Las elecciones americanas en la red de TikTok

¿Es la seguridad nacional lo que preocupa a Trump, o la capacidad de esta plataforma para movilizar a los jóvenes?

Donald Trump, en la aplicación TikTok, en un banco de Shanghái (China), este lunes.
Donald Trump, en la aplicación TikTok, en un banco de Shanghái (China), este lunes. EFE

Al más puro estilo Trump: viernes por la noche, dirigiéndose a jugar al golf, a bordo del Air Force One, el presidente sentenció que podría prohibir la aplicación de vídeo Tik­Tok.

TikTok es conocida sobre todo por sus videos absurdos, mayoritariamente de baile, y sus parodias cómicas, con un público joven e irreverente. Sin embargo, bajo esa apariencia simplista se esconden algunas dinámicas más complejas. En esa carrera establecida, desde el nacimiento de YouTube, por buscar quién será la estrella de las generaciones más jóvenes, Tiktok es la nueva mina de oro para los ejecutivos y cazadores de talento en la industria del entretenimiento Y, al mismo tiempo, se ha convertido en el medio de socialización política más potente de los adolescentes y jóvenes norteamericanos.

Es cierto que los primeros encontronazos de la plataforma con el Gobierno norteamericano han tenido que ver con la seguridad. TikTok, propiedad de ByteDance, compañía china, registra una innumerable cantidad de metadatos de sus usuarios norteamericanos gracias a los videos que cuelgan. Ello, como se demostró en el caso de Google Analytics, podría utilizarse para crear perfiles de votantes e influir en las próximas elecciones presidenciales.

Además, muchos Gobiernos internacionales han prohibido la utilización de esta plataforma en sus teléfonos corporativos, por la sospecha de sus brechas de seguridad y la posibilidad del acceso a secretos oficiales por parte del Gobierno chino. Como siempre en estos casos, tanto la compañía como Pekín lo han negado categóricamente.

Una de las posibles salidas para esta preocupación sería la compra de TikTok por parte de Microsoft. Tras los comentarios de Trump el viernes, las negociaciones de ByteDance para vender la aplicación a Microsoft quedaron estancadas. El domingo, Microsoft dijo que había reanudado las conversaciones después de consultar con el presidente. Si no puedes vencerla, ¡cómprala!, estrategia ya seguida por las omnipotentes Big Tech norteamericanas con sus competidoras. Comportamiento, por cierto, objeto de investigación en la Cámara de EE UU la semana pasada.

Pero ¿es la seguridad la preocupación real del presidente? O lo es el hecho de que, por primera vez, alguien ha logrado igualar sus tácticas de movilización y troleo en las redes sociales.

Cada nueva generación del siglo XXI ha tenido su red social para la revolución: en la Primavera Árabe, Twitter fue la estrella. En las elecciones norteamericanas de noviembre, Tiktok aspira a ser el motor del cambio. El aprendizaje de la movilización y el uso de las redes sociales, y en concreto de TikTok, se ha producido con el movimiento Black Lives Matter. La potencia de la red para mostrar vídeos sobre el racismo sistémico existente en Norteamérica y la educación social para vencerlo ha sido el punto de encuentro de millones de usuarios de la plataforma. Un nivel de impacto similar al que consigue Trump, desde su cuenta de Twitter, con su habitual hemorragia escribana matinal.

Además, seguramente lo más importante, conociendo la personalidad del presidente norteamericano, es la capacidad de organización para el saboteo y la tomadura de pelo (troleo en lenguaje de las redes) que han demostrado los usuarios de Tiktok. En junio, lograron pinchar el mitin del candidato Trump en Tulsa, Oklahoma, después de que miles de ellos se inscribieran para obtener entradas para el evento al que no tenían ninguna intención de asistir. La organización, ante la demanda de entradas, además de lanzar un mensaje eufórico sobre la reelección del presidente, puso una pantalla en el exterior del pabellón para que “la muchedumbre” no se perdiera el mitin. El resultado: en la mañana del mitin, la pantalla fue retirada, ante el embarazo de la organización, y el local registró, tan solo, un tercio del aforo, evidenciando el engaño del que habían sido objeto.

Pero el troleo ha ido más allá, atacando directamente los negocios de Trump o su oficina electoral. Así, han realizado campañas coordinadas para calificar los negocios de Trump (hoteles, restaurante, edificios, etc.) de manera deficiente en Google y otras plataformas de calificación de negocios en la red; han enviado spam a las encuestas online dirigidas a los partidarios de Trump con información inútil; o han saboteado la tienda de comercio electrónico de la campaña Trump al recoger en sus cestas de la compra, de manera masiva, artículos que no tienen intención de comprar nunca.

Por ello, la suposición de muchos de estos jóvenes usuarios es que la intención de Trump es prohibir la plataforma para evitar su coordinación de cara a las elecciones. Sin embargo, como todo en la sociedad tecnológica, esta decisión puede ser un error que enfervorice, todavía más, los ánimos de votar contra Trump. Si bien es cierto que, mayoritariamente, los jóvenes norteamericanos ven la política como una cuestión lejana (índices de abstención muy altos), un ataque tan directo a su medio de comunicación y diversión puede hacerles movilizarse de manera inédita para defender sus hábitos de vida.

Algo que sabemos es que prohibir una aplicación es solo un acicate para que surjan 10 nuevas que intente hacerse con ese mercado. Desde el viernes, Triller (competencia directa de TikTok) ha anunciado fichajes de estrellas mediáticas y socios para su empresa. Al tiempo, Instagram promociona con fuerza su nueva aplicación Reels, que funciona de manera similar a Tiktok.

El Trump presidente puede sentirse concernido por la seguridad nacional pero el Trump candidato se siente preocupado porque los jóvenes han aprendido a jugar en su terreno. Y quedan 90 días para las elecciones.

Ernesto M. Pascual Bueno es doctor en Ciencias Políticas, profesor de la UOC