Europa: federalismo y política exterior

La exigencia de unanimidad ha sido, desde el Acuerdo de Luxemburgo, el mayor de los frenos a la construcción europea

Europa: federalismo y política exterior

En un artículo publicado el pasado mes de junio afirmé que, como consecuencia de las decisiones adoptadas por el Parlamento europeo, por el Banco Central y por la Comisión europea, Europa no estaba muerta y que sería difícil que el Consejo europeo la llevara de nuevo a la UCI. Una decisión negativa a las iniciativas propuestas por las otras instituciones hubiera sido la puntilla a la continuidad del proyecto de integración europea.

El Consejo Europeo de julio actuó sabiamente y no solo no llevó a la UE a la UCI, sino que puso los cimientos necesarios para avanzar hacia su transformación federal, a su recuperación para contrarrestar los efectos del Covid-19, al refuerzo de su economía y a reafirmar su posición entre los líderes mundiales.

Por primera vez en su historia, la UE va a canalizar la mutualización de los riesgos entre los Estados miembros. Y los nuevos instrumentos financieros, tanto los definidos en torno al Plan de Recuperación (Next Generation EU) como los correspondientes a las perspectivas financieras 2021-2027, se sitúan en primera línea para la estabilización económica. Se sienta así un precedente para avanzar en el pilar de la estabilización fiscal que, junto con la unión bancaria y el Mecanismo Europeo de Estabilidad como prestamista de último recurso, completarían la arquitectura para una eurozona más robusta.

Pero la importancia del paso dado hacia el federalismo no se queda ahí. Se han acabado los chantajes que imponía el derecho de veto. El requerimiento a la unanimidad ha sido, desde el Acuerdo de Luxemburgo, el mayor de los frenos a la construcción europea. Y su política exterior una de las más perjudicadas.

Todo hace presagiar que el paso dado por el Consejo europeo puede proporcionar a la Unión Europea la recuperación del papel que ha jugado tradicionalmente como potencia mundial. La Unión debe disponer de voz y voto preferente en las principales cumbres y conferencias mundiales junto a las naciones más importantes. No se trata de reinventar Europa, sino de reconducirla hacia el liderazgo global. La Unión europea debe profundizar en sus tres aspiraciones fundamentales: la libertad, la seguridad y el progreso. La libertad individual y el respeto a la diversidad de opinión y creación forman parte de las esencias del europeísmo. La seguridad ha de venir dada por unas fronteras que garanticen una competencia leal y la defensa de sus convicciones morales y el progreso ha de sustentarse en la reafirmación del estado del bienestar reforzado por la superación de los actuales retos sanitarios, el cambio climático y la revolución digital.

El humanismo europeo exige acción y recuperación de su papel central en el mundo en el siglo XXI. Pero para ello necesita avanzar hacia un marco reforzado de su política exterior. Con este horizonte es importante reformar el proceso de toma de decisiones que la paraliza. La unanimidad es un muro que entorpece el desarrollo de una política exterior europea. Un ejemplo reciente se ha vivido con el bloqueo de las sanciones a Bielorrusia a consecuencia. del veto de Chipre. Esta circunstancia ha puesto de relieve que la Unión Europea se paraliza solo con que un país de los 27 vete una propuesta. El Alto representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la UE, Josep Borrell, ha manifestado recientemente su disposición a proponer medidas que permitan superar este tipo de bloqueos. Los Estados miembros son muy recelosos en la cesión de soberanía en esta materia que puede alterar sensiblemente su posición geoestratégica particular. No es fácil, pero, aunque sea lentamente, hay que avanzar, tal como se ha hecho en otras políticas europeas en las que se ha superado o mitigado el procedimiento de la unanimidad. Habrá que esforzarse para hacerlo en la política exterior.

El tablero global ha quedado desdibujado por el unilateralismo practicado por Donald Trump, por la pandemia de la Covid- 19, por la crisis económica y social que está golpeando al norte y al sur, a ricos y pobres y por la agresividad de la política comercial China. Todo ello puede cambiar en los próximos meses (posible cambio presidencial en EE UU, aparición de una vacuna, aumento de la desconfianza hacia China, etc.) y la Unión Europea debe estar en condiciones para asumir el establecimiento de firmes, estables y beneficiosas relaciones con terceros paises que le permitan recuperar su protagonismo en el mundo.

El más inmediato debería ser el establecimiento de un pacto con su vecino más cercano, África. Los líderes europeos han puesto a África en lo más alto de sus agendas. Tanto la presidenta de la Comisión, como el del Consejo europeo y el Alto Representante para las relaciones exteriores estuvieron en África a las pocas semanas de acceder a sus cargos ya que es en África donde se van a tomar las decisiones más importantes que encajan con las prioridades de la Unión: cambio climático, economía digital, crecimiento sostenible, economía justa o seguridad.

Probablemente el momento más relevante para tratar las reformas necesarias para activar la política exterior europea sea la Conferencia sobre el Futuro de Europa que se iniciará dentro de unas semanas y en la que sería oportuno lograr la superación de la unanimidad en el terreno de los Derechos Humanos y en el papel de la UE en las Organizaciones Internacionales en las que participa.

Recordemos que el refuerzo de la Unión europea como actor internacional es una de las prioridades de la actual Comisión.

Agustín Ulied es Profesor de Esade, Miembro del Team Europa y vicepresidente del CCME.