Dinero

La divisa digital, en el laboratorio de los bancos centrales

Diferentes autoridades monetarias de todo el mundo trabajan en una versión digital del dinero

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Desconfiar de las criptomonedas y a la vez trabajar en la creación de una versión puramente digital del dinero puede sonar contradictorio, pero es justo la realidad del momento actual. Autoridades monetarias de lugares tan variopintos como Camboya, Bahamas, Brasil, China o Europa investigan con interés las posibilidades que ofrece esta nueva forma de entender el dinero, mientras, paralelamente, no dejan de llegar avisos de la peligrosidad de la inversión en criptoactivos.

Pese a la peligrosidad de la que advierten fuentes oficiales de toda clase, los criptoactivos han tenido la capacidad de acelerar cambios de calado y de presionar a los bancos centrales para adelantarse. La idea de crear un dinero digital estable controlado por un banco central no surgió de la nada. El anuncio de Facebook de crear la denominada libra puso sobre la mesa el debate sobre las criptomonedas de tipo de cambio estable.

Las autoridades se mostraron entonces reticentes a que una organización privada fuera susceptible de almacenar un gran poder monetario gracias a su potencial base de usuarios. Como consecuencia, se encargaron de controlar el nacimiento de libra y, con ello, lo dificultaron hasta el punto de que todavía hoy no es una realidad. Pero incluso sin llegar a ver la luz, el proyecto encabezado por la red social de Mark Zuckerberg espoleó la innovación en los bancos centrales.

Un ejemplo perfecto es el del Banco Central Europeo. El pasado miércoles el organismo presidido por Christine Lagarde anunció a través de un comunicado que la entidad ha dado luz verde a la investigación de dos años que puede finalmente dar como resultado el nacimiento de un nuevo tipo de euro digital.

La aparente paradoja de criticar criptoactivos y a la vez trabajar en una moneda digital tiene sentido aunque a priori parezca que no. El BCE se ha afanado en explicar dos puntos principalmente. De un lado, insiste en la idea de que el euro digital, en el supuesto de que se creara, no se haría con la idea de sustituir al efectivo, sino con la de complementarlo. En segundo lugar, el BCE avanza que el euro digital no sería una criptomoneda como tal, sino que lo asemeja a una versión digital del euro actual. A día de hoy ninguna criptomoneda ha logrado convertirse en un medio de pago extendido y reconocido. Hasta el momento, El Salvador es el primer país del mundo en adoptar el bitcóin como moneda de curso legal, en una controvertida decisión llena de incertidumbres.

La principal y más obvia característica del euro digital sería el aval que le otorgaría el sello del BCE. Erik Swords, gestor de Mellon, parte de BNY Mellon Investment Management, profundiza en esta idea. "Emitidas y respaldadas por los bancos centrales, cada CBDC (moneda digital de banco central) representa un instrumento digital seguro, equivalente a una moneda física, y puede usarse como reserva de valor, como método de pago o como unidad de cuenta oficial".

El experto coincide con la idea de que los criptoactivos son los que han empujado a los bancos centrales a dar el paso y vaticina profundos cambios en el caso de que finalmente grandes autoridades opten por hacer realidad sus monedas digitales. "La creación de CBDC representa una amenaza competitiva para el dólar, ya que otros países grandes e influyentes, como China, han acelerado el desarrollo de su propia moneda digital, el yuan digital, como una forma de reforzar su poder como potencia mundial. Al fin y al cabo, muchos países de todo el mundo se encuentran en pleno proceso de transformación digital, lo que permitirá que algunos abandonen las tecnologías antiguas a favor de las modernas", expone Swords.

Gilles Moëc, economista jefe de la gestora de fondos Axa IM, también coincide al describir la relevancia del movimiento de moneda digital de los bancos centrales. "Las monedas digitales son, ante todo, una innovación tecnológica que se puede aprovechar para promover la inclusión y hacer que el sistema financiero sea más eficiente si los bancos centrales se involucran. Sin embargo, incluso si esas CBDC se imponen a las privadas, su desarrollo podría cambiar profundamente el sistema financiero. Bajo ciertas formas, las CBDC de pleno derecho podrían desvitalizar la banca, acelerando la tendencia hacia la desintermediación de la inversión", valora el experto.

Ya sea en una forma más conservadora que no ponga en riesgo el papel de la banca, la tendencia parece imparable. "En los próximos tres años, bancos centrales con poder de actuación sobre un quinto de la población mundial planean emitir monedas digitales", afirma en un informe Bank of America.

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