El futuro del transporte de mercancías pospandemia

La Administración quiere imponer una velocidad de descarbonización inasumible en la práctica

Las restricciones decretadas para frenar la expansión del Covid-19 confirieron al transporte de mercancías y los profesionales que lo componen en sus diversos modos una visibilidad y reconocimiento social sin precedentes, ya que la nuestra es una de esas tareas esenciales en las que casi nadie repara habitualmente, pero que en las semanas de confinamiento se mostraron como lo que son, vitales. Pero la pregunta es: ¿durará mucho? ¿Quedará unido el transporte de mercancías a la idea de ser un sector vital para la sociedad y estratégico para la economía? Como yo mismo, más de uno de los que actúan en esta industria pensará que es una pregunta capciosa, porque, al menos desde las instancias gubernamentales, la respuesta es claramente negativa. No es solo que no salimos más fuertes, es que hemos pasado directamente, de nuevo, al baúl de los recuerdos de los desvanes ministeriales.

Durante los primeros embates de la epidemia y en los peores días de confinamiento, el sector del transporte de mercancías se convirtió en el único, junto a cuerpos y fuerzas de seguridad, sanitarios y distribución, que no solo no paró su actividad, sino que tuvo que gestionar variaciones de actividad que a punto estuvieron de resquebrajar su resiliencia y efectividad con incrementos del 140%, seguidos de caídas de más del 50%, en menos de cinco semanas.

Para luchar contra la respuesta negativa, impulsamos desde la Asociación del Transporte Internacional por Carretera, la patronal del sector que me honro en presidir, la presentación a la sociedad del informe prospectivo sobre el futuro del transporte de mercancías. Un informe que, a través de cuestionarios respondidos por líderes de opinión dentro y fuera del sector, consumidores, conductores, cargadores, transportistas, constructores, administración, empresas, ONG, etc., logra extraer conocimiento de los datos e identificar tanto a los actores más relevantes que definirán el futuro del mismo, como los escenarios a los que se enfrentan y la probabilidad de cumplimiento de sus objetivos.

A la cita de presentación en CEOE, acudió tanto el director de la consultora Torres y Carrera, que realizó el informe, como representantes de cada modo de transporte: terrestre, ferroviario y marítimo, junto a la Administración pública, en la figura del secretario de Estado de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, Pedro Saura. Las conclusiones de este fueron claras: empresas de transporte y la Administración son, entre todos los actores que conforman el sector, los que serán claves para definir su futuro como canalizadores de la sostenibilidad de la economía de futuro.

El estudio prospectivo define las preo­cupaciones en el horizonte del sector (a las que nos sumamos), visibilizadas en torno a las grandes empresas tecnológicas, el exceso de regulación y aumento de las trabas burocráticas a espaldas de las empresas, junto a los crecimientos descontrolados de la demanda. El sector al que represento no vive de espaldas a la transformación digital; de hecho, nuestras empresas están a la vanguardia del desarrollo tecnológico, ya que la planificación digital de rutas, la telemetría y la digitalización de documentos (como el CMR electrónico) o las bolsas de cargas facilitan y aumentan la productividad, seguridad y competitividad de las mismas. La Administración y las propias empresas deberán hacer frente a estos retos.

En cuanto a los objetivos que nos esperan y su cumplimiento, sin duda uno de los más relevantes y en el que los actores están más polarizados es la descarbonización o llegar a la neutralización de la huella de carbono. Todos conocemos de su importancia y trabajamos por ello, pero la Administración y las asociaciones medioambientales quieren imponer una velocidad de transición inasumible de manera práctica y con claro sesgo tecnológico hacia la movilidad eléctrica y el modo ferroviario. El sector trabaja, desde hace años, en la adopción de motorizaciones más eficientes que ya han reducido las emisiones nocivas en un 97%, y más de un 20% las de dióxido de carbono, en lo que va de siglo.

Estamos expectantes ante la regulación que se nos anuncia y deseosos de impulsar la transición ecológica, pero hoy por hoy lo que vemos como más factible a medio plazo gira en torno a los ecocombustibles sintéticos fabricados a partir de hidrógeno verde y carbono capturado del CO2 presente en la naturaleza.

En definitiva, espero que la valiosa información que aporta ese informe sirva para recuperar la atención, si no de toda la sociedad, al menos sí de las autoridades implicadas; que la Estrategia de Movilidad Segura, Sostenible y Conectada del Ministerio de Transportes no deje al transporte de mercancías, y a quienes lo hacen posible, reducidos a una nota a pie de página.

Marcos Basante es presidente de ASTIC