El nuevo consenso de Bruselas

La lucha contra la Covid-19 está permitiendo desarrollar a las instituciones europeas una doctrina macroeconómica nueva

Es una revolución silenciosa. Pero una revolución, de todos modos. Las instituciones europeas, al tomar diversas decisiones históricas para gestionar la pandemia a la que nos enfrentamos, están en el proceso de desarrollar una doctrina macroeconómica del continente y definir el nuevo consenso de Bruselas.

Hace diez años, durante la anterior crisis financiera, Europa cometió tres errores importantes que esta vez ha sabido evitar.

El primer error fue limitar la capacidad de respuesta presupuestaria de los Estados miembros. Esta vez, más allá del apoyo de la política monetaria, tanto la suspensión de las normas presupuestarias como la relajación del marco de ayudas de estado han liberado al máximo la capacidad de intervención de los Estados miembros.

Además, la Comisión Europea ha acertado al proponer prorrogar el estado de emergencia presupuestaria hasta que la Unión vuelva a su nivel de actividad económica de antes de la pandemia. Esto significa que no volveremos a las reglas fiscales anteriores hasta finales de 2022, a diferencia del error de 2009 de cerrar las compuertas demasiado pronto tras la crisis financiera. Además, parece ya bastante claro que las reglas actuales del Pacto de Estabilidad y Crecimiento se revisarán antes de su aplicación, con el objetivo de hacerlas menos rígidas y procíclicas.

El segundo error consistió en no aplicar un plan de recuperación e inversión a nivel europeo. Tras meses y meses de debates sobre la puesta en común de la deuda durante la crisis financiera, no se consiguió avanzar por falta de acuerdo político. En esta ocasión, y desde abril de 2020, los esfuerzos nacionales se vieron acompañados de 540.000 millones de euros de financiación europea para gasto sanitario, ERTE y apoyo a las empresas.

Además, después de intensas negociaciones con el Parlamento Europeo y tras un Consejo a nivel de jefes de Estado y de Gobierno europeos en julio de 2020, la Unión aprobó un histórico plan de recuperación de 750.000 millones de euros, financiado a nivel europeo a través de deuda común. La ejecución de este plan común de recuperación, y, en particular, la necesidad de encontrar fuentes de financiación permitió además ratificar la creación de seis nuevos recursos fiscales europeos, denominados recursos propios: impuesto sobre plásticos no reciclados, mecanismo de ajuste de carbono en frontera, revisión del mercado europeo de carbono, impuesto digital, impuesto europeo a las transacciones financieras y desarrollo de una nueva base común para el impuesto de sociedades.

Finalmente, el tercer error cometido hace 10 años fue la ausencia de vínculo entre la recuperación económica y la respuesta necesaria a la crisis climática. Esta vez es todo lo contrario. Cada uno de los planes nacionales de recuperación financiados por la Unión debe tener al menos el 37% de su gasto destinado a la transición ecológica. Además, ningún euro del plan europeo podrá financiar actividades consideradas nocivas para el medio ambiente, de acuerdo con una definición estricta armonizada por los 27 Estados Miembros. El plan de recuperación europeo representa el mayor plan de inversión verde jamás ejecutado. Esto no solo salvará, sino que también transformará nuestra economía, haciéndola más competitiva en los sectores del futuro.

Este nuevo consenso de Bruselas, más pragmático, solidario y con más visión de futuro, que combina seriedad presupuestaria y seriedad climática, se está logrando sin mucho ruido; seguramente se está logrando gracias a eso. Pero podría decirse que es una de las transformaciones más grandes y positivas que está atravesando Europa en este momento.

Luis Garicano / Pascal Canfin son jefe de la delegación de Ciudadanos en el Parlamento europeo y vicepresidente de Renew Europe/ eurodiputado de La République en marche en Renew Europe y presidente de la Comisión de Medio Ambiente del Parlamento Europeo