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¿Y para qué una fusión de CaixaBank y Bankia?

Con esta operación el Gobierno se quita un quebradero de cabeza, aunque la devolución de las ayudas no se materializará

Fotografía de multiexposición que muestra los logotipos de las entidades bancarias Bankia y CaixaBank
Fotografía de multiexposición que muestra los logotipos de las entidades bancarias Bankia y CaixaBank EFE

Esta semana los consejos de administración de CaixaBank y de Bankia aprobarán su fusión, lo que dará lugar a la creación del mayor banco de España por activos y cuota de mercado. Un gigante que cambiará nuevamente el mapa financiero del país, y que será el revulsivo para llevar a cabo otras operaciones tanto en el mercado doméstico como en otros países de Europa, empujados por la presión de los supervisores.

Inicialmente, la operación de fusión de las dos ex cajas de ahorros tiene sentido industrial, dadas las sinergias que se generan, crea un monstruo financiero capaz de codearse con las mayores entidades europeas, el banco resultante será más fuerte que los dos individualmente, o eso dicen, y evita que Bankia siga perdiendo fuelle en su negocio y su valor bursátil como consecuencia de la debilidad por la que atraviesa el negocio bancario por los negativos tipos de interés, la cada vez mayor competencia de las fintech y big tech, y ahora el desplome de la economía a causa de la pandemia.

Todo ello empobrece la participación del Estado, y por lo tanto del contribuyente.

Pero esta operación, sobre todo, quita un dolor de cabeza al Gobierno, que lleva desde 2013 arrastrando una participación superior al 60% (ahora es del 61,8%) en el capital de Bankia como consecuencia de su salvamento con ayudas públicas por más de 24.000 millones de euros, y que no sabía cómo desprenderse de ella sin deteriorar más su valor.

Hubo un año, 2012, en el que el Gobierno, entonces del PP, pidió a Europa ayudas por 40.000 millones de euros para rescatar al sector financiero español, y más concretamente a las cajas de ahorros, entre las que se encontraba Bankia. El ministro de Economía, en aquel momento, Luis de Guindos, ahora vicepresidente del Banco Central Europeo, aseguró en enero de 2013, y en años sucesivos, que la entidad que preside José Ignacio Goirigolzarri sería capaz de devolver las ayudas públicas, lo mismo que la de otras entidades intervenidas, como Novacaixagalicia o Catalunya Banc.

La banca española se ha convertido en el escenario de pruebas del sector financiero en Europa

Pero el tiempo pasaba y no había visos de devolución, aunque el Gobierno seguía insistiendo en el mismo mensaje, pero ya con bastantes matizaciones. En enero de 2016 Guindos ya no creía posible devolver al contribuyente las ayudas, pero sí que en dos años (2018) se lograse “una devolución muy importante” del dinero público inyectado en Bankia.

En diciembre de 2021 volvía a vencer el tercer plazo para la privatización de la entidad, y todo hacía prever ya que el Estado tendría que ampliarlo nuevamente. Cómo se va a vender una participación del Estado del 61,8% de un banco en medio de la resaca de una pandemia, con una economía agonizante y un sector financiero con un negocio muy debilitado.

Por eso el proyecto ya histórico de La Caixa, primero con Josep Vilarasau, y desde hace dos décadas con Isidro Fainé, fue como abrir una ventana para la entrada de aire. Una bocanada que permitirá al Gobierno de Pedro Sánchez quitarse un problema de su mesa.

Pese a que la solución no permita la devolución de las ayudas, siempre se puede decir que la participación de Bankia, o del Estado, en CaixaBank, que será de alrededor del 14% al 15%, es más rentable que tener el 60% de la entidad que preside Goirigolzarri. Y también siempre se puede decir esta participación puede venderse en el mercado a otro banco, a fondos, o en Bolsa poco a poco.

¿Pero son necesarias las fusiones bancarias en España? Que se puedan hacer, sí; que parece que un banco grande es más resistente que uno pequeño, también; que hay muchas entidades financieras en España, pues depende con qué se compare. La lista de bancos en otros países europeos es tan extensa como en el mercado doméstico.

En España los cinco grandes grupos bancarios (Santander, BBVA, CaixaBank, Bankia y Sabadell) suman una cuota de mercado por activos a marzo de este año de casi el 70%, que pasa a ser del 72,4% si se añade Bankinter.
Por créditos, la cuota es del 71% y en depósitos de clientes del 68,3%. Unos niveles de concentración elevados. Una vez que se fusionen CaixaBank y Bankia su peso en créditos de clientes será del 23% y en depósitos la cuota será de unas décimas más.

Pese al peso de los cinco grandes en el sector, y del que tendrá la nueva entidad, no hay peligro de oligopolio, según explica el Banco de España, porque el flujo del crédito y su precio no se verá alterado en el mercado doméstico. Este es, de hecho, uno de los principales puntos en los que pondrá el foco Competencia.

Pero los clientes tendrán más limitada la oferta para elegir un banco. Muchos volverán a tener que cambiar de oficina porque nuevamente cerrarán la suya, ya no les atenderá ese gestor con el que habían logrado confiar sus ahorros otra vez, y otros tendrán que abrir otra cuenta en una nueva entidad porque les gusta diversificar su dinero, y resulta que eran usuarios de Bankia y de CaixaBank. Y el empleo volverá a sufrir una nueva constricción, con la destrucción de unos 7.000 a 8.000 puestos de trabajo que no se recuperarán.

Aunque la necesidad obliga, y todos los expertos y autoridades nacionales e internacionales coinciden en que la banca debe pasar por otra reestructuración y nuevas fusiones. Su rentabilidad no levanta cabeza, y las perspectivas de futuro son peores.

El dilema es por qué la banca española es la que parece que va abriendo paso a la del resto de Europa. Con la crisis financiera fue la que más oficinas cerró, casi el 48%, y más empleo destruyó, el 38%. También es la que más entidades fusionó.

Además, tiene el deshonor de protagonizar la primera y, de momento la última, resolución de un banco con la nueva regulación europea, que se produjo con la intervención de Banco Popular el 7 de junio de 2017. Y ahora estrena la nueva oleada de fusiones. La unión de CaixaBank y Bankia pretende ser un aliciente para reducir el mapa bancario en España y en Europa. Solo falta, y no se descarta, que un banco español, que podría ser Santander, protagonice la primera gran fusión paneuropea. Todo esto ¿es bueno o es malo? Ni idea.

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