Contante y Sonante

Banca y banqueros se mudan en el año del buey

Las fusiones y los cambios de organigrama están provocando el traspaso de directivos de una entidad a otra y el despido de miles de empleados

José Ignacio Goirigolzarri y Gonzalo Gortázar
José Ignacio Goirigolzarri y Gonzalo Gortázar

Acaba de iniciarse el nuevo año chino que ha dado fin a 365 días de la rata para pasar al año del buey. De acuerdo con la tradición oriental, este periodo está caracterizado por el trabajo duro, las relaciones familiares, el orden, la disciplina y el esfuerzo. O sea, nada nuevo, más de lo mismo, por lo menos para la gran mayoría de los españoles, aunque algunos experimentarán cambios en su vida laboral. Ese es el caso de varios directivos bancarios que en breve o cambiarán de empresa o desarrollarán otras funciones.

Los primeros que se verán afectados por los cambios serán los directivos de Bankia y de CaixaBank, entidades sometidas a un proceso de fusión que en marzo previsiblemente dará lugar al primer grupo bancario de España. Esta semana se dará a conocer el nuevo organigrama del nuevo banco que mantendrá la marca de CaixaBank, que como entidad absorbente y de mayor tamaño será la que tenga la voz cantante en la suma de las dos excajas de ahorros. El anuncio de la composición del nuevo comité de dirección supondrá la salida de varios ejecutivos, que dejarán sus puestos no porque sean mejores o peores, sino porque les ha tocado.

Los dos primeros que ya han confirmado su salida son Jordi Gual, presidente de CaixaBank, que tras la fusión dejará su cargo, y Leopoldo Alvear, director financiero de Bankia, que acaba de ser fichado por Banco Sabadell y se ha convertido en el primer nombramiento realizado por el también nuevo consejero delegado de esta entidad, César González-Bueno. Pero no será la única nueva contratación que lleve a cabo. Y oportunidades de fichajes no le faltarán.

El caso de Bankia y CaixaBank se repetirá pocas semanas después en Unicaja. El banco de origen malagueño también está en proceso de fusión, en este caso con Liberbank, y la constitución del nuevo organigrama supondrá la salida de otro destacado grupo de ejecutivos.

La banca contrató en octubre a Oliver Wyman, cuyo trabajo no convenció a todos. Pese a ello, en diciembre volvieron a fichar a esta consultora

Banco Sabadell, entidad que pese a salir en todas las quinielas como el próximo en protagonizar una operación corporativa ahora apuesta por su independencia, o eso dice, también aprovechará, como se ha dicho anteriormente, en remodelar su cúpula tras la entrada de un nuevo primer ejecutivo.

BBVA será otro de los bancos que previsiblemente dé un vuelco a su consejo de administración desde el ascenso de Carlos Torres a la presidencia. Los cambios afectarán a los consejeros que aún mantienen su sillón desde la etapa de Francisco González.

Pero a las salidas y mudanzas de los ejecutivos de estas entidades se les sumarán otras, en este caso posiblemente más traumáticas, como son los despidos de miles y miles de trabajadores de las cuatro entidades mencionadas.

La fusión de Bankia y CaixaBank supondrá la salida de unos 7.000 a 8.000 empleados, a los que se sumarán otros 1.800 de Sabadell. En el caso de Unicaja y Liberbank entre prejubilaciones y salidas voluntarias el número de despidos se elevará a unos 1.900 empleados como mínimo, cifra que puede elevarse a 2.500.

BBVA también anunciará en los próximos días un ajuste de plantilla, el primero que lleva a cabo el banco desde hace años, ya que había optado hasta ahora por las prejubilaciones selectivas o bajas naturales.

A estos despidos es muy seguro que se le sumen en los próximos meses otros. Todo por ahorrar costes y por el giro que están dado los bancos, que están pasando de tener las calles regadas de oficinas a convertirse en plataformas financieras con un selectivo número de sucursales que más que para atender al público serán para vender productos al cliente. Toda una revolución bancaria.
Bueno, pese a estos cambios en el ecosistema de la banca, estas entidades quieren defender su utilidad en la sociedad, nada comparable con las fintech.

Quieren también ser los canalizadores de los fondos europeos y de las ayudas directas que pretende aprobar en breve el Gobierno, cuyo principal destino serán las pymes y los autónomos. Y lo serán. Quieren demostrar que, pese a su reestructuración, son imprescindibles para la sociedad. Son los intermediarios en la concesión de los créditos, algo que las fintech no han conseguido y difícilmente lograrán.

Las ayudas directas son ahora el debate entre la banca y el Gobierno. Ambas partes reconocen la necesidad de inyectar fondos o ayudas a las pymes ante la crisis sanitaria y económica. El problema es el concepto de ayudas directas.

Mientras que la banca es partidaria incluso de inyectar capital a las empresas viables para evitar su cierre, en Economía, y sobre todo su responsable, Nadia Calviño, quieren evitar los manguerazos, ya que le pueden destrozar sus presupuestos y aumentar el déficit público.

Solo un cotilleo. Me dicen que al Gobierno, y sobre todo a Calviño, no le sentó nada bien que la presidenta de Banco Santander, Ana Botín, anunciara en la presentación de resultados de la entidad correspondientes a 2020 que el Ejecutivo posiblemente comunicase en breve un plan de ayudas directas.

Tampoco sentó nada bien a un grupo de bancos que las patronales volviesen a contratar a la consultora Oliver Wyman para que analice la salud de las empresas que han recibido créditos ICO.

De este estudio saldrá la cifra de las ayudas que se darán a las compañías que lo soliciten ante la pandemia. La consultora ya elaboró en octubre un informe para el sector del que salió el proyecto de ampliación del plazo de amortización de los ICO, y del periodo de carencia. Esta solución, aunque aprobada, no convenció a las partes, que esperaban algo más.

Tras esta decepción el sector suspendió el contrato, pero en diciembre se volvió a fichar a la misma firma, con el consiguiente enfado de algunos. La razón de repetir la contratación está, según explican varias fuentes financieras, en que con el primer informe parte del trabajo para el actual plan de ayudas estaba hecho, y así era más sencillo. Bueno, y que otras entidades consideran que su método de análisis es bueno.

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