2021, más allá del Acuerdo de París

Urge incorporar cambios en los comportamientos y modelos de consumo privados y particulares

En abril de 2020 los confinamientos tan solo redujeron las emisiones globales de combustibles fósiles en un 17% (respecto al 2019). Una reducción que demuestra que cambios en el comportamiento no son suficientes y necesitamos transformaciones estructurales profundas en nuestro modelo productivo para cumplir con lo pactado por 195 países en París en 2015.

China y Estados Unidos ocupan el primer y segundo puesto en el ranking de emisores de dióxido de carbono, entre los dos son responsables del 28% y 15% de las emisiones respectivamente; en conjunto, del 43% de las emisiones del mundo. Con estos datos, cualquier medida que adopten estas dos potencias será clave para combatir o no el cambio climático. Dos grandes anuncios han ocurrido estas semanas que nos hacen tener esperanza en que quizá sí sea posible cumplir con el objetivo de mantener la temperatura media mundial muy por debajo de los 2ºC sobre los niveles preindustriales.

El primer anuncio fue el pasado sábado, 12 de diciembre, durante el Climate Ambition Summit, cuando el presidente Chino, Xi Jinping, anunció que China va a triplicar su capacidad de generación de energía eólica reduciendo consecuentemente su dependencia de carbón en un 65% para 2030. Y el segundo nos llegaba con la noticia de que Biden es oficialmente presidente electo de los EE UU, con lo que esperemos se active el plan climático de Biden y se inviertan los 2 billones de dólares prometidos durante el periodo electoral.

EE UU y China no son los únicos, líderes de 75 países han reiterado su apoyo al cumplimiento del acuerdo de París durante la Climate Ambition Summit e incluso algunos países e instituciones financieras han reforzado sus compromisos. El primer ministro británico, Boris Johnson, anunciaba que el Reino Unido iba a doblar su inversión (un total de 15.500 millones de dólares) en la lucha contra el cambio climático en los próximos cinco años, y el Banco Europeo de Inversiones (European Investment Bank) se ha comprometido a que al menos el 50% de sus inversiones se destinen a sectores relacionados con el medioambiente y el cambio climático para el 2025.

Las emisiones de dióxido de carbono, metano, óxido nitroso y otros gases de efecto invernadero (GEI) están aumentando la temperatura global, aumentando el nivel del mar, modificando los patrones de precipitaciones, incrementando la intensidad de las tormentas y dañando arrecifes de coral y la vida marina. Esto ya de por sí es un drama medioambiental y social por los desplazamientos que se producirán, pero lo es además económico.

Publicaba el Foro Económico Mundial (WEF-World Economic Forum) a principios de año que 44 billones de dólares, fundamentalmente provenientes de agricultura, construcción y alimentación, 50% del PIB mundial ni más ni menos, están en riesgo por su dependencia con la naturaleza y por lo tanto en riesgo debido al deterioro medioambiental por aumento en las temperaturas, pérdida de biodiversidad, la contaminación o la sobreexplotación. La dependencia con la naturaleza ocurre fundamentalmente en el sector primario, pero las consecuencias para los sectores secundario y terciario serán también muy relevantes si se descontrola la situación ambiental. Para entender mejor la situación podemos afirmar que están en riesgo 2.700 de millones dólares en China, 2.400 millones de dólares en la Unión Europea y 2,1 billones de dólares en Estados Unidos de valor económico por su dependencia con la naturaleza.

El aspecto más positivo de la situación, que no debemos dejar de lado, es que la sostenibilidad es también una fuente inmensa de oportunidades y se estima que revertir la situación actual podría generar hasta 10 billones de dólares en valor económico y más de 395 millones de nuevos empleos durante esta década.

Retomo las palabras de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen: “Nuestro objetivo debería de ser el de conciliar la economía con nuestro planeta, y encontrar un sistema que funcione para nuestra gente”. Los esfuerzos legislativos y de las organizaciones multilaterales están muy focalizados en la reducción en las emisiones de gases de efecto invernadero, pero ¿creemos que esto debería de ocurrir a cualquier precio? La viabilidad de nuestro modelo económico y social no solo depende de este aumento de temperaturas. Sin ir más lejos, el cambio climático es responsable de tan solo del 11% al 16% de la pérdida de biodiversidad, pero el otro 85% está vinculado a la sobreexplotación de recursos y contaminación fundamentalmente.

Aún hay muchos contrastes y falta de planes ambiciosos concretos para esta década, lo que nos urge a todos a actuar con más ambición e incorporar cambios en los comportamientos y en el modelo de consumo en los sectores privados y particulares y reforzar así el Acuerdo de París.

Isabela de Alcázar Benjumea es Directora global de sostenibilidad de IE University