El activismo verde de BlackRock funciona solo a medio gas

Sus decisiones en las juntas de Exxon y Chevron contrastan con las tomadas en Shell, Total y Barclays

Protesta contra las inversiones de BlackRock ante su sede, en Nueva York, el 25 de mayo pasado.
Protesta contra las inversiones de BlackRock ante su sede, en Nueva York, el 25 de mayo pasado. REUTERS

El día del juicio de BlackRock ha llegado. Cuando el gestor de activos de 9 billones de dólares escribió a sus clientes en enero, se comprometió a aumentar el número de resoluciones de accionistas centradas en la sostenibilidad que apoyaba. Ahora que se han celebrado muchas de las juntas generales anuales de 2021, es una oportunidad para evaluar si el mayor gestor de activos del mundo está realmente impulsando el cambio en las empresas en las que participa.

Hay buenas noticias. En mayo, el grupo de Larry Fink respaldó en Exxon Mobile a dos nuevos miembros del consejo de administración propuestos por el activista verde Engine No. 1, una medida que probablemente obligará a la empresa petrolera estadounidense a cambiar su estrategia. También votó a favor de que el también titán petrolero Chevron establezca objetivos para reducir las emisiones de sus clientes, además de las suyas propias.

Esto consolida el progreso realizado en los nueve meses anteriores a marzo, cuando BlackRock apoyó el 61% de las propuestas ambientales y sociales de los accionistas, frente a solo el 7% en el año anterior a julio de 2020.

Hasta aquí, todo bien. Sin embargo, BlackRock también apoyó la gestión de Royal Dutch Shell y Total, y rechazó las peticiones de los accionistas para que los grupos petroleros establezcan objetivos más estrictos para eliminar sus emisiones de carbono. Aunque ambos tienen objetivos de descarbonización para 2050, y más del 90% de los inversores de Total han votado como BlackRock, suena extraño.

En los últimos quince días, la transición ecológica de las grandes petroleras ha estado en el punto de mira. La influyente Agencia Internacional de la Energía ha advertido de que es necesario reducir drásticamente la producción de petróleo para controlar el calentamiento global, y un tribunal holandés ha ordenado a Shell que establezca objetivos más estrictos de reducción de emisiones para 2030.

El grupo de Larry Fink también se abstuvo en una resolución de la junta de accionistas de Barclays del 5 de mayo en la que se instaba al banco británico a frenar su financiación de los combustibles fósiles. Su defensa (que la resolución no proscribía específicamente los préstamos y la colocación, sino los servicios financieros en general) le deja expuesto a las acusaciones de que hila demasiado fino en lugar de liderar las cuestiones ecológicas.

BlackRock puede tener varias razones. Una de ellas es la comprensible reticencia a respaldar resoluciones poco elaboradas, pero con consecuencias jurídicas. Otra cuestión es que 15 estados de EE UU han advertido recientemente de que podrían penalizar a los gestores de fondos ecológicos demasiado entusiastas denegando contratos para gestionar las pensiones del sector público.

Larry Fink puede verse obligado cada vez más a tener que elegir entre ser castigado por los inversores por ir demasiado rápido, o demasiado lento.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías