Madrid y Barcelona dejan de ser ciudades caras

Hong Kong es la urbe con el nivel de vida más costoso del mundo, y tras la pandemia, Europa puede ganar atractivo para los expatriados

Madrid y Barcelona dejan de ser ciudades caras

Madrid y Barcelona mejoran su competitividad al reducir sus costes de vida y situarse entre las ciudades más atractivas del mundo para profesionales expatriados. Las dos urbes españolas bajan, en el caso de la capital cinco puestos, del 82 al 87, y en el de la Ciudad Condal, 11 escalones y pasa del 91 al 102, con respecto a 2019.

Los datos se incluyen en el informe anual sobre Coste de Vida 2020, elaborado por la consultora Mercer, con el fin de servir de documento para diseñar la estrategia de compensación de las multinacionales para sus expatriados. “Estas dos ciudades españolas son ahora más competitivas, y ese es un factor a tener en cuenta por parte de las empresas a la hora de expatriar profesionales, que suelen tener que compensar con complementos salariales cuando los desplazan a ciudades con un alto coste de vida”, explica Juan Vicente Martínez, responsable del área de career de Mercer. Es el caso de Hong Kong, que se sitúa en primer lugar de la lista de ciudades más caras para expatriados, y entre las 10 primeras del ranking se mantienen Tokio, Zúrich, Singapur, Nueva York o Pekín.

El informe utiliza la ciudad de Nueva York como referencia y compara los movimientos de divisa de otras ciudades en comparación con el dólar estadounidense, e incluye en la edición de este año los datos de 209 ciudades de los cinco continentes, midiendo el coste comparativo de más de 200 artículos en cada ubicación, incluyendo la vivienda, el transporte, la comida, la ropa, los artículos para el hogar y el entretenimiento.

La crisis derivada de la pandemia causada por el Covid-19 está condicionando a corto plazo las decisiones de movilidad internacional de los trabajadores. A medio plazo, las organizaciones buscarán trasladar a sus ejecutivos para regionalizar sus operaciones y abaratar costes, pero a la vez tendrán que velar por el bienestar de sus profesionales.

“Habrá una reducción de los expatriados, pero no solo por las circunstancias de las empresas, sino también porque hay destinos a los que no se va a querer ir por temas de seguridad y de bienestar”, apunta Martínez, que también destaca el hecho de que la crisis sanitaria ha hecho explotar la digitalización, de manera que la movilidad física ya no es tan necesaria. “Se ha visto que el trabajo en remoto funciona y eso puede afectar a la movilidad internacional, que también será necesaria para seguir desarrollando los negocios”, apunta el consultor.

En el segundo puesto de la clasificación figura Asjabad, la capital de Turkmenistán, que ha escalado cinco puestos debido a la hiperinflación de su economía. Tras ella se sitúan Tokio, Zúrich, Singapur, Nueva York, Shanghái, Berna, Ginebra y Pekín. Por el contrario, las ciudades más económicas del mundo son Túnez, Windhoek, en Namibia, además de las capitales de Uzbekistán y Kirguistán, Taskent y Biskek. En el ámbito europeo, Zúrich (4ª), Berna (8ª) y Ginebra (9ª) se mantienen entre las 10 ciudades más caras, mientras otras como París (50), Milán (47) y Fráncfort (76) han descendido varios puestos.

Todo ello, afirma la consultora, como consecuencia del debilitamiento del euro frente al dólar estadounidense y un crecimiento de la eurozona cercano a cero. A pesar de estas circunstancias no se ha observado riesgo de aumento de la inflación.

Para adaptar adecuadamente los programas de movilidad internacional y ajustar los planes de compensación de los expatriados a la nueva realidad, las empresas deben tener en cuenta como elementos determinantes las fluctuaciones monetarias, el coste de la inflación de bienes y servicios y la volatilidad en los precios del alojamiento.

“Los cambios drásticos de los tipos de cambio están provocando una gran volatilidad en los mercados que, a su vez, puede mermar el poder adquisitivo de los expatriados. Las organizaciones deben valorar la reasignación de sus empleados internacionales a otros destinos y empatizar con la realidad de que algunos no deseen cambiar su lugar de residencia de nuevo”, añade Martínez, que destaca que en Europa, si se hace bien el proceso de desescalada y se controla el virus, se pueden dar ciertas garantías y los próximos meses pueden ser claves para que el continente gane atractivo y pueda atraer a profesionales de multinacionales. “Si se analiza el coste y la calidad de vida de algunas ciudades, entre las que se encuentran Madrid, Barcelona o Lisboa, el balance es bueno”, concluye el consultor.

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