Europa avanza: ahora le toca a los estados

El plan saldrá adelante, pero hay que estar preparados para un camino lleno de baches y piedras

La pandemia del Covid-19 va a provocar la peor crisis económica desde la Gran Depresión. La caída de actividad en los países que han tenido que ir a confinamientos forzosos prolongados, como es el caso de España, ha sido próxima al 30% en marzo y abril y la recuperación está siendo muy lenta e incierta por los rebrotes del virus.

La prioridad en marzo fue garantizar la estabilidad financiera. Fue lo que hizo el BCE con premura y eficacia aprobando un plan de compras de deuda que luego amplió. El Tesoro Público español ha realizado en los últimos meses la mayor emisión de deuda pública de su historia y la rentabilidad del bono a 10 años está en el 0,3%, mínimos históricos y niveles similar a los de febrero antes de la pandemia. Por lo tanto, de momento, la actuación del BCE ha sido un gran éxito.

El cierre forzoso de actividad ha provocado un desplome de los ingresos públicos. Y los gobiernos, el español también, han aprobado ambiciosos programas de rentas para evitar una depresión económica más profunda y duradera. En España la Seguridad Social tendrán un déficit público histórico provocado por: el sistema público de pensiones, el seguro de desempleo, los Ertes, los ceses de actividad de autónomos y el ingreso mínimo vital. El déficit público en Italia y España estará próximo al 15% del PIB y en EEUU o el Reino Unido próximo al 20% del PIB.

Como ha dicho la canciller Ángela Merkel, “ante situaciones excepcionales hay que aprobar medidas excepcionales” Así debemos entender el plan que han aprobado ayer los líderes europeos que ahora deberá pasar la aprobación del Parlamento europeo y de los países miembros. Un plan que supone aumentar los fondos del próximo presupuesto europeo hasta 2020 en 750.000 millones, un 65% más que el presupuesto anterior.

La gran novedad es que los nuevos fondos los financiará directamente la Comisión Europea con emisiones de deuda y la mayor parte de ellos no computarán como deuda los países. Estamos ante el inicio del sueño de los fundadores del proyecto de una Europa Federal. El BCE ya es una institución federal y ayer los líderes han puesto la primera piedra para tener una política fiscal federal. Sin duda, ayer fue un mal día para todos los que desean el fracaso del proyecto europeo, dentro y fuera de Europa.

Pero el demonio siempre está en los detalles. Ayer se aprobaron los grandes números, ahora queda mucho trabajo para encajar todas las piezas del puzle antes de aprobarlo y ponerlo en marcha. El plan saldrá adelante pero el camino estará lleno de baches y piedras. El plan ya estaba anunciado antes de la pandemia como una política industrial y tecnológica para cerrar la brecha que separa a Europa de EEUU y, sobre todo, de China. Por eso las inversiones se centran en sostenibilidad, economía circular y digitalización.

Hasta ahora la mayor parte de los fondos europeos estaban diseñados para la Política Agraria Común y los fondos de Cohesión y Estructurales muy centrados en infraestructuras, obra pública y hormigón. Los nuevos fondos cambian el foco a la rehabilitación de viviendas, el autoconsumo fotovoltaicos, reciclaje de residuos, reciclaje y reutilización del agua, resilencia a desastres naturales acentuados por el cambio climático. Y todo en clave digital, internet de las cosas, uso masivo de datos e inteligencia artificial para la toma de decisiones en el estado y las empresas privadas.

Ahora la pelota está en el tejado de los estados. Primero preparando proyectos que encajen en el plan y luego ejecutándolos con eficacia y premura. La prioridad debería ser los proyectos más intensivos en creación de empleo como la rehabilitación de edificios y la instalación de placas fotovoltaicas y sin prisa pero sin pausa los proyectos de digitalización que tendrán menos impacto en el empleo a corto plazo aunque serán los que determinen la tasa de paro y los salarios en España a medio plazo.

El otro compromiso de los estados en aprobar planes de consolidación fiscal y reformas que aumenten el crecimiento potencial de las economías para vitar crisis de deuda e inestabilidad financiera que podría poner en riesgo la recuperación. La actitud del primer ministro holandés este fin de semana ha sido muy irresponsable y ha puesto en riesgo la aprobación del plan. Ya aprendimos en 2012 que las reformas impuestas desde fuera no son muy eficaces y sostenibles en el tiempo. Pero la negación de la realidad en los países del sur que seremos los principales receptores de los fondos son igual de irresponsables y pueden poner en riesgo la ejecución del plan y que Europa avance a un modelo federal de más corresponsabilidad fiscal. Corresponsabilidad exige responsabilidad o el proyecto fracasará.

España ya tenía un problema de sostenibilidad del sistema público de pensiones antes de la pandemia y ahora se ha agravado y debemos ser los españoles los que los resolvamos. España tiene un grave problema con el funcionamiento de su mercado de trabajo. Desde 1973 en todas las crisis la tasa de paro supera el 20%, y debemos ser los españoles los que lo resolvamos. España tiene un grave problema con la economía sumergida que reduce los recaudación del estado y hace insostenible el estado de bienestar y debemos ser los españoles los que lo resolvamos.

La inacción es el camino más lento para el fracaso de los países, como deberíamos haber aprendido cuando España fue rescatada en 2012.

José Carlos Díez es profesor de Economía Universidad de Alcalá