El tren como columna vertebral de una nueva movilidad verde

El ferrocarril es el medio de transporte más sostenible y cuenta con un enorme potencial de crecimiento

En paralelo al avance de la vacunación y al lento pero seguro restablecimiento de la normalidad, 2021 está siendo un año en que medir y reflexionar sobre el enorme impacto que ha tenido la pandemia en infinidad de sectores.

De entre los mismos, el del transporte ferroviario no se ha visto exento de ese tsunami, y, al hilo de las restricciones a la movilidad, la Comunidad de Empresas Europeas de Ferrocarriles e Infraestructuras (CER) calcula que el sector dejó de ingresar el año pasado nada menos que 26.000 millones de euros.

En esas condiciones, celebrar en 2021 el Año Europeo del Ferrocarril podría parecer casi una fiesta de difuntos, pero es todo lo contrario, porque el coronavirus ha sido una prueba de resistencia muy exigente, pero también ha impartido un punto y aparte en nuestra manera de vivir, de consumir y también de movernos, de la que el tren será sin duda uno de sus grandes beneficiarios.

Hoy millones de personas en todo el mundo han descubierto el valor del corto y medio radio tras no poder recorrer ni esas distancias en apariencia tan asequibles durante los confinamientos y cierres perimetrales. Todos hemos tomado conciencia de la importancia de la resiliencia en todo lo que hacemos –incluida, naturalmente, nuestra movilidad–, pero, sobre todo, tras la irrupción del Covid-19 en nuestras vidas, hemos salido de nuestras casas con hidrogel, mascarillas, pero también más verdes y medioambientalmente responsables.

El ferrocarril atiende a esas tres demandas y a muchas más, y es además un modo de transporte con un enorme potencial de crecimiento. En la actualidad, se calcula que solo el 7% de los viajeros y el 11% de las mercancías recurren al ferrocarril en Europa, de modo que el sector tiene la posibilidad, y, sobre todo, la ambición de multiplicar por varias veces esas cifras. En España, los nuevos hábitos de movilidad que nos lega la pandemia y el escenario que abre la liberalización del transporte de pasajeros deberían hacer que no nos conformáramos con menos que con doblar el número de pasajeros que eligen el tren en los próximos años.

Contamos para ello con la segunda mayor red de alta velocidad del mundo, con un modelo de liberalización valiente, meritorio y en el que se inspirarán seguro muchos países de nuestro entorno, con la complicidad de quienes deben promover hitos tan necesarios como la modificación de la Ley del Sector Ferroviario o la reforma del sistema de cánones, pero, sobre todo, tenemos un argumento irrefutable y alineado con los cambios de fondo que están despertando nuestra conciencia ambiental y social como consumidores: el tren es el medio de transporte más verde y sostenible.

La pura intuición nos hace llegar a esta conclusión, pero los datos la solidifican y le brindan la dureza propia de un diamante: si el sector del transporte es responsable de alrededor del 25% de las emisiones de gases de efecto invernadero, el ferrocarril representa únicamente el 4% del total y solo resulta marginalmente más contaminante que ir a pie o en bicicleta: modos de transporte magníficos, pero poco aconsejables salvo para dar una vuelta por nuestro barrio o pedalear alrededor de un parque o por un carril bici.

Además, pequeños avances infraestructurales podrían aumentar exponencialmente las ventajas medioambientales de movernos en tren. Bajo una concepción multimodal de la movilidad, en que un viaje requiera la colaboración de varios modos de transporte, enlazar nuestra red de alta velocidad con el Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, por ejemplo, podría evitar la emisión de más de 830.000 toneladas de CO2 en total en nuestro país.

De modo que tenemos a nuestro alcance todas las herramientas, el capital político necesario y, por qué no, también la escala y tamaño perfectos como país para que uno de los vectores con los que ser más sostenibles sea movernos mucho más en tren en detrimento de otros modos de transporte.

El sector, pero, sobre todo, el país en su conjunto, está ante una gran oportunidad que se ve reforzada con la liberalización ferroviaria hecha efectiva el pasado diciembre de 2020. Debemos entre todos trabajar en ser cada vez más sostenibles, apostando también por la multimodalidad y buscando una convivencia entre los diferentes modos de transporte que contribuya a una movilidad menos contaminante. Y, por último, queremos extender esa sostenibilidad más allá de lo medioambiental, para ser por ejemplo contribuidores netos a la consecución de varios de los objetivos de desarrollo sostenible de Naciones Unidas.

Por estos y otros motivos, nos sentimos facultados para conmemorar el Día Mundial del Medio Ambiente, que se celebra cada 5 de junio, incluso desde un sector acusado tan a menudo de ser altamente contaminante como el de la movilidad. Y es que quienes estamos a punto de empezar a operar en el mercado liberalizado del transporte ferroviario de pasajeros lo hacemos como nativos verdes y con la sostenibilidad no cómo una meta inalcanzable, como la cima de la montaña desde la que Sísifo nunca llegaba a despeñar su piedra, sino como un punto de partida desde el que ser plenamente respetuosos con el medio ambiente desde el primer minuto y desde el que conjurarnos también para contribuir cada vez más a la lucha contra el cambio climático.

Víctor Bañares es Director General de ILSA