La escisión de la red de Telecom Italia está lejos de ser ideal

La venta de una parte a KKR es un primer paso hacia una fusión con OpenFiber, también semiestatal

Sede de Telecom Italia, en Milán.
Sede de Telecom Italia, en Milán. reuters

La escisión de la red de Telecom Italia hace tiempo que debía producirse, pero es imperfecta. La venta de una parte de su red de telecomunicaciones al capital riesgo estadounidense KKR por 1.800 millones de euros debería ayudar al operador italiano a acelerar la inversión en conexiones de banda ancha más rápidas. Sin embargo, un plan para fusionar posteriormente el cable de Telecom Italia con el operador rival Open Fiber, respaldado por el Estado, parece una intromisión perjudicial del Gobierno.

Telecom Italia, que vale 8.000 millones de euros, está aprovechando el creciente apetito de los fondos de infraestructura por las redes de telecomunicaciones fijas. La oferta de KKR de una participación del 37,5% en la recién creada compañía, FiberCop, que es propietaria de las líneas de última milla, le da un valor empresarial de 7.700 millones, incluyendo 3.000 millones de deuda. Eso equivale a unas aparentemente baratas 8,6 veces el ebitda estimado de FiberCop para 2021, de 900 millones de euros. Morgan Stanley Infrastructure Partners pagó un múltiplo de 20 veces al adquirir una parte de la red de banda ancha portuguesa a la Altice Europe de Patrick Drahi.

KKR apuesta así a que las conexiones de FiberCop, en su mayoría de cobre, se habrán actualizado a cables de fibra óptica más rápidos y valiosos para cuando la venda, dentro de siete u ocho años. La perspectiva de que un inversor externo proporcione una inyección de dinero es una plantilla posible para otros operadores europeos cargados de deudas, como la británica BT.

Sin embargo, el modelo italiano está lejos de ser ideal. El acuerdo de FiberCop es un primer paso hacia una fusión patrocinada por el Gobierno de la red de Telecom Italia con un rival más pequeño, Open Fiber. El inversor estatal Cassa Depositi e Prestiti tiene participaciones en ambas compañías. El Ejecutivo cree que las dos están duplicando innecesariamente las inversiones, lo que retrasa el despliegue de las conexiones ultrarrápidas en Italia.

No hay duda de que Telecom Italia, que pretende mantener una participación de al menos el 50,1% en la entidad fusionada, se beneficiaría de la reducción de la competencia nacional. Menos claro está si el nuevo monopolio de la red, cuyo alcance y valoración exactos aún no están claros, tendría los mismos incentivos rigurosos para desplegar rápidamente las conexiones de fibra. Y la compleja integración mantendría ocupado al consejero delegado, Luigi Gubitosi, durante al menos dos años.

Las contorsiones de Telecom Italia ponen de relieve un problema grave: la transición a una fibra más rápida requiere grandes inversiones que los endeudados operadores no pueden permitirse por sí solos. El peligro, sin embargo, es que demasiada intromisión del Gobierno estanque la tan necesaria renovación de la banda ancha.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías