Movilidad eléctrica, ¿qué dice el ciudadano?

Para salvar la distancia que siente el consumidor es necesaria la colaboración de toda la industria y de los poderes públicos

De entre todos los datos, la mayor parte de ellos preocupantes, que nos está dejando la automoción en este arranque del año hay dos que no se pueden pasar por alto. En primer lugar, las matriculaciones de vehículos 100% eléctricos han caído hasta febrero un 56,2%, con apenas 1.400 unidades, de las que, por cierto, el 20% han sido compradas por los propios concesionarios. En segundo lugar, las diferentes tecnologías híbridas (híbridos, híbridos suaves e híbridos enchufables) ya acaparan el 23,1% de todas las matriculaciones y son las únicas que están impulsando el mercado con un crecimiento en sus ventas.

A la vista de estos datos, está claro que necesitamos hacer algo más para que el eléctrico puro termine de llegar. Las cifras también nos dicen que estamos inmersos en un periodo de transición que aún durará años y en el que los compradores nos están marcando, con mucha claridad, el camino a seguir: la electrificación es hoy un concepto amplio y, dentro de él, la hibridación es una tecnología que puede desempeñar un papel muy relevante en este camino hacia la descarbonización de la movilidad y también (no lo perdamos de vista, por favor) hacia la renovación del parque. Los híbridos electrificados, en definitiva, son esa estación intermedia hacia un parque totalmente descarbonizado.

Los concesionarios tienen cierta fama de pepito grillo porque, estando tan cerca del cliente final, son los primeros que detectan lo que ese cliente demanda. Respecto a la electrificación, tampoco está siendo una excepción… y ya sentimos puntualizar los argumentos excesivamente autocomplacientes y optimistas que nos llegan de poco en poco. Estamos en una España diversa, y quizá estos baños de realidad pueden resultar incómodos, pero lo que queremos es poner sobre la mesa los problemas reales, los de la gente, para avanzar más rápido y todos juntos hacia esos objetivos a los que antes hacía referencia.

Más allá de las focos y de los titulares, en este momento de transición, lo esencial es salvar la distancia que siente el ciudadano respecto al vehículo electrificado. En esto, los concesionarios ocupan un eslabón crucial en la cadena de valor del sector, porque están en el día a día de los ciudadanos, quitando miedos frente al actual desconocimiento y haciendo esa labor de explicación y prescripción de las muchas posibilidades comerciales que ofrece ya la electrificación.

No se entendería la expansión de la electrificación sin la participación de las redes de concesionarios. Ello está suponiendo un cambio en el concesionario tradicional tal y como lo conocemos, porque, con este enfoque, ya están en marcha iniciativas para impulsar el ecosistema del vehículo eléctrico y de energías alternativas, ofreciendo servicios 360º que van desde la financiación hasta la gestión de los puntos de recarga. Se trata de una transformación en su modelo de negocio, en paralelo a esa movilidad que viene, que también será digital, y que pasa por conceptos como el mobility as a service, por los servicios de suscripción, que permitirán un uso más inteligente de los vehículos y una optimización de los stocks, o por poner en marcha iniciativas para compensar la huella de carbono.

El sector es consciente de que el momento es propicio para esta transformación económica y social. También entendemos las dificultades, y el principal escollo que nos encontramos es un mercado totalmente deprimido, con una caída acumulada en estos dos meses del año del 44% y con un peso del mercado de particulares que se ha visto reducido al 40% del total, el dato más bajo de la historia. De esta manera, resulta inviable ahora mismo que los concesionarios puedan solos abordar nuevas inversiones, y eso incluye lo necesario para implantar la movilidad electrificada.

Es necesario un acompañamiento del resto de actores del automóvil. En primer lugar, de los fabricantes, que no pueden dejar caer la reducción de las emisiones medias de sus modelos sobre la automatriculación masiva de eléctricos por parte de sus concesionarios. Pero también se quiere la participación de los gobiernos y administraciones públicas a la hora de diseñar nuevas políticas. Hay cuestiones en la agenda política y legislativa que podrían formar parte de ese acompañamiento que necesita el sector: ampliando el foco hacia los coches electrificados en su conjunto cuando se habla de poner en marcha un nuevo Plan Moves o un Plan Renove; abordando el necesario cambio de fiscalidad del automóvil para acelerar la llegada de esos electrificados a las carreteras y el achatarramiento de los coches más contaminantes; o teniendo en cuenta el concepto de emisiones netas de CO2 en la elaboración de la futura Ley del Cambio Climático, lo que permitiría al sector, pero también a las familias que no pueden acceder a esa electrificación, acompasarse tecnológicamente y contribuir a la neutralidad climática gracias a la compensación de emisiones mientras el vehículo 100% eléctrico alcanza a la mayoría de los conductores.

Estamos, pues, ante un reto país, y así ha quedado fijado también por el Gobierno, con el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima o el Plan Nacional de Recuperación, Transformación y Resiliencia, y así nos lo dice Europa: la salida a la crisis será verde. Los concesionarios también han puesto las luces largas para contribuir y acelerar esta transformación ecológica, que también será igualitaria y digital, y seguirán empeñados en ser el termómetro de las aspiraciones del ciudadano de a pie.

Marta Blázquez es Vicepresidenta Ejecutiva de Faconauto