Castells propone mezclar clases presenciales y virtuales si no se aseguran los 1,5 metros

Cada campus debe preparar sus propios protocolos en función del número de matriculados y sus ratios

El ministro de Universidades, Manuel Castells.
El ministro de Universidades, Manuel Castells. EFE

Todos los universitarios volverán a dar clase el curso que viene. Sin embargo, a diferencia de lo establecido ayer por el Ministerio de Educación y Formación Profesional, que apostó por las clases presenciales desde Infantil a Bachillerato, en las facultades podrá haber un híbrido entre la formación in situ y la virtual. El Ministerio de Universidades ha publicado este jueves unas recomendaciones para el próximo curso en las que sugiere que cada universidad deberá calcular los "coeficientes de ocupación" de cada una de las actividades docentes e investigadoras que imparte para ver si se pueden dar de forma presencial u online.

La idea de la cartera dirigida por Manuel Castells es dividir el número de matriculados en una actividad docente concreta entre la capacidad y el aforo con el que cuenta la instalación en la que se realiza. Siempre deberá haber una separación de al menos 1,5 metros entre los propios alumnos y los profesores. Si la distancia se puede asegurar, todos los matriculados podrán volver al centro. Si por el contrario es imposible garantizar la separación mínima, una parte del grupo tendrá que quedarse en casa siguiendo las clases a través del ordenador.

El Ministerio no se anda con medias tintas. Asume "la escasez de recursos docentes a corto plazo" con la que cuenta el sistema universitario español, por lo que no ve asumible doblar las clases por grupos para mantener la presencialidad total, una medida que, en caso de darse, calificaría como una "sobrecarga insoportable para el cuerpo docente".

En el breve informe Recomendaciones del Ministerio de Universidades a la comunidad universitaria para adaptar el curso universitario 2020-2021 a una presencialidad adaptada, dado a conocer este jueves, el Ministerio detalla estas pautas, que deben "servir simplemente como orientación para la comunidad universitaria para el desarrollo de su actividad en el período de la llamada 'nueva normalidad' durante el cual la amenaza del Covid-19 sigue vigente".

Dado que los ratios y coeficientes varían ya no solo entre cada universidad, sino también entre las propias facultades de un mismo campus, tendrán que ser las propias instituciones las que lleven a cabo estos cálculos, en función de sus instalaciones y del número de alumnos matriculados.

Medidas de prevención

Castells también propone que los centros cuenten con material sanitario y desinfectante suficiente. Así, las facultades deberán asegurar el suministro de material de uso higiénico-preventivo, reponiéndolo cuando sea necesario. También habrá mascarillas quirúrgicas para utilizar en el caso de que alguien inicie síntomas, aunque por regla general estas deberán utilizarse en todo momento en el que no se puedan asegurar las distancias mínimas. Las aulas y aseos tendrán que contar con dispensadores hidroalcohólicos para limpiar las manos al acceder y al salir de las clases y otros espacios.

Universidades plantea también reorganizar los espacios para evitar la concurrencia masiva de personas. Se reestructurará la disposición de las aulas, laboratorios, espacios de paso, prácticas y tutoría, así como de las zonas comunes para garantizar la distancia, aunque no se detalla qué pasará con las bibliotecas, cafeterías y comedores, por ejemplo. A su vez, habrá control y organización de accesos y circulación de personas. Los campus, se recomienda, tendrán que fomentar el uso de transportes como la bicicleta, habilitando plazas de aparcamiento específicas suficientes.

Anticipación

Consciente de la posibilidad de un nuevo brote que obligue a la población a confinarse de nuevo, el Ministerio apuesta por que cada administración educativa diseñe un plan de contingencia que posibilite "un cambio masivo e inmediato" al formato online. Así, en caso de un nuevo cese forzado de la actividad no indispensable, el sistema universitario no sufriría un nuevo e imprevisto parón.

Estos protocolos de contingencia deben incluir planes de formación para el profesorado en la enseñanza a distancia, adaptación de los sistemas de evaluación y establecimiento de horarios para tutorías. A su vez, deben mejorarse los equipamientos informáticos y las redes telemáticas de los campus. Esta estrategia sirve "tanto para las posibles situaciones de emergencia como para una flexibilización de las modalidades de enseñanza". Todo, detalla el texto, con tal de evitar "cualquier circunstancia que interfiera en el normal desarrollo de la actividad universitaria".

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