Comisiones en fondos de inversión: cuidado con la letra pequeña

Los costes han ido cayendo, pero a menudo son difíciles de identificar para el cliente

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La inmensa mayoría de los propietarios de fondos de inversión no tiene muy claro cuánto paga por este producto. ¿Por qué? Por el simple hecho de que el dinero no sale directamente de su cuenta bancaria o su tarjeta, sino que se carga contra el patrimonio que tiene acumulado en el fondo. Esta cierta opacidad se está mitigando en los últimos años, con la generalización de los servicios de gestión discrecional de carteras. Además, las comisiones están bajando de forma continuada. Pero es importante tener claro cuánto dinero se está abonando y si esas comisiones están alineadas o no con el tipo de producto y las tarifas medias del mercado.

Empezando por lo más básico. ¿Cuáles son las comisiones que puede cargar un fondo de inversión? La más importante es la comisión de gestión. Es lo que cobra la gestora por comprar y vender acciones, bonos o derivados en nombre del fondo. Normalmente se paga entre un 1% y un 1,75% anual. Es decir, que si se tienen 100.000 euros invertidos en el fondo, la gestora se quedará cada año con entre 1.000 y 1.750 euros. Eso, suba o baje el fondo. El cliente no lo percibe como tal porque simplemente se descuenta a diario de la rentabilidad que se va generando.

La segunda comisión fija es la de depositaría. La cobra el banco que se encarga de custodiar las inversiones del fondo y ronda entre el 0,1% y el 0,2% anual.

Además, el fondo incurre en otros gastos operativos que se cargan contra el patrimonio y que el cliente no ve: los costes de corretaje (por la compraventa de títulos), costes de cambio de divisas, comisiones que se pagan cuando el fondo invierte a su vez en otros fondos...Todos estos gastos, junto con la comisión de gestión y de depositaría se pueden resumir en el ratio de costes totales (TER, por sus siglas en inglés). El fondo Bankia Soy Así Flexible, por ejemplo, tiene unos gastos de gestión de un 1%, pero el total de gastos es de 1,55%, anual.

Las comisiones topadas de los planes de pensiones

Las comisiones que aplican los planes de pensiones están más tasadas y topadas que las de los fondos, aunque también se han ido reduciendo. De media, la suma de la comisión de gestión y depositaría es del 1,24%. Hace 10 años rozaban el 2%. Al igual que ocurre con los fondos, los planes más conservadores, en los que predomina la inversión en bonos, tienen menos comisiones que los que invierten en Bolsa. En concreto, la comisión de gestión máxima que puede aplicar uno de estos últimos es del 1,5%; un 1,3% para planes mixtos y un 0,85% para planes de renta fija. La comisión de depositaría será como máximo del 0,2%. Donde compiten las gestoras es en las bonificaciones que ofrecen al contratar o traspasar planes.

En general, los fondos con perfil más conservador y que, por definición, aspiran a generar menos rentabilidad, presentan un nivel de comisiones más bajo. Así, el Bestinver Rentas (el fondo más prudente de la gestora), tiene unos gastos corrientes totales del 0,55%, mientras que en el Bestinver Bolsa son del 1,82%. Mientras, Mutuafondo (uno de los fondos bandera de Mutuactivos y que tiene la máxima calificación de la firma de análisis Morningstar), tiene unos gastos del 0,41%.

Un fondo conservador que tenga unas comisiones por encima del 1% es caro, y habrá que ver si los gestores pueden ofrecer resultados que compensen el precio.

Para complicar aún más las cosas algunas gestoras cobran comisiones de suscripción y de reembolso, para controlar los flujos de entrada y de salida en cada fondo. Aunque cada vez son más raras. También existen algunas firmas, normalmente más sofisticadas, que cobran una comisión de éxito. Por ejemplo, el fondo Attitude Oportunities cobra una comisión de gestión del 1,35% anual, pero tiene una de éxito por la que se queda el 9% de los rendimientos positivos generados.


Gestión discrecional de carteras

A este rompecabezas de comisiones se le ha sumado otra capa que, sorprendentemente, viene a aportar más luz. Los bancos utilizan cada vez más los contratos de gestión discrecional de carteras. Con este servicio, el cliente acepta que la entidad se haga cargo de la gestión de parte de su patrimonio, invirtiendo en fondos o acciones. La gran diferencia es que aquí se paga un coste explícito, una comisión que se carga a la cuenta corriente del cliente. Esta suele estar entre el 0,4% y el 1%.

A cambio, el banco siempre tiene que buscar el tipo de fondos con las comisiones más bajas. Con este formato se paga la comisión de gestión de carteras más la comisión de los fondos en los que se invierte, que con esta fórmula resultan más baratas que las que pagaría un particular por su cuenta. Por ejemplo, la filial online de Banco Santander, Openbank, tiene un producto de carteras gestionadas que aplica una comisión explícita que va desde el 0,42% anual para saldos de más de un millón de euros, al 1,02% para saldos inferiores a 20.000 euros.

CaixaBank, tiene un servicio de gestión discrecional con un coste de un 0,75% para saldos de más de 300.000 euros, y 0,6% para saldos superiores. A este coste habría que sumar los gastos de los fondos que el cliente tiene en cartera. En la gama Master de CaixaBank, los costes van desde 0,15% en renta fija al 0,83% en los de Bolsa de países emergentes.

Desde hace cuatro años han surgido también gestores automatizados independientes que ofrecen cartera a costes más baratos. El coste total de una cartera de Indexa es del 0,6% anual, que baja al 0,43% para carteras de más de 100.000 euros. Las carteras de Myinvestor tienen un coste máximo de entre el 0,43% y el 0,45%.

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