De 'Superlópez' a la Thermomix: necesidades de la seguridad corporativa

El aumento del tráfico en la red han propiciado una evolución alarmante en el robo de información, las pérdidas masivas de datos o el sabotaje industrial

El robo de información, la filtración de documentos confidenciales o la violación de derechos sobre la propiedad intelectual no son algo nuevo. Famosa fue la batalla legal de 1993 entre GM y VW, a raíz de la fuga del exitoso directivo José Ignacio López de Arriortúa (Superlópez), a su competidor alemán. Volkswagen fue acusada de fraude, robo de documentación confidencial y espionaje industrial; aquello acabó en 1997 con un acuerdo de indemnización millonario para GM.

Más reciente ha sido el enfrentamiento en los tribunales entre Thermomix y Lidl, en la llamada “guerra de los robots de cocina”. El Juzgado Mercantil n.º 5 de Barcelona acaba de condenar a Lidl por comercializar el robot Monsieur Cuisine Connect, infringiendo los derechos de patente registrados por Vorwek sobre la máquina Thermomix.

Pero en contra de lo que pudiera parecer, las necesidades de protección sobre innovación y transferencia del conocimiento ni son materia reservada de las grandes multinacionales, ni pueden resolverse con los mecanismos de defensa tradicionales. El aumento del tráfico en la red, provocado por la generalización del teletrabajo, el crecimiento en el uso de los dispositivos móviles o el incremento de servicios en la nube han propiciado una evolución alarmante en el número, complejidad y sofisticación del robo de información, las pérdidas masivas de datos o el sabotaje industrial. De igual modo, los objetivos han dejado de ser exclusiva de la industria financiera y se han extendido a cualquier ámbito profesional o personal, abriendo profundas brechas en la exposición de cuentas corporativas y violación de la confidencialidad en las empresas.

Pero ¿qué podemos hacer? Se hace imprescindible aplicar soluciones diferentes que pasan por una adecuada planificación. La Ley 1/2019 de 20 de febrero de Secretos Empresariales (LSE) se ha convertido en un aliado. La LSE reconoce el derecho a la propiedad de una nueva tipología de activos intangibles basados en el conocimiento y proporciona garantías y protección suficiente para blindar la información confidencial de valor. Ahora bien, para garantizar estos derechos se exige a las empresas que previamente hayan establecido medidas de seguridad razonables. Por ello, junto al derecho a la propiedad, aparece una nueva necesidad de implementar auditorías de intangibles externas, que analicen, clasifiquen y pongan en valor la propiedad intelectual, diseñando complementariamente protocolos internos específicos que recojan contratos de confidencialidad, controles de acceso, delimitación de los ámbitos de difusión, formación del personal, etc.

En paralelo, será necesario modificar los enfoques de protección, aprovechando nuevas soluciones tecnológicas de inteligencia artificial. Es un error frecuente abordar estos problemas desde una óptica exclusivamente legal, cuando como hemos visto exigen un tratamiento coordinado y transversal.

Si queremos organizaciones innovadoras, que continúen dedicando sus esfuerzos e inversiones en el desarrollo de avances sanitarios, tecnológicos, medioambientales, etc., deberemos seguir incentivando estas actividades de investigación y por tanto las ventajas competitivas asociadas a ellas.

Roberto Guiñales es director del área de ‘financial advisory’ de Gesvalt