Un inventor para darle una vuelta de tuerca a Ferrari

El próximo CEO, Benedetto Vigna, es experto en microsensores, y dirigirá la reconversión de la marca de lujo a las nuevas tendencias del motor

Benedetto Vigna, próximo consejero delegado de Ferrari.
Benedetto Vigna, próximo consejero delegado de Ferrari.

Es experto en microsensores de movimiento, que pueden servir tanto para evitar accidentes de coche como para crear videoconsolas avanzadas, y ahora será el encargado de darle una vuelta de tuerca tecnológica a Ferrari. Benedetto Vigna (Pietrapertosa, Italia, 1969) es el elegido tras un proceso de selección de seis meses, en el que la técnica ha ganado al lujo.

Dirige la importante división de sensores de STMicroelectronics, empresa de semiconductores de origen francoitaliano, que ahora tiene su sede en Ginebra (Suiza), y de cuyo comité ejecutivo también es miembro. Se incorporará en septiembre al puesto de la exfilial de Fiat, en un contexto de revolución del sector de la automoción hacia los coches autónomos, así como los eléctricos; esto último, un reto especialmente complicado en la alta gama.

Nacido en Pietrapertosa, provincia de Potenza, al sur de Italia, se graduó cum laude en Físicas, especialidad subnuclear, en la Universidad de Pisa. Lleva casi toda su carrera, desde 1995, en STMicro. Debutó como ingeniero de I+D, fundando, a instancias de su jefe, la división de sensores SMEM, sistemas microelectromecánicos, que es la que dirige ahora, y que tiene el mismo tamaño que todo Ferrari, con 3.200 millones de euros de ingresos y un margen operativo del 21%, con clientes como Bosch o Tesla.

En realidad él no sabía nada de esta nueva tecnología, así que se marchó casi dos años (1997-98) a estudiarla en el Berkeley Sensor & Actuator Center, centro de investigación de la Universidad de California. A su vuelta a STMicro, fue ocupando distintos cargos de carácter técnico, hasta llegar a la alta dirección. Ya en la treintena, haría un MBA en la universidad de la propia empresa.

En 2001, contaba en la revista especializada IEEE Spectrum, se le ocurrió el producto de masas ideal: un sensor de movimiento tipo acelerómetro, pero tridimensional. Hasta entonces los que había funcionaban normalmente en dos dimensiones, y con eso era suficiente; por ejemplo, para el airbag de un coche, que se infla en la misma dirección en la que se produce el choque. También los había tridimensionales, pero muy caros y grandes, y solo para la industria aeroespacial.

STMicro redujo el tamaño de los sensores, y su coste hasta unos pocos euros, utilizando por ejemplo plástico en lugar de cerámica metálica; y empezaron a utilizarse en ordenadores portátiles. El sensor capta si el aparato se está cayendo y separa el cabezal de escritura del disco duro, para evitar daños internos. Después se utilizaría en una lavadora de la marca Maytag, para detectar vibraciones provocadas por un reparto desigual de la carga, y ajustar la velocidad para amortiguarlas.

Por aquella época el presidente de STMicro era Pasquale Pistorio, que destaca sobre Vigna, en declaraciones a Bloomberg, que combina “fuertes habilidades directivas y técnicas con una increíble calidez humana que le permite ser un verdadero líder”.

En 2005 la empresa contactó con Nintendo, que trabajaba en tecnologías similares, y en dos meses habían creado un prototipo que acabaría relanzando las ventas de la empresa japonesa, gracias a la consola Wii, la primera que usaba sensores de movimiento en lugar de joysticks. Vigna también participó en la invención de los giroscopios de tres ejes, que cambian la proporción de la pantalla de un teléfono cuando se gira, y que están en los sistemas de navegación de la mayoría de los coches actuales. Los SMEM constituyen una de las pocas áreas de los chips en los que Europa ha sobresalido por delante de Asia.

El ejecutivo, dice el currículum oficial de STMicro, ha dirigido también los exitosos avances de la empresa en micrófonos, brújulas electrónicas y controladores de pantalla táctil, así como en sensores ambientales, microactuadores, sensores industriales y de automoción y radios de baja potencia para el internet de las cosas. En total, tiene más de 200 patentes sobre sistemas microelectromecánicos, es autor de numerosas publicaciones y forma parte de los consejos de varios programas financiados por la UE.

El cambio

Louis Camilleri dimitió de la dirección de Ferrari en diciembre; desde entonces, John Elkann, el heredero de los Agnelli, ejerce como jefe interino. Los seis meses que ha durado el proceso de selección reflejan la dificultad para encontrar sustituto adecuado. Los analistas, sorprendidos por la decisión, se debaten entre considerar que Vigna no era el preferido, o valorar la elección como muy consciente y estratégica. Lo cierto es que el ex-CEO Sergio Marchionne, fallecido en 2018, provenía de una empresa de testaje de productos, y Camilleri, de Philip Morris.

Su reto más inmediato será el de orientar el cambio a las baterías eléctricas. Ferrari ya fabrica modelos híbridos, como el SF90, de 430.000 euros, pero aún no ha presentado un coche totalmente eléctrico (hay planes para tenerlo en 2025). El propio Camilleri se mostraba escéptico sobre si los usuarios de la marca aceptarían un modelo así, aunque Porsche, de Volkswagen, lo ha conseguido con Taycan. Lamborghini, también de VW, prepara versiones híbridas de todos sus coches.

Ferrari planea además su primer deportivo, Purosangue. Preservar el precio prémium y los márgenes de beneficio puede ser un reto mayor que la ciencia, dice Lisa Jucca, analista de Reuters. De fondo, la escasez de semiconductores que afecta a la industria en general y al motor en particular. En la presentación de Vigna, Elkann dijo que su “profundo conocimiento de las tecnologías que impulsan gran parte del cambio” en la industria, “y su probada capacidad de innovación, desarrollo de negocios y liderazgo fortalecerán aún más a Ferrari”. El holding Exor, dirigido por Elkann, posee el 36% de los derechos de voto del Cavallino Rampante, así como el 14% de Stellantis, el gigante formado por Fiat Chrysler y Peugeot.

El científico e inventor deberá sacar lo mejor de sí mismo para demostrar que puede ser un gran ejecutivo del lujo.

La historia de STMicro

STMicroelectronics se formó en 1987 a partir de la fusión de dos empresas públicas: la italiana SGS Microelet­tronica y la francesa Thomson Semiconducteurs, la rama de semiconductores de Thomson.

Ahora el porcentaje del capital en manos estatales es del 27,5% (al 50% entre Italia y Francia).