Francia elige la guerra fiscal equivocada con Estados Unidos

Sería mejor introducir un tipo mínimo global de sociedades que atacar solamente a las tecnológicas

El ministro de Finanzas francés, Bruno Le Maire, el pasado 12 de noviembre en París.
El ministro de Finanzas francés, Bruno Le Maire, el pasado 12 de noviembre en París. REUTERS

El ministro de Finanzas francés, Bruno Le Maire, quiere la ayuda del presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden en la reforma del impuesto de sociedades. Desafortunadamente, lo está haciendo de la manera equivocada.

Le Maire espera que Biden descongele las negociaciones globales que están estancadas desde junio. A Francia, Gran Bretaña, España e Italia les gustaría que gigantes digitales como Amazon y la empresa matriz de Google, Alphabet, pagaran impuestos en parte sobre la base de dónde se realizan las ventas, en lugar de dónde se declaran los beneficios. El régimen actual permite a las empresas de tecnología trasladar los beneficios generados en, por ejemplo, Francia, a países con impuestos más bajos como Irlanda y Luxemburgo.

El nuevo enfoque será tan difícil de aceptar para Biden como lo fue para sus predecesores. La Administración de Barack Obama, por ejemplo, ayudó a liquidar un intento anterior para adaptar las reglas del impuesto de sociedades a la era digital. El problema es que Francia y demás están tratando de alcanzar un dinero que podría acabar de regreso a las arcas de Estados Unidos, por ejemplo, cuando las empresas de tecnología muevan el dinero escondido en Irlanda a las costas de EE UU. No ayudará que Francia y Gran Bretaña introduzcan impuestos digitales de emergencia, que en su mayoría afectan a las empresas estadounidenses, en caso de que las conversaciones dirigidas por la OCDE fracasen.

Hay una opción más simple. En lugar de centrarse en las tecnológicas, los Gobiernos podrían introducir un tipo mínimo global de impuesto de sociedades. Ello convendría a todo el mundo excepto a los paraísos fiscales. América ya tiene una medida similar en la llamada disposición GILTI de su ley fiscal. Le Maire, por ejemplo, podría entonces tomar la diferencia entre el umbral acordado y lo que las empresas francesas realmente pagan por los beneficios declarados en los países de baja tributación. Pondría fin al incentivo de trasladar los beneficios.

Un análisis de la OCDE sugiere que la introducción de un tipo impositivo mínimo captaría hasta 70.000 millones de dólares fuera de Estados Unidos, y a las naciones de altos ingresos como Francia les iría particularmente bien. En comparación, los cambios que los países europeos quieren que se hagan en la fiscalidad de los servicios digitales recaudarían como mucho 12.000 millones en todo el mundo.

Es posible introducir un impuesto mínimo sin modificar las reglas para las empresas digitales. Biden probablemente podría soportarlo. Francia y otros países europeos, sin embargo, insisten en vincular las dos ideas, entre otras cosas porque hicieron un alboroto político sobre la tributación de las Big Tech.
El riesgo es que sus sueños de riqueza digital echen por tierra las posibilidades de un compromiso mutuamente beneficioso, en un momento en el que los Gobiernos de todo el mundo buscan ingresos para cubrir los déficits presupuestarios.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías