La división vuelve a surgir en el BCE ante la respuesta a la segunda ola del virus

Lagarde reconoce ante el Parlamento Europeo que la recuperación es "incompleta, incierta y desigual"

La división vuelve a surgir en el BCE ante la respuesta a la segunda ola del virus
Reuters

La respuesta ante la gravedad de la crisis económica provocada por el coronavirus está agravando las fisuras en el seno del BCE y las diferencias en el Consejo de Gobierno de la institución se están poniendo de manifiesto ante el reto que supone la llegada de la segunda ola de la pandemia, según señala hoy la agencia Reuters citando fuentes del banco central.

El mandado de Mario Draghi concluyó con fuertes críticas internas y su sucesora Christine Lagarde ha tenido que recomponer el consenso dentro de la institución. Hasta el momento, el BCE ha tomado decisiones contundentes con un elevado grado de acuerdo, como el lanzamiento de un plan extraordinario de compras antipandemia, en principio por 750.000 millones de euros y luego ampliado en junio a 1,35 billones. Pero la división está surgiendo de nuevo a la hora de responder ante el deterioro económico que supone la llegada a la zona euro de una segunda oleada del coronavirus, señala Reuters. Fuentes oficiales del BCE declinan hacer comentarios.

Por un lado, los denominados halcones, partidarios de una política monetaria más contenida y capitaneados por Alemania, consideran que el BCE estaría dejando a un lado algunas de las buenas noticias de los últimos meses, como los indicadores económicos mejores de lo esperado que se han conocido durante el verano. Abogan por una reducción del ritmo de las compras de deuda, a la vista de la estabilización del mercado y del efecto que los estímulos fiscales, incluido el fondo europeo de reconstrucción por 750.000 millones de euros, pueden tener en la economía de la zona euro. Durante la semana pasada, el volumen de compras del programa antipandemia se mantuvo en niveles reducidos, con un incremento en 16.721 millones de euros, hasta rozar los 560.000 millones de euros. 

En el lado de las palomas o defensores de una política aún más acomodaticia están quienes advierten del impacto de la reciente apreciación del euro en las perspectivas de inflación. El miembro italiano del Comité Ejecutivo, Fabio Panetta, afirmaba la semana pasada que el gran riesgo para el BCE estaría no en hacer demasiado sino en hacer demasiado poco.

Por lo pronto, el BCE adoptó en septiembre una actitud de "esperar y ver", para decepción de quienes abogan en la institución por un discurso más decidido para frenar la apreciación del euro y a la hora de advertir de los riesgos para el crecimiento. Mientras, el mercado ya contempla que la nueva oleada de la pandemia fuerce a la institución a elevar de nuevo en diciembre su programa de compras extraordinario.

La presidenta del BCE Christine Lagarde ha vuelto a insistir hoy ante el Parlamento Europeo en que la recuperación económica observada en el tercer trimestre del año es “incompleta, incierta y desigual” y ha advertido que los esquemas fiscales de protección al empleo y de créditos con aval público son “determinantes pare reducir la incertidumbre y suavizar el impacto de la pandemia”. Además, ha apuntado que la inflación puede mantenerse en tasa negativa en los próximos meses en tasa interanual –quedó en el -0,2% en agosto-, reflejo de la caída de los precios de la energía, de un euro fuerte y de una rebaja temporal del IVA en Alemania.

"Estamos lejos del objetivo y no somos complacientes, pero hemos demostrado que cuando se trata de recalibrar nuestros instrumentos, aumentar su tamaño, siempre estamos listos para hacerlo para cumplir nuestro mandato", afirmó Lagarde, quien defendió que las medidas adoptadas hasta ahora han sido "proporcionadas".

La presidenta del BCE también defendió ante el Parlamento Europeo la flexibilidad del programa extraordinario de compras, que por primera vez se aleja de la regla de capital por la que la institución compra deuda de un país en proporción al peso que tenga en el capital del BCE, con las evidentes connotaciones políticas que ello puede implicar. De hecho, las compras extraordinarias del BCE se han inclinado más claramente a favor de Italia y España, las más golpeadas por la pandemia en sus primas de riesgo. Aun así, Lagarde ha aclarado que el programa (PEPP por sus siglas en inglés) es “temporal” y creado de forma específica para la crisis actual.

 

 

 

 

 

 

 

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