A la busca de un ciclo que consolide ahorro e inversión y capitalice la economía

Los gobiernos deben encaminar las decisiones a la recomposición de la actividad productiva

Hace el Banco de España en un artículo analítico publicado ayer un repaso feliz de la economía en España en 2019, el último año de un ciclo expansivo truncado por factores exógenos tan sorpresivos como una pandemia sanitaria tan agresiva como desconocida. Toda la evolución positiva de las variables financieras es ya historia, la de una espiral virtuosa iniciada en 2014 tras las reformas que lograron superar la media docena de años consecutivos en los que la economía había encadenado contracción de su riqueza por los excesos previos. 2020 no pudo culminar la recuperación de los niveles de empleo de 2007, aunque los de producción se habían superado ya, con un crecimiento muy fuerte del sector servicios y manufacturero, a la vez que una jibarización muy juiciosa de la construcción residencial. Ahora todos los esfuerzos deben dirigirse a recuperar el nivel que las finanzas de las empresas, de las familias y de las administraciones públicas tenían en 2019, aunque en muchos casos estaban aún desequilibradas, especialmente las del Estado.

Los hogares habían recompuesto su situación financiera, con récord de su riqueza neta, y con un crecimiento más intenso de los activos de inversión que de los depósitos tradicionales. Habían reducido también su apalancamiento hasta niveles muy gobernables, del 57% de su renta disponible, frente al 87% que llegaron a deber en 2010. Los activos financieros de los hogares triplicaban su renta bruta, con un avance importante en 2019, y la riqueza financiera neta la duplicaba, gozando de una inmejorable situación para afrontar nuevos retos inversores, además de poder hacer frente con relativa facilidad a sus obligaciones financieras; en todo caso, el sector hogares no es monolítico, y lógicamente una parte de los hogares tiene la riqueza, y otros, las deudas.

La catástrofe aún no conjurada del Covid-19 ha cambiado todo de sitio. Las familias están perdiendo renta disponible, como en ningún país en la OCDE, y tienen más dudas que en ningún otro país sobre su futuro de corto y medio plazo. Por ello han incrementado el ahorro precautorio, pero a costa de la reducción del consumo y de una paralización de la inversión, decisiones que pueden alimentar un círculo vicioso contractivo para la actividad que hay que frenar lo antes posible. Las autoridades deben dar todas las facilidades monetarias posibles, y lo están haciendo; y los gobiernos deben encaminar todas las decisiones a la recomposición de la actividad productiva, estimulando consumo e inversión, pero guardando en la medida de lo posible el rigor en el gasto para no crear problemas mayores en el medio plazo. España tiene que entrar en otro ciclo como el quebrado esta primavera lo antes posible, y prolongarlo varios años para recomponer los daños de la recesión.