Un comandante ante el aterrizaje forzoso pospandemia de Iberia Express

Carlos Gómez Suárez, presidente y CEO de Iberia Express, es piloto militar y cercano a Luis Gallego desde que coincidieron en Clickair

Carlos Gómez Suárez, presidente y CEO de Iberia Express.
Carlos Gómez Suárez, presidente y CEO de Iberia Express.

Muy amable y dicharachero, Carlos Gómez Suárez (Ávila, 1970), recién ratificado como presidente y CEO de Iberia Express después de un año de interinidad, conoce bien el negocio: es piloto (militar), y sigue manejando aviones de vez en cuando. Parece eso, un piloto, más que un directivo; no encaja en el cliché del tiburón corporativo.

La crisis del Covid, la incorporación de Air Europa si culmina su compra por parte de Iberia, o la competencia en España con el tren liberalizado, son algunos de los retos inminentes para la firma, que opera rutas de corto y medio alcance con 24 aviones. Su misión principal es alimentar los trayectos largos de Iberia, pero también presta servicios punto a punto.

Por su padre, que era también piloto de caza y ataque del Ejército del Aire, se movió mucho de pequeño. Vivió en Morón de la Frontera (Sevilla), Albacete y Argelia, donde fue al Liceo Francés. Dominar ese idioma le ha servido mucho en su carrera. También vivió en Jerez y Zaragoza. Con 18 años se mudó a Madrid. Está casado y lleva con su mujer desde los 17. “Le debo todo”. Tienen dos hijos y dos hijas, en edad escolar y universitaria, y ahora viven en Las Rozas (Madrid).

Desde pequeño siempre quiso ser piloto de caza y ataque. “Nunca tuve dudas sobre lo que quería hacer. Siempre, desde que tengo uso de razón.” Vuela desde los 16, cuando empezó a hacer vuelos sin motor en un campamento de verano para hijos de militares, al que fue varios años seguidos. Estando en uno de ellos le llamaron para entrar en la Academia General del Aire, en San Javier (Murcia), tras dos años preparando las oposiciones después del COU.

Sus primeros recuerdos con la aviación son de cuando se iba a ver despegar los cazas en vuelos nocturnos en la base de su padre. Se pasaba horas y horas mirando. Una vez su padre le dejó entrar en la cabina y es cuando sintió “la llamada, el he nacido para esto”. Uno de sus primeros viajes en avión fue con sus padres en un Boeing 727: no recuerda el destino pero sí el modelo. Y

a como piloto, su debut fue en avioneta en San Javier. “La primera vez que vuelas solo es inenarrable, la adrenalina se dispara. Si tuviese que decir lo más llamativo diría que es la soledad en la cabina en los momentos difíciles. Al principio es un reto, pero con el tiempo te engancha, te ayuda a mantener la calma y a estar lo mejor preparado en todo momento ante lo inesperado. El empuje y la agilidad de un avión de caza en una de las sensaciones más maravillosas que se pueden experimentar”.

Una vez tuvo una avería grave en un vuelo nocturno y consiguió volver a la base, pero al aterrizar se salió por el final de pista porque no tenía frenos y fallaron las barreras de frenado. “En esos momentos, estás solo, dependes de tu preparación, de conocer bien los sistemas del avión, todos los procedimientos de emergencia, y de tu pericia para ejecutarlos correctamente”.

Le eligieron para hacer el quinto y último año de la formación militar en la Fuerza Aérea de EE UU. Destinado en Vance (Oklahoma), aprendió mucho de cómo hacen allí las cosas. La experiencia le marcó, y consiguió las alas de piloto de la USAF (Fuerza Aérea Americana). Después hizo el curso de caza y ataque del Ejército del Aire en Badajoz. Su primer destino fue Gando (Canarias). Estuvo nueve años en las islas. “Para mí el 462 de Canarias es el mejor escuadrón del mundo”. Allí tuvo “la suerte” de volar el Mirage F1, “un avión legendario”, y luego pasó al F-18.

Le destinaron a la Academia de San Javier como profesor. En ese tiempo le integraron en el gabinete del coronel, donde descubrió que también le gustaban mucho los puestos de gestión. Quedó el segundo de su promoción en el curso de Comandante, cargo que conserva todavía, en excedencia. “Justo cuando ascendí y estaba pendiente de que me asignasen destino me llamaron para incorporarme a Clickair. Pasé dos noches sin dormir y decidí dar el salto”.

En la aerolínea coincidió con Luis Gallego, ahora CEO de IAG y expresidente de Iberia, y Rafa Jiménez Hoyos, director de producción de Iberia, y ha formado parte de su equipo hasta ahora. Ellos le han enseñado todo lo que sabe del sector. En Clickair empezó en la división formativa, y con la fusión con Vueling en 2008 pasó a ser de jefe de seguridad de vuelo. Después, él y Jiménez Hoyos pasaron al área operativa, donde Gómez fue adjunto a la dirección de operaciones y jefe de la oficina técnica.

A finales de 2011, Gallego le propuso hacer el puente aéreo hasta Madrid para unirse al equipo que iba a lanzar Iberia Express, en la que ha sido director de calidad y seguridad, director de operaciones y director de producción. En 2019 le nombraron CEO interino, cargo que ha estado compaginando con el de director de producción.

Es muy madrugador, incluso el fin de semana. Se despierta a las 4:45 para salir a correr: ha completado numerosas medias maratones (en la de Madrid de 2017 cruzó la meta con su hija) y una maratón, Madrid 2016. Todos los años intenta hacer al menos dos medias. El fin de semana estudia y lee, sobre todo novela histórica, y le gusta el cine, pero no ve la televisión “para nada”. Es del Atlético de Madrid hasta la médula, lo menciona en todo momento. Es socio, y resalta que los colores del club coinciden con los de Iberia Express. Su destino “estaba claro”.

En cuanto a la gestión del equipo, le gusta mucho el rigor, es exigente, que las cosas se hagan bien. “El equipo está siempre por encima de cualquier individualidad, incluido yo”. Todo el mundo se equivoca, dice; no le preocupan los errores, sino aprender de todo y ser transparentes para compartir el conocimiento. “Me gusta que mi equipo sea muy inconformista. Hay que empezar de cero cada mañana, con la misma ilusión, empuje y determinación que el primer día.” Le motiva que llegue gente nueva y formarles “para tener un gran equipo que funcione con autonomía y esté preparado ante cualquier adversidad.”

Dificultades no faltan en el sector de la aviación, con recortes de empleo y de flota y la incertidumbre de cuándo volverán los viajeros. Carlos Gómez ya sabe cómo son los aterrizajes de emergencia.

En el aula

Lleva años matriculándose en dos o tres asignaturas trimestrales. “Me ayuda a desconectar y me gusta seguir formándome”. Tiene un Programa Avanzado de Desarrollo Directivo en la Universitat Oberta de Catalunya, entre otros cursos de Economía y Finanzas. Aficiones o “fricadas”, como dicen sus hijos, que le apasionan.

Impartió clases en la Academia General del Aire durante tres años, y en Clickair fue coordinador de instrucción de los tripulantes de cabina e instructor en tierra. Le gusta mucho la enseñanza.