Crónica del final de una crisis bancaria

Con la fusión de CaixaBank y Bankia se cierra el último capítulo de la larga travesía que inició el sector financiero español en 2008

Con la fusión de Caixa y Bankia se cierra el último capítulo de la crisis bancaria de 2008. Las finanzas modernas se desarrollaron en Castilla en el siglo XIII. Había leyes de usura y los judíos ponían su banca fuera de las murallas para captar depósitos y dar créditos. La banca es un negocio de bajo margen sobre total de activo y de alto riesgo. El banco anticipa el dinero de un crédito y tarda años en recuperar el capital. Si durante el periodo el cliente tiene problemas y no devuelve el crédito, el banco pierde dinero. Desde entonces las crisis bancarias han sido periódicas, como explica el historiador económico de la Universidad de Alcalá Pablo Martín Aceña.

En 1998 España entró en el euro. Nuestros tipos de interés convergieron con los alemanes y nuestros bancos y empresas accedieron a los mercados globales de capitales. Se activó un boom de crédito que se concentró en el sector inmobiliario y se formó una burbuja. El boom y la burbuja fue global y el pinchazo tuvo un fuerte impacto en la economía española.

La crisis financiera provocó una profunda depresión económica y social e institucional. El ser humano ha desarrollado un mecanismo defensivo que los psicólogos denominan disonancia cognitiva. Cuando hay un conflicto entre tu percepción y la realidad, tendemos a negar la realidad y buscar culpables a los que responsabilizar. El relato en España es que la culpa de la crisis fue de las cajas.

Las cajas son también una innovación financiera española centenaria. Se crearon como montes de piedad para proteger de la pobreza y la exclusión financiera a la población más vulnerable. En 2008 Caixa tenía la mitad de los depósitos del sistema de cajas de ahorros y no necesitó apoyo público. Caixa también tuvo exposición al crédito inmobiliario, especialmente a préstamos a promotores para financiar suelo que fue el veneno principal que provocó la crisis bancaria. Pero sus gestores siguieron la recomendación del premio Nobel de Economía Harry Markowitz de diversificar sus inversiones y no poner todos los huevos en la misma cesta.

Caixa contaba con una potente corporación industrial en empresas que pagaban altos dividendos y con esos dividendos pudieron absorber las pérdidas sin necesidad de recibir ayudas públicas. Desde entonces ha ido absorbiendo varias entidades y hoy, con la fusión con Bankia, se convierte en el líder en España del sector bancario. Caixa ya es una sociedad anónima y un banco pero mantiene la esencia de su obra social, una de las más importantes del mundo.

Caja Madrid y Bancaja crecieron como si no hubiera mañana, pero sin diversificar y concentrando buena parte de su crecimiento en el boom inmobiliario. Cuando la burbuja pinchó y se adjudicaron el suelo de los promotores no tenían capital, ni dividendos de empresas para recapitalizarse. El Estado asegura los depósitos y para evitar quitas a los pequeños ahorradores tuvieron que nacionalizar el banco y asumir la pérdida con dinero público. Hasta Syriza, el equivalente de Podemos en Grecia, tuvo que nacionalizar bancos para evitar que los ahorradores perdieran su dinero. El Estado creo un banco malo, Sareb. Nos dijeron que daría beneficios, pero, como todos los bancos malos de la historia, acabamos de saber que nos ha costado 35.000 millones. También tuvo que asumir pérdidas en la entidad y recapitalizarla.

El acierto fue poner al frente del banco a un bancario con enorme experiencia que fue capaz de sacar a Bankia del hoyo y ponerla de nuevo a funcionar. Desde entonces el banco ha dado crédito y ha contribuido al crecimiento del PIB y del empleo y ha dado beneficios y pagado dividendos para devolver parte de las ayudas públicas. El Estado mantiene ahora esas acciones en Caixa y seguirá recibiendo dividendos y contribuyendo a la recuperación del empleo concediendo créditos.

Con esta fusión y el reconocimiento de pérdidas de Sareb se cierra el último capítulo de la crisis bancaria de 2008. El pasado ya no se puede cambiar y la clave es vivir el presente con realismo, mirando al futuro para extraer lecciones de los aciertos y los errores del pasado. En esta crisis tanto la banca como las familias y las empresas habían reducido significativamente su endeudamiento. Si a los efectos desastrosos de la pandemia le hubiéramos sumado una crisis de crédito y bancaria como en 2008 la tasa de paro y la deuda pública estarían significativamente más altas.

La nueva entidad resultante de la fusión tiene enormes retos por delante derivados principalmente de los efectos de la pandemia y la digitalización, que está cambiando el negocio bancario y la forma en la que nos relacionamos con los bancos. Pero nace bien capitalizada y con un equipo gestor experimentado y en condiciones para adaptarse al nuevo entorno competitivo y tecnológico.

Sin bancos y sin crédito no hay desarrollo económico, creación de empleo y bienestar. Por lo tanto, todos los españoles de bien debemos alegrarnos de esta fusión y de acabar el libro de la historia de la crisis bancaria de 2008. El cerebro humano también está programado para olvidar lo peor o todos seríamos esquizofrénicos.

Ahora lo que toca es concentrar toda nuestra energía en acabar con la pandemia, salir de esta crisis, salvar el mayor número de empresas y empleos posibles y adaptarnos cuanto antes a la nueva era de la tecnología global. Este nuevo banco contribuirá a conseguirlo.

José Carlos Díez es Director de la Cátedra Orfin de la Universidad de Alcalá y socio de LUAfund