Tasas de variación para una crisis atípica

El perfil inusual de la recesión ha provocado errores de interpretación en muchos de los análisis de los últimos datos económicos disponibles

En el análisis de coyuntura, las tasas de variación son uno de los principales elementos que nos permiten conocer cuál es la evolución del mercado laboral, de los precios, de la actividad de un sector determinado o de la economía en su conjunto. En situaciones normales estas tasas suelen ser positivas, relativamente cercanas a cero y fáciles de predecir. Paradójicamente, la coyuntura económica se vuelve más importante durante los períodos de crisis y en situaciones como la del último año no solo es mucho más complicado pronosticar cómo evolucionarán las distintas macromagnitudes, sino que además su interpretación se vuelve más compleja.

Normalmente, las crisis económicas comienzan con una moderación del crecimiento del PIB seguida por una caída acusada de la producción, provocada por la incertidumbre de los consumidores que pasan ahorrar en mayor medida y de los empresarios que limitan sus inversiones. Además, el sector financiero suele restringir el acceso a la financiación ante el temor a posibles impagos. Tras esta fase de caída, y normalmente con la intervención estabilizadora del sector público, retorna el crecimiento de manera moderada a lo largo de varios años hasta recuperar el nivel previo a la recesión.

La actual crisis es distinta porque vino provocada principalmente por las medidas restrictivas que tenían como objetivo controlar la pandemia. La economía se paralizó de un día para otro y sufrió una caída sin precedentes. Esto ha hecho que desde el pasado verano, y todavía en la actualidad, sea fácil ver errores de interpretación en muchos de los análisis de los últimos datos económicos disponibles.

El pasado julio, el ministro de consumo Alberto Garzón escribía sobre la caída trimestral anualizada del 33% del PIB estadounidense. La caída trimestral había sido del 9,5% y el dato aportado por el ministro asumía que esta disminución se seguiría produciendo durante los siguientes nueve meses, algo que no tuvo lugar. El PIB español durante el segundo trimestre de 2020 cayó el 17,8% en variación trimestral y este descenso anualizado hubiera sido mayor al 50%. Tuvo que ser el profesor Juan Ramón Rallo quien le dijera al ministro que no tenía sentido comparar el -17,8% español con el -33% estadounidense. El confinamiento en España provocó no solo la mayor caída de producción de nuestra historia, sino también la más elevada de entre los países desarrollados. Una recesión el doble de intensa que la de Estados Unidos con una mortalidad por el virus similar.

Tres meses después, el PIB español subía el 17,1% en tasa trimestral y hay quien erróneamente explicó que casi la economía estaba prácticamente recuperada. Incluso aunque hubiera sido exactamente la misma variación trimestral que en el periodo anterior, la recuperación no hubiera sido completa. Si algo se reduce a la mitad, -50%, necesita doblarse, +100%, para llegar al nivel inicial. Mejor utilizar la variación anual en este caso, que seguía siendo el -8,6% o, dich-o de otro modo, se habían perdido uno de cada doce euros respecto al mismo trimestre del año anterior.

¿Qué tasa se debería utilizar entonces cuando se produce una súbita caída en una serie temporal de datos económicos? Probablemente la tasa de variación anual sea la más fácilmente comprensible, además evita tener en cuenta la estacionalidad propia de muchos sectores económicos. Por ejemplo, el turismo en la costa es mucho más elevado durante el verano que en el resto del año mientras que en la Comunidad de Madrid es en el cuarto trimestre cuando un mayor número de turistas visitan la región. Analizar la tasa trimestral en estos casos puede conducir a conclusiones erróneas, mientras que la tasa de variación anual compara la evolución entre los mismos meses de años consecutivos y evita este problema. Asimismo, anualizar tasas de variación trimestrales solo se puede hacer en situaciones normales, para facilitar la comprensión del dato y al mismo tiempo tener en cuenta únicamente la información del trimestre más reciente.

El problema con el que nos encontramos en la actualidad, ya no es tanto el uso de tasas trimestrales con datos muy positivos, como sucedió el pasado otoño, sino que este hecho se da en tasas de variación interanual. En el dato reciente del índice de producción industrial para el mes de abril, la producción aumentó el 1,2% con respecto a marzo, pero en tasa de variación anual se alcanzó el máximo histórico de la serie con el 50,3%. La solución sería en este caso utilizar una tasa atípica, que no suele calcularse, pero que si se populariza evitaría muchos errores de interpretación en los próximos meses: la tasa de variación bienal. Si se hubiera comparado abril de 2021 con el de dos años atrás la tasa sería el -2,9%, una cifra que refleja mejor la presente situación.

Algo similar sucede con la inflación, la tasa interanual de mayo es el 2,7% y hace un año era el -0,9%. Ni tenía sentido hablar de deflación antes ni es razonable hablar todavía de inflación elevada. Así, calculado el cambio del último dato disponible con el nivel de hace dos años la inflación hubiera sido del -0,1% el año pasado y el 1,8% en la actualidad, apenas negativa antes y moderada en la actualidad.

En definitiva, lo peor que puede hacerse durante una crisis como la actual es hablar de la tasa de variación trimestral anualizada, puesto que difícilmente lo que suceda en un trimestre determinado se parecerá a lo que ocurra en los próximos nueve meses. La tasa de variación interanual ha sido más representativa que la tasa de variación trimestral, que pasó a ser muy positiva tras el desconfinamiento y su uso enmascaró los efectos de la crisis económica que todavía perdura. Desde que contamos con datos del primer trimestre de este año es la tasa de variación interanual la que ha perdido representatividad, y no sería descabellado usar la bienal hasta que estemos a comienzos del próximo año.

Juan Luis Santos es profesor de Macroeconomía en la Universidad CEU San Pablo