Un paso más hacia la banca del siglo XXI

El gran reto es adaptar la nueva entidad al entorno competitivo de la era de la tecnología global

En 2012 Caixa y Bankia iniciaron negociaciones para fusionarse. Caixa tenía el 50% de los depósitos del sector de las cajas de ahorros y ocho años después no ha necesitado capital público para superar la peor crisis financiera mundial en 80 años. Bankia, semanas después de aquel intento fallido de fusión, forzó al Gobierno de Rajoy a pedir el primer rescate financiero internacional de la historia de la democracia y tuvo que ser recapitalizada con dinero público. Si aquella fusión se hubiera materializado, seguramente habría descapitalizado Caixa y habría tenido efectos desastrosos para la economía española.

Hoy Caixa ya es un banco, aunque su principal accionista sigue siendo su Fundación, y Bankia, gracias a la excelente labor de José Ignacio Goirigolzarri y su equipo, es una entidad saneada y eficiente. La fusión ahora tiene sentido para recuperar el terreno perdido con Santander y BBVA desde 2008. Los accionistas de Caixa parecen alineados con la operación y los contribuyentes españoles, propietarios de Bankia, mantendríamos una participación en una entidad más grande y con más potencial para generar beneficios y recuperar el dinero público invertido en 2012. Esta operación cerraría la crisis bancaria de 2008 y debería permitir mirar al futuro, con los pies muy aferrados en el presente y la crisis actual y sin olvidar nunca los excesos de la burbuja para no volver a repetirla.

La fusión también debería ayudar a normalizar la situación sociopolítica y territorial de nuestra querida España. La nueva entidad tendrá casi el 90% de su negocio fuera de Cataluña. Al igual que Santander pasó de un banco local a ser el líder europeo por capitalización bursátil o BBVA de un banco vasco a uno global, Caixa será más española tras la fusión. Los catalanes deberían estar orgullosos de los éxitos de su entidad, igual que lo están los cántabros con Santander y los vascos con BBVA. Bankia fue nacionalizada por un Gobierno de derechas y perdería el control público con un Gobierno de izquierdas. Esto también debería ayudar a relajar la actual situación de tensión y facilitar la gobernabilidad. Como ha quedado demostrado en esta crisis, la banca pública la hace el ICO y no necesitas una entidad de banca comercial para que el estado intervenga en la economía siempre que la situación lo justifique.

En el haber de esta fusión hay muchos argumentos, pero también los hay en el debe. Las dos entidades cotizan en Bolsa muy por debajo de su valor en libros y la fusión provocará un fuerte aumento del fondo de comercio y del capital de la entidad resultante. Pero ese capital, con buen criterio, ya no se incluye en el capital regulatorio del supervisor europeo y eso resta atractivo a las fusiones. Las dos entidades han acometido un intenso proceso de mejora de eficiencia para mantener sus márgenes en un entorno de tipos del 0% y eso limita las potenciales economías de escala que había en las fusiones en el pasado.

Las dos entidades están bien capitalizadas según el test de estrés del regulador europeo. Pero el impacto de la pandemia sobre el Producto Interior Bruto y el empleo se reflejará en breve en morosidad e impactará sobre los resultados de la nueva entidad. Por esta razón, sería deseable que la operación se cierre cuánto antes y pronto el nuevo equipo se centre en gestionar la crisis en la que nos encontramos.

Pero el gran reto es adaptar la nueva entidad al nuevo entorno competitivo de la era de la tecnología global. WeChat, el WhatsApp chino, tiene WeChat Pay, que es un banco en el móvil. La aplicación permite abrir cuentas, comprar depósitos, hacer transferencias en 25 monedas diferentes, pagar con el móvil, pedir créditos, etcétera. El Gobierno chino va más avanzado que EE UU y Europa en lanzar su moneda digital. Las criptomonedas y el mercado de criptoactivos crece a toda velocidad. El acceso a datos masivos y la inteligencia artificial reduce las barreras de entrada al sector y está cambiando radicalmente el entorno competitivo bancario.

Sistemas de inteligencia artificial ya han demostrado ser más eficaces en selección de crédito y prevención de morosidad que los sistemas convencionales. Y estos nuevos entrantes operan con costes muy inferiores a los de la banca tradicional. El lugar donde más se ha desarrollado la banca por móvil es África y debe ser un modelo para la España vaciada, donde la mayoría de sus habitantes está ya conectado a un celular. Los fondos de capital riesgo tienen menos regulaciones y son más competitivos en muchos segmentos de banca corporativa. La nueva entidad también deberá liderar ese segmento si quiere perdurar y mantener el liderazgo.

Los bancos del siglo XXI tendrán menos trabajadores en las sucursales y más ingenieros de datos y desarrolladores de sistemas. La banca lleva muchos años en procesos de transformación digital. Ahora el reto es digitalizarse, como explican magistralmente Andrés Pedreño y Luis Moreno en su libro Prevenir el declive. En la era digital, para desarrollarse y crear empleo la economía necesitará instituciones que transformen el ahorro en inversión. En España, con una tasa de paro de nuevo elevada, estamos más necesitados aún de esta misión. Por esta razón, todos los españoles deberíamos desear que la fusión sea exitosa en el reto de adaptarse y perdurar en la era de la tecnología global.

José Carlos Díez es profesor de Economía de la Universidad de Alcalá