los mayores resuena al culto a la personalidad del líder, Stalin en la URSS y Mao en China. Desde 1983, varios líderes chinos (Deng Xiaoping, Hu Jintao) pusieron las bases del crecimiento económico del país que culminó con la llegada al poder de Xi Jinping a finales de 2012. En el primer trimestre de 2021, el PIB chino creció un 18%, síntoma de vuelta al crecimiento prepandemia, del 8%.

Xi Jinping pisa fuerte, dentro y fuera de China. Dentro, ha fortalecido el poder del partido, que –tras varias purgas– tiene 90 millones de miembros: “comprometidos con el socialismo”. Tanto Deng Xiaoping como Hu Jintao apostaban por el crecimiento económico evitando disputas en el exterior. Xi dejó claro en su toma de posesión que su objetivo es dominar el mundo. Está convencido de la decadencia de Occidente, especialmente EE UU. Los disturbios de los últimos años en Norteamérica por motivos raciales o sociales han reforzado las creencias de Xi, quien, en 15 años, desea que China sea la primera potencia económica, estratégica, tecnológica y militar del mundo. El Brexit fue para Xi una señal de que Europa también se está desintegrando.

Los discursos de Xi Jinping en 2014 y 2015 detallan sus planes para conseguir el liderazgo mundial. Tanta importancia se les da a esos discursos que se equiparan en importancia con el pensamiento de Mao. La disidencia no tiene lugar, ni en el ámbito político ni el académico. La persecución de los que critican al partido, hoy, se extiende al mundo de los negocios. Deng Xiaoping y Hu Jintao dieron gran libertad al mercado y las empresas privadas siempre que no causaran problemas al régimen comunista. Pero, el capitalismo de Estado degeneró en clientelismo político, corrupción dentro del partido y falta de pureza ideológica en millones de “falsos comunistas”. La primera medida de Xi fue llevar a cabo limpieza étnica en el partido y en el ejército, nombrando cargos afines y leales a su persona. A continuación, abolió la norma que imponía el límite de dos mandatos al presidente chino: si Xi Jinping lo desea, puede permanecer en el poder el tiempo que le apetezca.

Los siguientes 15 años serán los del despliegue de muchas de sus iniciativas, con las que pretende convertir China en primera potencia industrial del mundo, líder en inteligencia artificial y robótica –esta última es muy necesaria, porque la falta de natalidad en China es tan alarmante que, para finales de siglo el 60% de los chinos serán ancianos y se reducirá extremadamente la fuerza laboral–. Los discursos de Xi Jinping en 2014 y 2015 (El pensamiento de Xi se denomina en China) explican que China debe apostar por la innovación tecnológica propia, dejando de depender de las TIC extranjeras. La fabricación de microprocesadores y semiconductores –que hoy escasean en Occidente, causando graves problemas a la cadena de suministro de muchos sectores económicos– está en lo más alto de la agenda.

La nueva diplomacia china se deriva de Wolf Warrior, una película de acción china (2017). El lema de Wolf Warrior era: “Aunque esté lejos, cualquiera que se oponga a China lo pagará caro”. Es un estilo agresivo de diplomacia impuesto por Xi que, por ejemplo, plantó cara a EE UU en su primera reunión bilateral de alto nivel el pasado marzo en Alaska. Biden está formulando su propia doctrina para enfrentarse a China y su retórica y sus actuaciones nada tienen que envidiar a Trump.
Xi ha impuesto las normas del partido en Hong Kong a pesar de las protestas; persigue con denuedo a cristianos y musulmanes, a estos últimos en la región (supuestamente) autónoma de XinJiang, donde no hay derechos humanos para los uigures, como ha denunciado el presidente Biden. Los budistas del Tíbet son foco actual de persecución.

Si a Jack Ma, fundador y presidente de Ant Group (dueña de Alibaba) se le “obligó a suplicar el perdón del partido por unas declaraciones supuestamente críticas” (Foreign Affairs) y la salida a Bolsa de su empresa se suspendió, qué les esperará a Taiwán y al Mar del Sur de China, que Xi Jinping reclama como propios…

Jorge Díaz Cardiel es socio director de Advice Strategic Consultants y autor de El New Deal de Biden-Harris: nueva política económica para el siglo XXI