El sistema fomenta las terapias nuevas, pero no sus versiones baratas

Momenta, comprada por Johnson & Johnson, se disparó en Bolsa cuando empezó a desarrollar sus propios fármacos

Edificio de J&J en Irvine (California, EE UU).
Edificio de J&J en Irvine (California, EE UU). reuters

Los incentivos financieros importan, incluso en cuestiones de vida o muerte. Véase Momenta, la farmacéutica que va a comprar Johnson & Johnson por 6.500 millones de dólares. Se fundó hace casi dos décadas, y pasó la mayor parte de su existencia desarrollando versiones a precio reducido de fármacos complejos (que se hacen en células vivas), solo para tener pérdidas recurrentes. Hace dos años, se desvió hacia nuevas terapias de alto precio para enfermedades autoinmunes, y desde entonces se ha disparado en Bolsa.

Con las versiones baratas, consiguió que se aprobaran dos. Pero hacer llegar sus productos a los pacientes resultó un desafío. Los fármacos complejos son más difíciles de fabricar, y también es más probable que se encuentren con tratamientos ya existentes envueltos en múltiples patentes.

Veáse Humira, el fármaco más vendido de EE UU. Está protegido por 10 veces más patentes que un medicamento convencional. Las ventas nacionales de la terapia de AbbVie para enfermedades inmunológicas fueron en 2019 de 14.900 millones de dólares, un 9% más que el año anterior. Múltiples versiones han recibido la aprobación de las autoridades, pero los fabricantes han tenido que aceptar esperar hasta 2023 para lanzarlas. En Europa, donde hay menos protección contra la competencia, las ventas de Humira cayeron casi un tercio el año pasado.

Además, aunque tengan competencia, los que llegan primero tienen una influencia considerable en el mercado en cuestión de precios. Al principio, Momenta acordó posponer el lanzamiento nacional de su versión de Humira, antes de rendirse en 2019.

Momenta despidió a la mitad de sus trabajadores y se centró en los nuevos fármacos. Eso es bueno para los pacientes también, a su manera. Sus resultados favorables en los ensayos clínicos en curso pueden significar mejoras para personas con varias enfermedades raras y devastadoras. Pero es una pena que un sistema que fomenta la creación de terapias de vanguardia (y otorga generosas valoraciones a sus fabricantes) no fomente también el desarrollo de otras más baratas.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías