Una nueva agenda alimentaria en tiempos de Covid

Hay que concienciar de que los productos de origen vegetal son más sostenibles que los de procedencia animal

A estas alturas de 2020, cuando la pandemia del coronavirus, lejos de remitir, recupera fuerzas y se propaga por el mundo (en una segunda oleada) arrastrando a su paso vidas, medios de subsistencia y proyectos empresariales, el virus no debería hacernos olvidar el resto de la agenda humana, en expresión de Yuval Noah Harari. Ahora, como no puede ser de otra manera, toda la atención se centra en contrarrestar el Covid-19 y mitigar el impacto de la gran recesión, pero, en medio de la incertidumbre, ¿podemos caer en la tentación, y en el error, de olvidar la batalla de la sostenibilidad? Conocemos la magnitud de esta crisis repentina, y la larga sombra que arroja, pero la cuestión es: ¿podemos permitirnos relegar la agenda climática?

Mi opinión es que cometeríamos una gran equivocación si hiciéramos tal cosa. La acción climática no solo seguirá siendo crítica durante las próximas décadas; el reclamo global (de científicos, políticos, empresarios, compañías, industrias, organizaciones civiles...) avanza que la extinción del coronavirus pasa, entre otras muchas decisiones, por mantener activa la agenda climática. Será uno de los temas claves de nuestro futuro más próximo. De la misma manera que será relevante y prioritaria una gestión adecuada del agua, otro de los objetivos y retos fundamentales de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

En la Semana Mundial del Agua cabe destacar que se trata de un recurso tan necesario para el funcionamiento de la economía mundial como puede ser la contribución de las energías renovables o la correcta utilización de los datos. Conocemos bien el papel del sector agrícola en las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), pero a veces olvidamos el impacto (no siempre deseado) que tiene la agricultura en el uso y consumo de los recursos hídricos: el 70% de las extracciones de agua dulce se destinan a la agricultura, frente al 19% de la industria y el 11% de los hogares.

La Semana Mundial del Agua 2020 es, sin duda, un buen momento para realizar una reflexión conjunta sobre cómo cultivamos, cómo comemos e, incluso, cómo desperdiciamos alimentos y cuál es la huella hídrica que dejamos a nuestro paso.

La industria alimentaria tiene que asumir los retos que el cambio climático y ahora el coronavirus le han puesto por delante, a través del consenso entre los Gobiernos, las empresas, los inversores, los ciudadanos y las ONG. La cooperación adquiere un protagonismo decisivo.

Nuestro compromiso medioambiental es una exigencia grabada en nuestro ADN como compañía y concierne a todas nuestras actuaciones. Tenemos la obligación de lograr que los consumidores sean conscientes de que los alimentos de origen vegetal son más sostenibles que los productos de origen animal, al tiempo que nos esforzamos, día tras día, en reducir nuestra propia huella ambiental en cada una de las fases de la cadena de valor. Un proceso en el que necesitamos y demandamos la completa colaboración de las instituciones públicas.

Por esta razón, recientemente promovimos junto a la consultora Quantis un estudio para analizar la huella ambiental de nuestras margarinas (elaboradas con aceites vegetales) y el resultado fue que su producción es menos intensiva en el uso de la tierra y en el consumo de agua que la mantequilla láctea. En el caso de España, la margarina vegetal tiene una huella ambiental un 68% menor que la mantequilla láctea producida en el país.

Podemos congratularnos de que estos resultados estén alineados con los deseos de cada vez más consumidores a nivel global, y en especial con las intenciones de los consumidores españoles, que afirman en avanzadilla (4 de cada 10) estar dispuestos a adoptar una alimentación basada principalmente en vegetales y frutas para ayudar al medio ambiente.

Esta mentalidad se ha visto acentuada durante el confinamiento, según un estudio sobre nuevos hábitos saludables que hemos elaborado: cerca del 70% de los españoles señaló haber modificado su dieta y haber incrementado la ingesta de productos vegetales en los últimos meses y son los jóvenes quienes se sitúan a la cabeza de este cambio.

Así pues, el impulso está en marcha y la decisión, en nuestras manos. Según el estudio de ProVeg Más allá de la carne, si la población española optase por una alimentación basada en frutas y verduras, se podrían ahorrar más de 62 millones de toneladas de dióxido de carbono al año, y si el conjunto de la sociedad española siguiera una dieta basada en plantas y productos de origen vegetal, podríamos ahorrar alrededor de 1,7 billones de litros de agua al año.

No subestimemos nuestra capacidad de decisión (como individuos, como ciudadanos y como industrias) para transformar el mundo y hacerlo más saludable, y sostenible.

Jordi Fàbregas es director general de Upfield España