El alarmismo con la inflación es exagerado

Una forma de dejar de lado las distorsiones es adoptar una visión de dos años: el IPC de EE UU en los 24 meses hasta abril, anualizado, fue del 2,2%

Larry Summers, presidente emérito de Harvard, en 2014.
Larry Summers, presidente emérito de Harvard, en 2014. reuters

Larry Summers vuelve a hacer de las suyas. Después de sugerir a principios de año que los planes de gasto de Biden podrían sobrecalentar la economía, el economista de Harvard dijo el martes que la Fed está mostrando una “peligrosa complacencia”, incluso en cuanto a inflación. El año pasado, Summers pregonaba el llamado estancamiento secular, incluyendo la necesidad de que los bancos centrales impulsaran la inflación. El alarmismo es exagerado.

La pandemia trajo una rápida desa­celeración y luego una fuerte recuperación. No hay duda de que hay picos de precios a corto plazo; el presidente de la Fed, Jerome Powell, considera que gran parte de esta situación es transitoria. Quiere que el empleo alcance el nivel prepandemia antes de endurecer la política monetaria. Muchas de las grandes subidas de precios interanuales se deben a la lamentable situación de hace 12 meses. Una forma de dejar de lado las distorsiones es adoptar una visión de dos años. Por ejemplo, el IPC en los 24 meses hasta abril, anualizado, fue del 2,2%. Es una cifra que no asusta y que se vio por última vez, sobre la misma base, en 2019. Está en línea con el objetivo del 2% de la Fed, aunque para una métrica diferente, y es consistente con dejar que los aumentos de precios superen el objetivo por un tiempo después de años de quedarse cortos.

Los responsables de política monetaria prevén que la tasa de inflación podría subir hasta el 2,6% este año. El tope de sus previsiones es el 2,3% en los próximos dos años, y el 2% a largo plazo. Es optimista, pero no necesariamente complaciente. Las tasas de equilibrio a cinco años, calculadas a partir de los mercados de deuda pública, han alcanzado el 2,7%. Una métrica que refleja las expectativas para los próximos seis a diez años se sitúa en el 2,3%.

El fuerte aumento de estas cifras desde el mínimo de marzo de 2020 merece atención, aunque puede reflejar simplemente las inusuales circunstancias. Estos niveles no son alarmantes ni se salen de la tendencia, por ejemplo, de una visión histórica de 10 años. De hecho, según el criterio de estancamiento secular de Summers, estarían en la línea de lo que el banco central debería esperar.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías