BP se pone seria con su remodelación corporativa

Si sus esfuerzos por reducir emisiones no funcionan, podría acabar no siendo ni de petróleo ni de energía

Bernard Looney, CEO de BP.
Bernard Looney, CEO de BP. REUTERS

Bernard Looney está apostando la casa de BP a sus ambiciones en energía verde. Además de recortar el dividendo para liberar efectivo para inversiones renovables, el consejero delegado de lo que sigue siendo esencialmente una empresa de petróleo y gas de 61.000 millones de libras (68.000 millones de euros), planea reducir la producción de hidrocarburos en un 40% a lo largo de la próxima década.

El reforzado compromiso estratégico llega en un momento difícil para el negocio actual. La concatenación de virus, confinamientos, caída de la demanda y caída de los precios hicieron que el recorte de dividendos del martes, el primero de BP en una década, fuera casi inevitable.

Los inversores, que habían empujado la rentabilidad de las acciones por encima del 8%, contra el promedio del 5% del sector, no se sorprendieron. De hecho, quedaron satisfechos. Las acciones de BP llegaron a subir un 8%.

Los 4.000 millones de dólares (3.400 millones de euros) de efectivo conservados por el recorte de dividendos ayudarán a Looney con la parte fácil de su misión. Con una deuda neta de 41.000 millones de dólares (35.000 millones de euros), aproximadamente el doble del ebitda esperado para este año, está a una distancia cómoda de un objetivo de deuda neta de 35.000 millones de dólares (29.700 millones de euros).

Convertir BP en una exitosa compañía de energía verde será mucho más difícil. El plan comienza con la reducción de lo antiguo. Una mezcla de venta de activos y restricciones a las nuevas exploraciones se supone que reducirá la producción de hidrocarburos de BP a casi la mitad para 2030.

Luego está el crecimiento de lo nuevo. Parte del dinero que no se gaste en petróleo y gas se destinará a multiplicar por diez las inversiones en energía verde durante la década, hasta alcanzar los 5.000 millones de dólares (4.200 millones de euros) al año. Eso es aproximadamente un tercio de los gastos de capital anuales previstos para los próximos cinco años. Los objetivos tangibles incluyen 70.000 puntos de recarga de vehículos eléctricos y 50 gigavatios de capacidad de energía renovable.

El giro cultural necesario para cambiar una empresa que ha pasado el último siglo inmersa en los hidrocarburos será difícil. Y BP llega tarde a la partida. La danesa Orsted, la mayor productora de energía eólica del mundo, con un valor actual de 60.000 millones de dólares (51.000 millones de euros), abandonó por completo el petróleo y el gas hace tres años.

Si sus esfuerzos por reducir las emisiones de carbono no dan resultado, Looney y sus sucesores podrían terminar presidiendo una organización que no sería ni de petróleo ni de energía. Los sueños de encoger para crecer pueden terminar quedándose meramente en lo primero.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías