Hay que atar corto al monstruo de la deuda de los bancos centrales

La intervención agresiva y el empeño por mantener los tipos en cero o incluso en territorio negativo ya ha puesto en marcha la carrera por acumular deuda de riesgo

Hay que atar corto al monstruo
de la deuda de los bancos centrales

Los bancos centrales se pasarán el próximo año tratando de controlar al monstruo de la deuda que crearon en 2020. El desplome de los mercados tras la pandemia hizo que el presidente de la Reserva Federal, Jay Powell, tuviese que comprar bonos corporativos por primera vez, mientras que la presidenta del BCE, Christine Lagarde, reveló un plan de gasto de 1,85 billones de euros para apuntalar los mercados. Al tratar de resolver esta crisis, los bancos centrales sembraron las semillas de la siguiente.

La intervención agresiva de los bancos centrales y su empeño por mantener los tipos en cero o incluso en territorio negativo ya ha puesto en marcha la carrera por acumular deuda de riesgo. La rentabilidad de los bonos basura estadounidenses están en el 5% y los europeos están en el 3%. Según los índices de ICE Bank of America, la rentabilidad nunca había estado tan baja en Estados Unidos. El apogeo de los mercados de crédito tiene cierto componente de diseño. La promesa de créditos más baratos que nunca y el colchón del respaldo oficial si las cosas se tuercen es un incentivo para que las empresas se endeuden y para que los inversores presten dinero alegremente.

Poner limitaciones a los bancos canalizará aún mayores dosis de riesgo hacia los prestamistas no bancarios, en particular los llamados fondos de crédito privado. Sus activos crecieron más del doble desde 2012 hasta marzo de 2020, superando los 845.000 millones de dólares. Los reguladores tendrán que cerciorarse doblemente de que la exposición de bancos y aseguradoras a estos prestamistas es clara y manejable.

Luego está la amenaza persistente de las calificaciones crediticias, que volvieron a mostrar su influencia exagerada en 2020. Los fondos se vieron obligados a vender su deuda cuando las empresas cayeron por debajo del grado de inversión, y los vehículos respaldados por valores también notaron la tensión. Los reguladores tal vez tengan que desinflar un poco a las agencias de calificación mediante la eliminación de las cláusulas gatillo, o también podrían forzar a los fondos a someter sus carteras a pruebas de estrés para las rebajas de calificación.

Es imposible dominar del todo a los mercados crediticios. Pero cuanto más se desboquen los inversores, mayor será el susto el día que los bancos centrales liberen a su monstruo más formidable: tipos más altos.