Facebook tiene que seducir también al tribunal de la opinión pública

Lo mejor que puede hacer Zuckerberg es mantener un perfil bajo y no provocar a los políticos, como sí hizo Bill Gates

Letitia James, fiscal general de Nueva York.
Letitia James, fiscal general de Nueva York. AP

Facebook se enfrenta a dos sentencias en su batalla antimonopolio en Estados Unidos: una legal y otra en el tribunal de la opinión pública. La demanda multiestatal contra la empresa de redes sociales de 807.000 millones de dólares lanzada el miércoles podría prolongarse durante años. Mientras tanto, lo que más importa es garantizar que los 3.200 millones de usuarios de la compañía permanezcan en su mayoría impertérritos.

Los fiscales generales de casi todos los estados de EE UU, junto con la Comisión Federal de Comercio, cuestionan el historial de Facebook en cuanto a la adquisición de empresas, que según ellos es un bozal para la competencia. La jefa de la fiscalía de Nueva York, Letitia James, dice que Facebook se dedicó a una estrategia de “comprar o enterrar” (“buy or bury”) cuando compró Instagram en 2012 y WhatsApp en 2014.

El resultado más extremo podría ser una disgregación forzada. Pero el listón está bastante alto. Para eso, normalmente hay que demostrar que una firma adquirida era un rival significativo en vez de uno incipiente y los jueces son reacios a deshacer operaciones que ocurrieron hace mucho tiempo. Una multa es otra posibilidad, aunque Facebook tiene casi 56.000 millones de dólares en efectivo a su disposición.

Más impacto a corto plazo tiene la forma de reaccionar de los usuarios de Facebook a estos carros y carretas. Hasta ahora, no parece importarles. Los ingresos del tercer trimestre del grupo crecieron un sólido 22% interanual, mientras que los usuarios activos mensuales de su familia de aplicaciones aumentaron un 14%. El boicot publicitario del verano no causó mucho daño.

Para mantener así las cosas, la mejor opción de Facebook es asegurarse de que su jefe Mark Zuckerberg no se ponga en la diana. Cuando Microsoft se enfrentó a las investigaciones antimonopolio a finales de los noventa, el cofundador Bill Gates estuvo combativo y evasivo en el interrogatorio (aduciendo lapsus de memoria y siendo demasiado tiquismiquis con los fiscales). Microsoft evitó una disgregación, pero terminó llegando a un acuerdo y compartiendo su tecnología; Gates renunció a su cargo de consejero delegado en 2000.

El jefe de Facebook también tiene puntos débiles. En una comparecencia en el Congreso en julio, los legisladores mencionaron correos electrónicos de 2012 en los que Zuckerberg señalaba: “Instagram puede hacernos daño”, y otros que mostraban que a los ejecutivos de otras aplicaciones les preocupara que Facebook entrara en “modo de destrucción” si no vendían. No puede hacer que esos correos se evaporen, pero puede evitar redoblar la apuesta, es decir, provocar más a los políticos.

Facebook comienza con una ventaja, al menos: anticompetitiva o no, miles de millones de usuarios siguen felizmente enganchados a su servicio. Preservar eso manteniendo un bajo perfil es lo mejor que Zuckerberg puede hacer por sí mismo y por sus compañeros accionistas.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías