BCE

Lagarde ve riesgos menos pronunciados pero se mantiene alerta sobre la economía

Deja intacta su hoja de ruta pero avisa de que puede volver a revisar su plan de compras si fuera necesario

El Consejo de Gobierno del BCE ha mantenido hoy sin cambios el rumbo de la política monetaria en la zona euro. La estrategia ya quedó fijada en la cita del pasado diciembre, cuando ante un deterioro económico mayor del previsto a causa de la pandemia, el BCE decidió elevar en 500.000 millones de euros su programa extraordinario de compras de deuda (PEPP por sus siglas en inglés), hasta los 1,85 billones de euros, y extenderlo hasta al menos marzo de 2022, durante nueve meses más. Además, reforzó las líneas de liquidez TLTRO, con tres nuevas rondas y la prolongación de la bonificación del 1% para los bancos que pidan financiación destinada a la concesión de crédito.

El BCE se ha marcado como prioridad garantizar durante todo este año un fácil acceso a la financiación para empresas y Gobiernos de la zona euro, que afrontarán otro año de fuertes emisiones de deuda con la que financiar el elevado gasto público que supone la respuesta a la pandemia. De hecho, las primas de riesgo continúan bajo control y los rendimientos de la deuda en zona de mínimos pese a la creciente preocupación por el impacto económico que tendrá la tercera ola del coronavirus en la zona euro. El ritmo semanal de compras bajo el programa PEPP se mantiene por el momento por debajo de los 20.000 millones de euros.

"Si las condiciones de financiación favorables pueden mantenerse con unos flujos de compras de activos que no agoten la dotación del programa durante el horizonte de las compras netas del PEPP, no será necesario utilizar la dotación íntegramente. Asimismo, esta dotación puede recalibrarse si es necesario para mantener unas condiciones de financiación favorables que contribuyan a contrarrestar el impacto negativo de la pandemia en la senda de la inflación", explica el comunicado.

"El Consejo de Gobierno sigue estando preparado para ajustar todos sus instrumentos según proceda, a fin de asegurar que la inflación avance hacia su objetivo de forma sostenida, en línea con su compromiso de simetría", añade la nota emitida tras el encuentro. Después de tomar decisiones de calado en diciembre, la institución aguardará a ver la evolución de la zona euro en los próximos meses antes de tomar nuevas medidas.

Por lo pronto, Christine Lagarde ha reconocido en rueda de prensa que la pandemia sigue siendo un "serio riesgo" para la salud pública y la economía de la zona euro y ha reconocido que las últimas restricciones por la tercera ola están impactando en la actividad, en especial en el sector servicios. En definitiva, ha advertido de "riesgos" y de "impacto" en el corto plazo en el crecimiento y la inflación de la zona euro, aunque dentro del escenario que maneja la institución.Y añadido que esos riesgos son ahora "menos pronunciados".

La presidenta del BCE ha afirmado que la pandemia ya ha causado impacto económico en el cuarto trimestre de 2020, que se extenderá en el primer trimestre de este año, "en línea con las previsiones macroeconómicas de diciembre". Descarta por el momento una revisión a la baja de sus proyecciones pero también ha evitado lanzar un mensaje de optimismo. "Podemos usar todos los instrumentos disponibles y no hay nada que no esté sobre la mesa", ha asegurado Lagarde. Así, el PEPP podrá no emplearse en su totalidad o elevarse de nuevo. Todo dependerá de si el BCE cumple su objetivo de asegurar unas condiciones favorables de financiación, según ha explicado su presidenta.

Lagarde ha señalado que hay una serie de factores positivos para mantener sus previsiones de diciembre, que aun así serán sometidas a revisión en la reunión de marzo. Ha citado el inicio de la campaña de vacunación, a pesar de algunas dificultades; el acuerdo alcanzado para el Brexit, la elección de Joe Biden en EE UU y la amplia victoria demócrata, el hecho de que la industria europea esté en una clara "senda de recuperación", y que haya acuerdo en la UE sobre el fondo de reconstrucción, aunque aún esté pendiente su ratificación definitiva, reclamada por Lagarde. 

En paralelo, en el lado negativo, la presidenta del BCE ha insistido en el avance de la pandemia y en la aparición de nuevas cepas, lo que "podría requerir más restricciones". "Nuestra previsión de diciembre es ampliamente válida, aunque hay claros riesgos", ha zanjado.

Lagarde ya señaló la semana pasada que sus previsiones de crecimiento en 2021, del 3,9%, siguen siendo “claramente verosímiles”. Y aseguró que "se ha comenzado el año de una manera más positiva de lo que algunos quieren ver".

Algunas firmas sí han ajustado a la baja sus previsiones de crecimiento este año para la zona euro, como Bank of America, que lo ha rebajado del 3,9% al 2,9%. En Goldman Sachs auguran una ligera contracción del PIB del primer trimestre en la zona euro del 0,1%, motivado por las nuevas restricciones a la movilidad.

Para 2021, el BCE espera un alza del PIB de la zona euro del 3,9%, que recortó en sus proyecciones de diciembre desde el 5% anterior. Y augura una contracción del 2,2% en el PIB del cuarto trimestre de 2020. Según el BCE, los precios crecerán al 1% en 2021, al 1,1% en 2022 y al 1,4% en 2023. Lejos por tanto de la meta del BCE de aproximar la inflación al 2%.

Lagarde también avanzó en diciembre que no esperaba un grado de inmunidad en la zona euro como para volver a la normalidad hasta al menos finales de este año y que el PIB de la región no volverá a los niveles previos a la pandemia hasta mediados de 2022.

Estrategia integral frente al control de la curva

La presidenta del BCE ha defendido además una estrategia integral en su política monetaria, desmarcándose de la propuesta lanzada por el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, de establecer el control sobre la curva de tipos para dar más efectividad a la voluminosa compra de deuda. Es la estrategia que sigue por ejemplo el Banco de Japón, enfocada a mantener a cero el rendimiento del bono nipón a 10 años.

Según ha explicado Lagarde, el objetivo de facilitar unas condiciones favorables de financiación, no pasa únicamente por alcanzar "una rentabilidad en particular" para un activo de deuda sino por un conjunto de indicadores, como la curva de tipos o las primas de riesgo pero también el nivel de crédito bancario, de confianza del consumidor o las expectativas de precios. 

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