La tasa sobre el carbono de la UE se prepara para un lanzamiento discreto

El impuesto pionero anunciado por Bruselas no arrancará hasta 2025

El pionero impuesto sobre el carbono en frontera de la Unión Europea se enfrenta a un lanzamiento descafeinado. En el plan que ha desvelado Bruselas para recortar las emisiones de toda la UE un 55% de aquí a 2030, uno de los componentes clave será el impuesto sobre las importaciones sucias. Pero probablemente será un amaño.

Dado que los precios del carbono se han duplicado con creces hasta los 52 euros la tonelada, la tasa debería ser una bendición para los grupos industriales de Europa. Un precio del carbono de 60 euros la tonelada supondría para el sector del cemento por sí solo tener que hacer frente a una factura acumulada de 12.000 millones de euros de aquí a 2030, según JPMorgan. Esto se debe al hecho de que las empresas de la UE deben compensar sus emisiones de carbono mediante la compra de permisos, que la CE ampliará esta semana. Sin un arancel equivalente sobre las importaciones, las empresas extranjeras no expuestas a la subida del coste del carbono tendrían ventaja sobre las empresas europeas.

Pero el impuesto sobre el carbono trae consigo un quid pro quo que no suele gustar a muchas grandes empresas. Durante los últimos 15 años, los sectores industriales han recibido protección frente a la competencia extranjera, en forma de permisos gratuitos. En el momento en que haya aranceles sobre el carbono, esos permisos no seguirán.

Por lo tanto, el paquete que se ha presentado no será muy agresivo y no arrancaría hasta 2025. Además, las empresas europeas probablemente seguirían recibiendo permisos RCDE gratuitos durante una década después de esa fecha. Eso podría mantener el precio del carbono más bajo de lo que estaría de otro modo. Y cualquier acuerdo que penalice a las empresas extranjeras, al tiempo que permite a las nacionales quedarse con los subsidios, podría quebrantar las normas de la OMC. Aun así, la verdadera importancia del impuesto europeo sobre el carbono en frontera reside en que serviría de precedente para otros países, como Estados Unidos.