Innovador, mi pescadero

La restauración y el pequeño comercio han sido dos de los grandes afectados por la crisis del Covid, pero han sabido adaptarse

La pandemia ha puesto patas arriba nuestras vidas. Las de todos. A la fuerza, de la noche a la mañana, tuvimos que cambiar el paso, encerrarnos en casa y empezar a aceptar un mal sueño, del que todavía no hemos despertado. Si innovar significa introducir novedades para hacer las cosas de manera diferente, ahí nos hemos esforzado casi todos.

Si innovar implica aplicar el método prueba y error, en esto también nos estamos esforzando. Erramos más que acertamos, pero en eso consiste la vida, y esperemos que, tal y como predican los gurús de Silicon Valley, sumen más los fracasos que los éxitos.

Dos de los colectivos más castigados por la pandemia han sido el de la restauración y el pequeño comercio. Admirable la capacidad de resistencia y de supervivencia de ambos. Los primeros, mientras tenían los bares y restaurantes cerrados, incluidos los de alta cocina, empezaron a maquinar y a poner en marcha el servicio de comida a domicilio, con el que llevar un euro a la caja. Una iniciativa, con la que han innovado adaptando cocinas, probando técnicas, utilizando envases respetuosos con el medioambiente y reformulando platos para que viajaran bien. Aunque parezca sencillo, esto es innovar, sobre todo porque el servicio ha tenido éxito y ha llegado para quedarse.

Como lo es también que tu pescadero enganchara dos peces con el mismo anzuelo y se preocupara de localizar a sus clientes para que, en caso de que estuvieran enfermos o sintieran miedo de salir a la calle, tuvieran su merluza fresca en casa. Tampoco era el momento de perder parroquianos. Impagable, querido Javier Soto.

Paz Álvarez es la jefa de sección de Fortuna

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