La crisis de los chips cortocircuita a las startups del sector del hardware

Con gigantes como Apple exigiendo prioridad a los productores no sorprende que se queden al final de la cola

La crisis de los chips cortocircuita a las startups del sector del hardware

Los fabricantes de aparatos baratos y vistosos pagarán el pato de la crisis en la cadena de suministro de semiconductores. Los componentes chinos han permitido a gran número de nuevas empresas de hardware en Occidente construir rápidos prototipos de productos nicho, como el reloj inteligente de Pebble que tanto éxito ha tenido, a partir de una iniciativa de micromecenazgo en sitios como Kickstarter. Pero la escasez de semiconductores ha hecho que tengan que ponerse a la cola en la línea de suministro, y posiblemente no sobrevivan.

La escasez mundial de chips ha afectado a todo tipo de empresas, desde Volkswagen a Nintendo. Microchip Technology, con sede en Estados Unidos, calculaba hace poco que sus existencias solo cubren el 50% de la demanda. Los fabricantes de chips como Taiwan Semiconductor Manufacturing han aumentado su producción, pero hacen falta hasta tres años para poner en marcha una nueva fábrica, y en torno a un año para aumentar la capacidad de una fábrica que ya está en funcionamiento, según Bain & Company.

Con gigantes como Apple exigiendo prioridad a los productores de semiconductores, no resulta sorprendente que las startups estén en la parte de atrás de la cola. Incluso en tiempos normales, muchas son demasiado pequeñas para comprar directamente a los fabricantes de chips, así que se encomiendan a intermediarios. Los que no tengan un pie en China están a merced de lo que les quieran pedir, con los precios por las nubes.

Un fundador de una joven empresa comentaba a Breakingviews que están pagando 50 dólares por un chip que normalmente cuesta 5. Las empresas con suficientes existencias podrán capear el temporal hasta que termine la escasez, que se prevé que durará otro año, pero eso no es viable en términos financieros para los fabricantes de pequeños aparatos, y tampoco pueden acudir a los bancos para préstamos a corto plazo.

Algunos sabrán arreglárselas mejor que otros. Las máquinas industriales tienden a tener márgenes más amplios: el fabricante de herramientas de fabricación Wazer, por ejemplo, cobra 10.000 dólares por su cortadora por chorro de agua, lo que le permite absorber mejor las subidas de precio de sus componentes. Otros como Looking Glass Factory, que hace arte holográfico personalizado, están invirtiendo en equipos sobre el terreno para comprar los componentes. Ha contratado a un antiguo especialista en fabricación de Fitbit basado en Hong Kong para organizar sus cadenas de suministro. Las nuevas empresas detrás de estas dos campañas de Kickstarter están presentes en China y tienen el respaldo de inversores en capital riesgo.

Eso sí, quizá resulte más complicado sacar al mercado productos muy rebuscados como unos aparatos programables japoneses para cocinar huevos. A los inversores de Kickstarter ya les salpicó el fracaso de Coolest Cooler en 2019, que recaudó más de 13 millones de dólares para construir una nevera portátil con batería, Bluetooth y una batidora incorporada. El fundador echó la culpa a las guerras de aranceles. Con la actual escasez de chips, el Internet de las tonterías innecesarias lo va a pasar mal.