¿Es Illa el Biden contra el procés trumpista?

El independentismo es supremacista, divide al pueblo, desprecia la ley, levanta muros con el vecino y utiliza la mentira, nada que no sepa Trump

La lluvia de elogios que ha caído sobre la figura de Salvador Illa en las últimas semanas tiene como espejo el vendaval de descalificaciones que le lanzaron desde todos los partidos, excepto el suyo, claro, en la sesión de la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados. Sin embargo, parece que los ciudadanos, al menos eso dicen las encuestas, ven más al Illa “sobrio y fiable”, como señalaba Claudi Pérez (El País), que al “negligente y a la fuga”, que diría el PP.

De momento, el PSOE-PSC va ganando la batalla mediática de la precampaña, aunque la duda es si se trata de flor de un día o hay un sustento real. Hasta el recuento del 14 de febrero, si no hay retraso, no sabremos si se confirman las expectativas.

Los acontecimientos van dando la razón al PSOE, que sólo con “candidatar” a Salvador Illa domina el relato de la campaña electoral. Este lunes se vio claro en el Congreso, cuando todos identificaron a Illa como el rival; por eso votaron juntos ERC y Junts per Cat con Ciudadanos, PP y Vox, en una alianza inverosímil, difícil que de repetir.

Los estrategas del Gobierno, esto se teje en Moncloa, en el equipo de Iván Redondo, quieren aprovechar la imagen que se ha labrado Salvador Illa durante este año de “legispandemia” y convertirlo en una especie de Joe Biden contra Donald Trump: Illa contra el malvado procés.

Salvador Illa es un político exento de carisma, pero que ofrece trabajo, seriedad, respeto y credibilidad. Ha demostrado que es capaz de llevar sobre sus espaldas una crisis sanitaria sin precedentes. Son atributos muy similares a los que describían los analistas de Biden y, seguramente, vieron sus votantes.

Ambos, Illa y Biden, tienen enfrente fenómenos con mucha vida común. El trumpismo y el procés se han caracterizado por generar división dentro de su pueblo, por el desprecio de la ley, por utilizar la mentira como herramienta de gestión, por intentar levantar muros con sus vecinos y por un supremacismo que resulta insultante. La gran diferencia está en que en Estados Unidos todo se ventilaba entre dos opciones, mientras que en Cataluña hay una panoplia de nueve partidos políticos con perspectivas de conseguir escaño.

Un sondeo realizado por Metroscopia entre el 11 y el 15 de enero apuntala la idea de que la elección de Salvador Illa puede funcionar. Según este estudio, dos tercios de los catalanes desaprueban la gestión del gobierno de la Generalitat, creen que el procés ha sido negativo, rechazan el unilateralismo y creen que la independencia no debería de ser la prioridad del próximo ejecutivo. En sentido contrario, hay un tercio que, pese a todo, sigue creyendo que tanta confrontación merece la pena.

Estas cuatro preguntas van acompañadas de la previa a elegir papeleta. De las siguientes opciones de Gobierno, ¿cuál preferiría? En perfecta coherencia con las anteriores, el 32% de los catalanes quiere un gobierno integrado exclusivamente por partidos independentistas, como los de la última década, y un 66% quiere cambiar. Es un porcentaje enorme; pero, ¿qué quieren éstos? El 28% desea lo contrario, un gobierno de no independentistas, mientras que el bloque mayor de todos, el 38%, quiere un ejecutivo de coalición entre los dos bloques.

En este contexto de hartazgo del procés y crecimiento de las opciones que apuestan por dejar atrás los dos bloques y conseguir un gobierno transversal, el PSC-PSOE juega con ventaja. Es el único partido que, sobre el papel, luego vendrá la realidad de los números, podría elegir formar parte de un tripartito de izquierdas con ERC y En Comun Podem, o de un gobierno sin independentistas con Ciudadanos y apoyado por PP y Vox. En sentido contrario, ERC es muy probable que pueda elegir entre reeditar el gobierno actual o el tripartito que sacó adelante los presupuestos generales del Estado. Por esto, por la confluencia de los mismos en Madrid y Barcelona, el escenario más factible es el del tripartito, mientras que el del PSC con la derecha resulta difícil de urnas e increíble de despachos.

La capacidad de cintura del PSC que ahora suena bien, fue su debilidad en comicios anteriores. La polarización entre independentismo y españolismo aupó a Ciudadanos, que tenía un mensaje contundente contra el procés, y lastró a Miquel Iceta y al PSC, pues se les percibía contemporizadores con el mundo indepe.

¿Qué ha cambiado desde 2017, cuando el PSC quedó cuarto (17 diputados), a hoy? Además del empacho con un procés que enfrenta y divide a las familias igual que pasó en el País Vasco con ETA, quizás lo más determinante hayan sido el cambio de inquilino en La Moncloa y la pandemia.

La mayor confrontación en Cataluña y entre la Generalitat y el gobierno central se produjo con el PP y Mariano Rajoy en el Gobierno de España. Es de sobra conocido que PP e independentismo se retroalimentan. El primero le saca rédito en el resto de España y los segundos en su terruño. Hoy, con el PSOE en el poder, ese frentismo no funciona. Basta comparar el rol que jugaba el ministro catalán del PP, Jorge Fernández-Díaz, y el de Josep Borrell o Salvador Illa. Uno incendiaba, por no hablar de presuntos delitos, y los otros apaciguaban, como también hizo Josep Piqué (PP).

Además, en el último año llegó la pandemia, que, como efecto secundario, ha reforzado el valor de la pertenencia a Europa, de donde vendrá una ayuda crucial, y empequeñecido los microcosmos. Para más inri, cogió a un ministro catalán precisamente al frente de Sanidad.

Salvador Illa ha demostrado un talante ideal en tiempos de guerra. La historia está llena de personajes puros y castos, que fracasaron por inodoros e insípidos, justo son los efectos secundarios del Covid 19. Al independentismo, como a Donald Trump, se le gana contando votos.

Aurelio Medel es Doctor en Ciencias de la Información y profesor de la Universidad Complutense