El Gran Confinamiento deja la mayor recesión desde la Guerra Civil

La pandemia causa un desplome del PIB y desbarata las cuentas públicas

El Estado ha movilizado más de 200.000 millones para contener el golpe

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La crisis financiera de 2008 fue considerada un cisne negro, un suceso inesperado, cuyo aleteo desde Wall Street provocó una recesión global que destapó miserias propias en cada región, desencadenando el estallido de la burbuja inmobiliaria en España o una crisis de la deuda soberana en media Europa. Se tilda ahora a la crisis del coronavirus de “rinoceronte gris”, un riesgo previsible pero para el que nadie se había preparado, cuya embestida ha ocasionado el mayor descalabro económico mundial en tiempos de paz. El Gran Confinamiento, como lo bautizó el Fondo Monetario Internacional, ha arreciado con especial virulencia en España, donde la emergencia sanitaria ha dado paso a una crisis económica y social de una magnitud sin precedentes, al menos, desde la Guerra Civil.

La sucesión de los acontecimientos puede leerse casi como una suerte de tragedia en tres actos.

Al inicio fue desaceleración

En el prólogo, España arranca 2020 sumida en una moderada desaceleración del empuje económico con el que abandonaba la crisis anterior, con un avance del 2% a cierre de 2019 y la perspectiva de tramitar unos nuevos Presupuestos Generales del Estado por primera vez desde 2018. Ese era el plan con el que se conformó, el pasado enero, el primero Gobierno de coalición desde la Transición, un pacto entre PSOE y Unidas Podemos que trataba de poner fin a la inestabilidad política del año anterior, marcado por dos Elecciones Generales. El ejercicio arrancó, sin embargo, con el eco creciente de un virus procedente de China que acabó cebándose en Italia y no tardó en comenzar a propagarse por España. El 4 de marzo, con 150 infectados y un muerto ligados al Covid-19, la vicepresidenta tercera de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, alertaba de que entrábamos en un periodo de fuerte incertidumbre pero asumía que la epidemia –no fue reconocida como pandemia hasta una semana después– tendría impactos “poco significativos” en la economía española.

Solo nueve días después, sin embargo, se superaban los 3.000 contagios y el Consejo de Ministros impulsaba un primer plan de choque de 18.000 millones de euros para reforzar la Sanidad y apoyar a familias y a empresas. Regiones como Madrid comenzaron a cerrar centros educativos y a restringir actividades. El día 14 de marzo, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, instaba al país a prepararse para cruzar la barrera de los 10.000 infectados y declaraba el estado de alarma en todo el país: los españoles quedaban confinados en sus casas salvo para trabajar, ir al médico o adquirir productos de primera necesidad.

Solo esas dos primeras semanas de confinamiento bastaron para hacer caer el PIB un inédito 5,3% en el primer trimestre. El doble que el peor impacto de la anterior recesión, el descenso del 2,6% sufrido en el arranque de 2009. Comienza aquí el primer acto de la crisis.

La gran caída

El Gobierno impulsó entonces un plan de choque de 200.000 millones de euros, el grueso de ellos en forma de avales públicos para movilizar crédito bancario, dando paso a un aluvión de medidas paliativas o al impulso de los Expedientes de regulación de empleo temporal (ERTE) como red de seguridad del empleo que, en abril, llegó a cubrir a 3,4 millones de trabajadores.

El segundo trimestre arrancó bajo el cierre total de toda actividad no esencial (del 30 de marzo al 9 de abril), paradigma de la hibernación económica de la primavera. A partir de ahí, el Congreso de los Diputados fue prorrogando sucesivamente el estado de alarma hasta el 21 de junio, si bien el confinamiento comenzó a moderarse desde mayo, dando paso a un plan de desescalada y progresiva reactivación del país. Como resultado, la economía española se hundió en una sima vertical sin precedentes en los registros, con una caída trimestral del PIB del 17,9%, y del 21,6% anual. Con un segundo trimestre en caída libre la recesión era ya oficial.

La reactivación estival

Llegó entonces la ansiada “nueva normalidad”, el segundo acto, un paréntesis veraniego en el que el ritmo de contagios se relajó y las restricciones se volvieron quirúrgicas por regiones. La consecuente reapertura de fronteras reavivó el turismo (al 10% de un año ordinario, según Funcas), y el fin del confinamiento junto al periodo vacacional reactivaron el consumo, llevando a la economía española a protagonizar un rebote nunca visto, del 16,4% trimestral, según revisó el INE el viernes. La caída anual se redujo al 9%.

A partir de agosto, sin embargo, la recuperación comenzó a perder velocidad y al cierre del verano era patente que se había desatado una segunda ola de contagios. En octubre se superó el millón de infectados oficialmente reconocidos y el Gobierno promovió un nuevo estado de alarma hasta el mes de mayo, acompañado de un toque de queda, mientras presupuestaba el coste de un segundo confinamiento generalizado, según reveló la Airef. Las regiones comenzaron a poner en marcha nuevas restricciones, cerrando la hostelería durante semanas en algunos casos, y decretando cierres perimetrales que han seguido vigentes hasta Navidad, mientras que el número de trabajadores afectados por ERTE volvía a superar los 750.000.

Aunque el Gobierno sigue defendiendo que no es su “escenario central”, el grueso de analistas e instituciones, incluyendo al Banco de España (-0,8%), dan por hecha ya una nueva caída del PIB trimestral que lastrará la recuperación económica esperada para 2021.

Resaca de la segunda ola

El tercer y último acto otoñal de 2020 se cierra, así, con la previsión, más o menos generalizada, de que la economía culminará el ejercicio con un retroceso de PIB de entre el 11% al 12%. Por el camino, han saltado todas las costuras de las cuentas públicas. El coste de afrontar la pandemia (211.000 millones de euros, incluyendo los avales públicos) ha multiplicado el gasto público y reducido con fuerza los ingresos, con una caída de la recaudación del entorno al 7,6%, según Hacienda. Debido a este desequilibrio, el déficit público saltará por encima del 11%, desde el 2,8% de 2019, disparando la deuda pública del 95,5% al entorno del 120%. A su vez, la tasa de paro, oficialmente contenida algo por encima del 16%, se situaría en el 21,5% en términos efectivos si se tienen en cuenta a los afectados por ERTE y beneficiarios de prestación por cese de actividad.

El año del Gran Confinamiento concluye, sin embargo, con el arranque este domingo de la campaña de vacunación contra el coronavirus; la promesa de 72.000 millones en subvenciones europeas, de los que España ingresará 27.000 el próximo año y que canalizará con los primeros nuevos Presupuestos en tres años.

A partir de ahí, los analistas esperan un rebote del PIB del 6% en 2021, que el Ejecutivo eleva al 7,2% con la aspiración de auparlo al 9,8% con las ayudas comunitarias. Sea como fuere, la expectativa común es la de que 2021 suponga el arranque de una recuperación parcial. De cómo se aproveche ese reimpulso dependerá el número de años que se tarde en recomponer la economía o cuántos lustros llevará reconducir las maltrechas cuentas públicas que lega el año del Gran Confinamiento.

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