Las conexiones entre ‘aguirrismo’ y ‘ayusismo’

Los dos fenómenos nacen de errores del PSOE (‘Tamayazo’ y moción murciana), abusan del populismo y son despreciados dentro del PP

Los astros se han alineado para que la insólita Isabel Díaz Ayuso renueve su plaza en la administración madrileña, puesto que en dos años volverá a salir a concurso. Las encuestan coinciden en que podrá gobernar con el apoyo de Vox, panorama que dejará en el camino importantes víctimas, a analizar tras la noche de autos.

Si esto es así, la semana que viene arrancará un nuevo movimiento en la política madrileña, el ayusismo, cuyo alcance es difícil de pronosticar. Este fenómeno, que se le puede hacer muy largo a una parte importante de la sociedad madrileña, la misma que nunca entendió el éxito electoral de Esperanza Aguirre Gil de Biedma, que gobernó la comunidad durante nueve años (2003-2012).

Ambos liderazgos arrancan con clamorosos errores del PSOE, producto de una mezcla de superioridad y desprecio, que les impide valorarlas y medirlas bien. Esperanza Aguirre ganó las elecciones de mayo de 2003, pero con escaños insuficientes para gobernar. El PP obtuvo 55 diputados y la suma de PSOE (47) e IU (9), uno más. Sin embargo, el candidato socialista, Rafael Simancas, no pudo ser elegido presidente porque dos de sus diputados, Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez, se abstuvieron en la votación de investidura, con lo que los 55 votos en contra del PP eran más que los 54 que le quedaban. En octubre se repitieron las elecciones y Aguirre se alzó con mayoría absoluta al quitarle, ahora con la fuerza de los votos, dos diputados al PSOE. El PP sacó 57 diputados, frente a 56 que agregaban PSOE (45) e IU (9).

La torpeza del PSOE fue quedarse en que el Caso Tamayo era culpa del PP, al que acusaban de haber untado a los tránsfugas. Fuera así o no, los tribunales no consiguieron probarlo, el origen del problema es que el PSOE tuviera en sus listas a dos débiles. El dilema del PSOE en Madrid viene de lejos, tanto que desde que perdió Joaquín Leguina (1983-1995), hoy apóstol inesperado del ayusismo, han tenido dudas con su candidato para la Comunidad de Madrid.

Las elecciones del martes nacen de una estrategia fallida del PSOE. Socialistas y Ciudadanos pactaron una moción de censura en Murcia, que pasará a la historia por sus destrozos. Primero fracasó en su objetivo inmediato, sacar al Gobierno murciano, y, después, por los enormes daños colaterales para los dos protagonistas. Ciudadanos ha explosionado, con una fuga de cargos y votantes hacia el PP. El PSOE ha hecho el ridículo en Castilla y León, con una moción de censura que ha reforzado al Gobierno de coalición en vez de cesarlo. Pero lo peor es que Murcia fue la excusa para que Díaz Ayuso se anticipara y convocara elecciones anticipadas. De nuevo, como en su día hicieron con Aguirre, en el PSOE se entretienen con los trásfugas murcianos y mirando por encima del hombro a Ayuso. Pedro Sánchez & Iván Redondo necesitan calibrar el análisis.

El rechazo que Ayuso provoca en sus contrincantes es desprecio entre sus enemigos, sus compañeros de partido, poderosos barones regionales, que no entienden el fenómeno. Esta es otra de las características del aguirrismo, cuya líder tuvo una relación imposible con Alberto Ruiz Gallardón, el alcalde de Madrid cuando ella presidía la Comunidad, y muy mala con Mariano Rajoy. De hecho, hay expertos en el PP que vinculan la dimisión de Esperanza Aguirre (septiembre de 2012) con la llegada de Rajoy a La Moncloa (noviembre 2011).

Es fácil continuar con la analogía entre Ayuso y Aguirre e imaginar que las relaciones entre la renovada presidenta de Madrid y el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, se envenenen. La moderación de Almeida durante los peores meses de la pandemia, en contraposición a la batalla sin cuartel de Ayuso contra Moncloa, llevaron a que Pablo Casado le nombrara en agosto del año pasado portavoz nacional del PP. Ese nombramiento se produjo en medio de una estrategia de la dirección del partido para alejarse de Vox, que había anunciado en julio una moción de censura contra el Gobierno de Pedro Sánchez, cuyo verdadero objetivo era debilitar al PP. El resultado fue que el líder del PP hizo el mejor discurso de su vida, pero se llevó por delante su relación política y amistad familiar con Santiago Abascal, el capo de Vox.

Sin embargo, en pocos días se va a ver a Ayuso de la mano de Vox, como se aprecia en campaña, lo que va a acarrear futuras concesiones a la ultraderecha. Esto no viene bien a Casado, que trata de mantener cierta distancia con Abascal como estrategia para cazar el botín de votos de Ciudadanos. Esta divergencia de estrategias, unida a las ensoñaciones de Ayuso y su corte, son contenido fácil para un conflicto con Casado, como pasó con Aguirre y Rajoy. La lideresa defenderá que se ha tragado a los 26 diputados de Ciudadanos sin hacer concesiones al centro y siendo la candidata preferida por los votantes de Vox.

Esto se entiende en el derroche de populismo, que es la mayor conexión entre el aguirrismo y el ayusismo. Se definen como liberales, lo que no encaja con su discurso de barra de bar, defendido con soberbia chulapa, que hay días que parece de Vox y otros de Podemos. El atractivo laissez-faire laissez-passer de Esperanza Aguirre tiene que ver con que bajo su gestión cuajara la mayor corrupción política de la historia democrática de la Comunidad de Madrid, con ranas que llevaban mordidas a sus bolsillos y a la caja B del partido, episodios que le han valido que el juez García Castellón la imputara en 2019 en el caso Púnica.

Más vale que Díaz Ayuso no lleve a las últimas consecuencias el dejen hacer dejen pasar que ha caracterizado su gestión de la pandemia.

Aurelio Medel es Doctor en Ciencias de la Información. Profesor de la Universidad Complutense