Los festivales de música encaran un verano con grandes bajas

Contar con una marca fuerte será su salvavidas de cara al futuro

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Uno de los escenarios del Sonorama Ribera.

Se habían convertido en un clásico de los veranos. Los festivales de música llevaban años cogiendo fuerza hasta tal punto que costaba encontrar un pueblo de España que no tuviera su propia edición. Y de repente llegó el Covid-19. Ahora, muchos de ellos han sido cancelados o barajan tener que suspenderse en las próximas semanas. El Sónar, el Mad Cool, el Primavera Sound o el O Son Do Camiño son solo algunos de los que ya ha anunciado que no podrán celebrarse en las fechas previstas. La mayoría ha optado por retrasar esta edición a las mismas fechas del año que viene, pero otros aún están a la espera de que el Gobierno decrete la causa de fuerza mayor para cancelar oficialmente, ya que, en principio, una vez finalizado el estado de alarma podrían celebrarse.

El artículo 36 del Real Decreto Ley 11/2020, aprobado el 31 de marzo, establece que en caso de que el evento no pudiera celebrarse por las medidas adoptadas durante el estado de alarma, la empresa tiene la obligación de reembolsar el importe del mismo en un plazo de 14 días desde la imposible ejecución del mismo. No obstante, la norma concede dos meses de negociación entre ambas partes para llegar a un acuerdo alternativo que satisfaga a ambos; lo que en la práctica son 74 días de plazo para la devolución de las entradas.

La directora de la Asociación de Festivales de Música (AFM), Patricia Gabeiras, asegura que estos tiempos son inasumibles y pide que se establezca un régimen de protección especial adaptado a la realidad del sector. “Queremos tiempo para poder ofrecer una solución satisfactoria al consumidor y, en caso de que no lo sea, devolver el precio de la entrada. Pero no se puede volver a montar un festival con una nueva fecha en ese plazo. Otros sectores pueden reanudar enseguida la actividad, pero nosotros no”, continúa. La responsable de la asociación advierte de que si no se da más tiempo peligra todo el sector. “Al final el que va a salir perjudicado es el consumidor porque ni se van a poder devolver todas las entradas, ya que ha habido unos costes de producción, ni se va a poder trasladar el evento a una nueva fecha”, insiste.

No lo ve así Enrique García, portavoz de la OCU, quien cree que muchos de los consumidores que compraron la entrada para el festival de manera anticipada seguirán manteniendo ese interés aunque se organice en una nueva fecha. “Ya han demostrado que les merece la pena esperar un tiempo”, justifica. No obstante, quien necesite que le devuelvan el importe de la entrada, bien porque no le cuadran las fechas o bien porque está en una nueva situación económica, tiene que tener el rembolso garantizado, continúa García, quien cree que los 74 días de gracia sin que sea necesaria una respuesta ya es una horquilla excesiva. “Lo que no puede pretender un empresario que hace negocio es trasladar este riesgo a los consumidores”, sentencia.

Pero no todo está perdido, hay festivales que, por el momento, siguen en pie. Es el caso del Sonorama Ribera, programado entre el 12 y el 16 de agosto. “Nosotros ahora mismo estamos trabajando como si se fuera a celebrar, si no estaríamos fallando, la responsabilidad también pasa por eso”, comenta su director, Javier Ajenjo. Bajo esta premisa, tratan de adaptar el evento a un nuevo contexto que pasa por medidas como túneles de desinfección, tomas de temperatura o eliminación de escenarios para que haya más espacio. Transmitir seguridad a los asistentes es el principal reto.

Lo que ha sido el sello de identidad del festival durante más de 20 años, incluso un hándicap en algunas ocasiones, es ahora su punto fuerte: el apoyo a las bandas nacionales, que componen prácticamente el 100% de su cartel. “Muchos festivales lo van a tener muy complicado si los artistas no se pueden desplazar, por eso nosotros tenemos un premio extra, porque si hay posibilidad de organizar uno, ese va a ser el Sonorama”, expone orgulloso su responsable.

En el lado opuesto se encuentra el Dreambeach. Aunque aún no se ha confirmado, su portavoz Ibai Cereijo reconoce que la cancelación es la opción más probable. Aun así, confía en que la marca del festival y sus aficionados sean su tabla de salvación. “Las marcas menos desarrolladas lo van a pasar peor, pero nuestros consumidores son fans, tienen una relación con nosotros casi como la que se tienen con un club de fútbol”, explica Cereijo, quien calcula que, en caso de que haya que llegar a ello, menos del 50% pedirá la devolución del importe.

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