Las lecciones del virus en la gestión sanitaria

El sistema de salud está ante una oprtunidad única de transformarse gracias a los fondos europeos para la recuperación

El 11 de marzo de 2020 el director general de la Organización Mundial de la Salud caracterizó formalmente el Covid-19 como una pandemia, la primera registrada por coronavirus en la historia. Tres días después, el 14 de marzo de 2020, el Gobierno de España aprobó el primer estado de alarma por la pandemia, que se inició con un severísimo confinamiento domiciliario, y que se fue relajando progresivamente hasta finales de junio. Tras el verano, y ante el nuevo agravamiento de la epidemia, se declara un segundo estado de alarma, e incluso un tercero, aún vigente, que se prolongará hasta el 9 de mayo de 2021.

En este tiempo España ha sufrido tres olas que han sido superadas, no sin graves consecuencias. Casi 3,2 millones de españoles (6,7% de la población) se han infectado. Más de 321.000 compatriotas han tenido que ser hospitalizados, y más de 28.000 han ingresado en la UCI. En este año, se han realizado casi 800.000 pruebas para identificar el virus. El balance más trágico es el de los fallecidos, que superan los 71.000 si solo contabilizamos aquellos con test positivo, pero que pueden ser muchos más, si se cuenta el exceso de mortalidad registrada respecto a la esperada.

A lo largo de marzo de 2021 podremos llegar a tener en torno a 2 millones de españoles vacunados, es decir, alrededor del 4% de la población.

Las importantes limitaciones de movilidad y de interacción física decretadas por la autoridad sanitaria han reducido durante este tiempo la actividad económica de una forma desconocida. El PIB ha caído un 11%, más que en cualquier otro país de la UE, y de manera tres veces más intensa que durante la crisis de la burbuja inmobiliaria (2008 – 2013). Para poder mantener el pulso económico, se ha tenido que recurrir a deuda pública, que en diciembre de 2020 representaba más del 117% de nuestro PIB pre Covid-19.

La consecuencia social más dolorosa de esta pandemia es la subida del paro por encima del 16%, golpeando especialmente a las mujeres (18,3%) y a los menores de 25 años (40%).

En el sector de la salud y desde el punto de vista de la gestión sanitaria, hay algunas lecciones que hemos aprendido en este año. Por ejemplo, que la gestión de la pandemia es un reto de salud pública y de responsabilidad social. Los recursos asistenciales (camas, ventiladores, test, etc.) son solamente protagonistas si falla el aparato de salud pública, la responsabilidad social o ambos. Y han fallado. En la primera hora, por la debilidad del entramado de salud pública en España. Y en la segunda y tercera olas, ha fallado la capacidad de contención social. Ha sido un desafío descomunal para la gestión sanitaria enfrentar el desbordamiento prácticamente permanente de las organizaciones sanitarias durante mes y medio al inicio, sin apenas herramientas para enfrentarlos.

Precisamente por eso, en gestión sanitaria ya sabemos que es crítico saber manejar la capacidad instalada y conocer las claves para sobredimensionarla en ciertas áreas, flexibilizando el uso de los recursos disponibles. Un efecto indeseado de esta flexibilización ha sido el crecimiento de las listas de Espera, por cancelación de hasta el 70% de las cirugías en la primera ola, y la desatención de pacientes graves no Covid. Será igualmente un enorme reto de gestión resolver esos problemas de, cuando se alcance la inmunidad de grupo.

Hemos aprendido que las tecnologías de la información y comunicación (TIC) asociadas a tecnología médica, el Big Data y la Inteligencia Artificial han sido imprescindibles en la gestión de la pandemia. Mantener a los enfermos bien controlados en domicilio y saber anticiparse a eventos adversos ha conseguido aumentar la capacidad del sistema asistencial de manera notable.

Hemos comprobado cómo la colaboración público-privada con fines de cooperación e innovación ha permitido llegar a soluciones que, en condiciones normales, hubieran sido inconcebibles con tanta celeridad.

Finalmente, hemos entendido que no estábamos preparados para hacer una gestión adecuada de dos grupos muy vulnerables: las personas mayores y los institucionalizados.

Con estas lecciones aprendidas, ¿qué proyecciones de futuro cabe hacer? Hasta que el porcentaje de vacunación de la población no alcance el nivel suficiente (70%), es imprescindible mantener la disciplina social colectiva en la limitación de la movilidad y de la interacción física. Los objetivos son solo dos: mantener una incidencia baja y vacunar, vacunar y vacunar.

Cuando el nivel de vacunación lo permita (con el interrogante puesto en el verano de 2021) será el momento de reactivar la actividad económica y recuperar producto interior bruto, reducir el paro e invertir la evolución al alza de la deuda.

Antes, en la primavera de este año dispondremos en España de una cantidad ingente de recursos procedentes de Europa (141.000 millones de euros) que deberán ayudar en ese camino. El sector sanitario es, explícitamente, uno de los mayores receptores de estos fondos (al menos, del 17%) y se encuentra ante una oportunidad histórica para transformarse en un sistema mejor, más digitalizado y resistente, orientado a la obtención de los mejores resultados en salud para los ciudadanos y capaz de recuperar toda la actividad perdida durante la pandemia. Gestionar los hospitales con semejantes desafíos (fondos para invertir en transformación y actividad que recuperar) será todo un reto para los directivos sanitarios.

Francisco de Paula Rodriguez Perera es Director del Executive Master en Dirección de Organizaciones Sanitarias de Esade en Madrid